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Martes 04 de Noviembre de 2008

Vidita estúpida

Mis amigos saben que hace tiempo le robé la frase a Lester Burnham. El tipo, encarnado por Kevin Spacey en "Belleza americana" (American beauty), se compadecía de sí mismo y, con tristeza y hasta melancolía, decía que tenía “una vidita estúpida”.

Mis amigos saben que hace tiempo le robé la frase a Lester Burnham. El tipo, encarnado por Kevin Spacey en "Belleza americana" (American beauty), se compadecía de sí mismo y, con tristeza y hasta melancolía, decía que tenía “una vidita estúpida”.

Sus palabras me parecieron tan gráficas y geniales que las adopté de inmediato como una máxima. Suelo describir mi propia vida de este modo. ¿A usted no le pasa? Cuando todo lo que sucedió en una semana fue ir de casa al trabajo y del trabajo a la casa, ¿no se siente así? ¿Cuando depositó afectos y tiempo en gente que no valía la pena? ¿Cuando ve que pasan los años y todo lo que le joroba sigue igual, no siente usted que tiene una vidita estúpida?

Ya somos dos. Y tranquilo: hay muchos, muchos más. Casi un rebaño entero, le diría. Al menos yo ya sumé a unos cuantos en pocos días y sin trasladarme demasiado.

Una tarde de hace muy pocos días, alguien me ataja y me pregunta: “Viste quien se separó, ¿no?… con razón andaba con esa cara… y bla bla bla. Es posta porque lo vio…”. Y una, sin decir “¡agua va!”, se desayuna así de la pena ajena.

A pocos días de ese episodio me cruzo con dos conocidos. Me invitan a sentarme con ellos unos minutos. Hablamos de bueyes perdidos hasta que llegamos a la vida de una joven. Ambos me cuentan que la muchacha tiene un affaire con alguien. No conozco a la protagonista ni a su affaire pero “ellos” me enteran impúdicamente de su más absoluta intimidad, con nombre y apellido. Aclaro que son "ellos" porque siempre parece que los chismes son nuestros, femeninos. No. Para quien aún tenga dudas, a ellos se les caen los ruleros tanto como a nosotras, o peor.

Hay más y juro que este será el último. Con un calor de la madre voy uno de estos mediodías al gimnasio. Me dicen que para la clase de bicicleta (spinnig) tengo que ir un ratito antes porque suele haber más alumnos que bicis. Consigo una, pedaleo y mientras... leo el diario. A mi lado transcurre una charla parecida a esta:

“Sí…¿viste que bien está la profe? Y cumple 46 en diciembre…”.

Digresión: las mujeres no dijeron precisamente “profe” sino la identidad completa de la nombrada, a quien en este caso, casualmente, sí conozco. Mi madre siempre nos decía a mis hermanas y a mí: “Nunca digan en voz alta el nombre y apellido de alguien cuando hablen en la vía pública; nunca se sabe quién puede estar al lado". Mujer sabia mi madre.

Vuelvo al jugosísimo diálogo.

“Antes ella mandaba a su hijo al colegio (tal); al más grande, ¿viste?, al del primer marido, ahora lo sacó de ese colegio porque…Después de ese hijo tuvo dos más con otra pareja y bla bla bla...”.

Viditas estúpidas que se suman a la mía y a la suya. Viditas vacuas que se llenan de viditas ajenas. ¿Los nombres de quienes las encarnan? Se lo debo. A ver si les doy entidad y vuelvo mi vidita, aún más estúpida.

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