Edición Impresa
Sábado 18 de Febrero de 2012

Videla y Gramsci

A pocas semanas de cumplirse 36 años del último golpe militar en la Argentina, uno de sus principales protagonistas, Jorge Rafael Videla, causó estupor en el país y en el mundo por sus declaraciones al semanario español Cambio 16.

A pocas semanas de cumplirse 36 años del último golpe militar en la Argentina, uno de sus principales protagonistas, Jorge Rafael Videla, causó estupor en el país y en el mundo por sus declaraciones al semanario español Cambio 16.

Muchas voces, principalmente en la Argentina, salieron inmediatamente a cuestionar la decisión del medio de comunicación por haberle “dado prensa” a un genocida condenado por crímenes de miles de argentinos. Una de ellas fue la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, quien tal vez no advirtió la importancia que tiene para el análisis histórico e ideológico poder contar con el pensamiento de Videla sobre ese período y el actual del país.

Carlotto, reconocida mundialmente por su lucha por encontrar a los bebés apropiados por la dictadura, es una de las representantes de las víctimas de lo que Videla llama “excesos” cometidos durante la represión. “Excesos”, en estos casos, que condujeron al secuestro de centenares de niños. Más de cien ya han sido recuperados por Abuelas.

Interpretación. En términos de interpretar el pensamiento de Videla, sus declaraciones sobre los “excesos” cometidos por la dictadura no son un nuevo ni gran aporte. Para esa línea de conducta y estrategia militar, que deshonró al ejército de San Martín y Belgrano, arrojar al mar desde aviones a personas con vida, levantar campos de concentración y cárceles clandestinas para asesinar y torturar; robar bebés y desvalijar las casas de los detenidos con camiones militares, son sólo parte de daños colaterales del combate desplegado por las Fuerzas Armadas, la policía y las restantes fuerzas de seguridad.

Sin embargo, Videla sí explicó cabalmente cómo un plan siniestro para la eliminación sistemática de opositores para imponer un modelo filosófico de vida en lo político y económico tiene que contar con el apoyo de los distintos actores de la sociedad. Por eso, dijo que las Fuerzas Armadas tuvieron el aval civil para el golpe, mencionó el caso explícito de Ricardo Balbín y las buenas relaciones de los militares con la Iglesia y los empresarios. No faltó nadie.

Cuando embajadores de países europeos denunciaban durante los años de plomo la desaparición de sus ciudadanos, empresas con capitales en esos países prefirieron continuar con sus negocios, cooperar con el régimen y mirar para otro lado. Fue común, entonces, el secuestro de obreros y dirigentes sindicales dentro de las propias fábricas.

Las iglesias. La jerarquía de la Iglesia también aportó su cuota de silencio. “La Iglesia Argentina no se dejó llevar por esa tendencia izquierdista y tercermundista, politizada a favor de un bando, de otras iglesias del continente que sí cayeron en ese juego. No faltó que algún miembro de la Iglesia Argentina entrara en ese juego, pero era una minoría no representativa”, confesó Videla en la entrevista al periódico español.

Respecto de las iglesias “politizadas” tal vez se refería a la de Chile, que sí jugó un rol importante en la denuncia de los crímenes de otro genocida como Augusto Pinochet. O mucho más atrás en la historia a la iglesia alemana, mayormente protestante, cuando se opuso decididamente a la política de eutanasia que el nazismo impuso entre 1939 y 1941 contra discapacitados mentales y físicos, niños y adultos, internados en asilos alemanes. Las quejas del clero pusieron fin por unos años a los asesinatos, que ya se habían cobrado a esa altura unas setenta mil víctimas.

Videla, quien hizo tristemente conocido al país en todo el planeta por el término “desaparecidos”, reiteró en la entrevista periodística que “no se sabe dónde están, no tenemos respuesta a esa cuestión”, y se quejó de la “venganza” a la que es sometido junto a todas las Fuerzas Armadas.

Fue muy interesante su pensamiento sobre la situación actual: “Este plan (del gobierno) sigue una política gramsciana que esta gente cumple de punta a punta, disuadiendo a unas instituciones que han tomado como rehenes, creando desaparecidos que nunca existieron y vaciando de contenidos a la Justicia. Hoy la República está desaparecida, no tiene Justicia porque la que tiene es un esqueleto sin relleno jurídico; el mismo Parlamento no tiene contenidos”, sentenció.

Gramsci. Es evidente que Videla cita a Antonio Gramsci, (1891-1937), político y escritor  marxista italiano, porque debe conocer su concepto de “hegemonía cultural”, modelo que sin duda la dictadura intentó imponer durante su gobierno. Gramsci decía que no sólo el poder represivo del Estado es garantía de dominación, sino que se profundiza y sostiene a través de la educación, la religión y la prensa, para que el sometido no advierta su condición, la viva como algo normal y no pueda de esa manera pensar en rebelarse.

Esa fue en términos amplios la concepción ideológica del régimen militar que sí empleó la brutalidad para lograr acatamiento, pero no pudo terminar su tarea de sumisión total a un modelo de sociedad “occidental y cristiana”, como les gustaba a los militares calificarla.

Videla, con la excusa de combatir el terrorismo —que podría haberse hecho a través de los jueces de la República— convirtió en terrorista al propio Estado nacional, que se sumergió en las mazmorras de una ilegalidad jamás conocida hasta ese entonces en la historia nacional.

En el pensamiento actual de Videla, otro golpe de Estado estaría justificado, porque sostiene que la situación de hoy es aún peor que la del gobierno de Isabel de marzo de 1976. “No hay nadie en la escena política con lucidez capaz de hacerles frente (al gobierno). El país tampoco tiene empresarios porque están vendidos al poder. Hoy las instituciones están muertas, paralizadas, mucho peor que en la época de María Estela Martínez de Perón. Lo que me permite decir que no tenemos República porque no tenemos a las grandes instituciones del Estado funcionando. La Justicia, el Congreso y las demás instituciones no existen”, concluyó Videla.

Desvarío. Por suerte, ese pensamiento desvariado, pero con gran connotación ideológica, está mayormente acabado en la Argentina. Pero no por eso hay que ocultarlo, porque conocerlo y seguir interpretándolo es la mejor garantía para poder contrarrestarlo y convertirlo en inocuo.

Comentarios