Escenario
Sábado 06 de Agosto de 2016

Víctor Palma, de la milonga al rock con Maquivelos

El pianista presenta hoy en Berlín a su grupo, Maquiavelos. Una nueva etapa del músico casildense reconocido por su quinteto de tango.

La conversación con Víctor Parma viaja del tango al rock; hay momentos en que se centra en este último, con su impronta de creación colectiva y frescura como banderas, y otros en que se recuesta en los avatares del tango contemporáneo. La oscilación es previsible: Víctor Parma (Casilda, 1981), singular pianista y orquestador, se presentará hoy a las 22 en Berlín, Mitre al 300, tocando teclados y cantando sus canciones con Maquiavelos, la banda de rock que comparte con Guido Luján en guitarra y coros, Federico Castaño en bajo y Cristian Di Giovanna en batería. Sin embargo su pasado reciente lo mostró liderando un quinteto de tango poderoso que, con composiciones y arreglos de su cuño, publicó dos CDs memorables: "Visceral" (2007) y "Exposiciones" (2011). Discípulo de Gabriel Scampino y de Aldo Antognazzi, y lanzado como autodidacta a escribir arreglos orquestales, Parma fue, en la segunda mitad de 2000, una de las apariciones más interesantes del nuevo tango contemporáneo en Rosario. Pero su presente es el rock y él se encarga de recordárselo a quien quiera escuchar: "El rock es un lugar donde decir tus ideas". En este diálogo con Escenario, libre de los deseos de los otros (esencialmente los de aquellos que quieren seguir viéndolo tocar tango exclusivamente), el músico habló de esta nueva etapa en su carrera musical, de los atractivos del rock y, por supuesto, de su relación con el tango contemporáneo y el piano solista.

   —¿Cómo se da el contacto tuyo con la canción, ahora?

   —No es de ahora. La primera experiencia compositiva, cuando empecé a acercarme a la música de muy chico, fue con los amiguitos del pueblo, con la banda de la cuadra, jugando a hacer canciones de rock. Ese fue mi primer contacto con la canción: imitar las bandas grosas que sonaban en esa época o antes: los vecinos y hermanos mayores de mi amigos tenían los vinilos de Pink Floyd, Queen, Seru Giran y Fito. Estas bandas aún hoy siguen siendo claves para Maquiavelos; son las influencias, junto a muchas otras músicas, por supuesto. Al momento de armar la canción, en Maquiavelos todos aportan arreglos desde sus instrumentos. El sonido final del grupo filtra los estilos de cada uno de nosotros.

   —¿El tango quedó atrás?

   —Para nada. Y de ninguna manera vivo esto como un conflicto. Esta es otra etapa de mi carrera musical; ni una impasse con lo anterior, ni nada. Y no quiere decir que no vuelva a tocar tango, porque es una música que me encanta. "Visceral" y "Exposiciones" son dos discos que me gustan mucho, pero no me hallo tocando esa música hoy en día. Tenía muchas ganas de tocar canciones con esta energía y con este modo de trabajar la música en el ensayo. La frescura del rock era lo que estaba extrañando. Lo pautado te lleva para un lado intelectual y todo esto otro que hago ahora lo había olvidado; sin embargo, como te dije al principio, me había comunicado con la música desde este lugar. Pero tampoco esto quiere decir que no tenga frescura la manera de trabajar en el tango, el clásico o el jazz. Es otra etapa, nada más. Es la necesidad de cambiar.

   —¿Y cómo fue el salto?

   —Nunca había dejado de hacer canciones, porque me gustan mucho. Obviamente que al dedicarle tanto tiempo a la composición y a los arreglos de tango, lo otro quedaba al margen, pero siempre lo seguí haciendo. Entonces no fue de un día para el otro, sino que fue decantando. Volví a acercarme, a tener contacto directo con el rock, armé Remake, un grupo de covers, de versiones de rock acústico, con Ike Parodi. toqué como invitado en bandas de rock. Luego surgió la idea de armar una banda y aquí estamos con Maquiavelos: grabando un CD con cinco canciones ya listas.

   —Alejado, ¿cómo ves el panorama en el tango contemporáneo hoy?

   —Estuve diez años vinculado con el género, muy de cerca, y hasta iba a Buenos Aires a ver conciertos. Artísticamente es genial, pero es una apuesta difícil ser profesional y vivir de eso en un mercado tan pequeño. Aunque todos los chicos que componen tango contemporáneo también tocan tango tradicional. Hay cosas interesantes en el formato acústico y en el electrónico, que coquetea un poco con la electrónica. Son estéticas diferentes. Hay tangos electrónicos que son una base rítmica y nada más; pero otros están bien laburados, con citas, y eso sirve para acercar a los jóvenes al tango, que es la batalla de todos los tangueros: que no se pierda, que vuelva a resurgir. Pero el tango ya no tiene prejuicios y la gente joven no los tiene con el tango.

   —¿Es prejuicioso el mundo del rock hoy?

   —Es una música más contemporánea, no menos atada a prejuicios que el tango... Es un ambiente de mucha búsqueda. Si bien hay en estos últimos años un "tributo al tributo", un realce de todo eso, el rock siempre fue un lugar donde tocar tus canciones, donde decir tus ideas con la letra. Eso me atrae. Una banda de rock hace sus canciones y quiere "pegarla" con su música; en otros estilos en cambio se reproducen otras cosas y no se compone una música desde cero. Eso sigue pasando en el rock y me gusta.

   —¿Tu fase con el piano solista también ha quedado atrás?

   —No, lo sigo haciendo. Tengo escrito un disco de piano solo, música instrumental. Son piezas que tienen un poquito de todo esto que estamos hablando, es un álbum de canciones cortitas, y en algún momento quiero tocar eso y grabarlo también.

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