Escenario
Viernes 04 de Noviembre de 2016

Vértigo y emoción en el show de Ricky Martin

Miles de fanáticas coparon Metropolitano para participar de una noche deslumbrante y a puro ritmo.

El ambiente era relajado, con la euforia contenida esperando la aparición de Ricky. El ingreso fue ordenado, la gente llegó temprano y el flujo de tránsito no fue tan caótico como en anteriores recitales en Metropolitano. Elías Rampello animó la previa.

Con alguna demora, el arranque fue impactante. Los teléfonos se activaron cuando Ricky Martin irrumpió subido a un espacio elevado del escenario. Elegantemente vestido —traje oscuro y barba de unos días— cantó la primera: "Mr. Put it Down". Con alto impacto visual, sumó cuatro parejas de bailarines y un corista de apoyo, además de la eficaz banda.

Cuando el boricua saltó al frente del amplio escenario, las fanáticas sonaron estridentes y comenzó el vértigo que impone su estilo. La sección de vientos y algunas bases pre-grabadas dieron consistencia a la banda.

Para la tercera canción, "Drop it/Shake", ya había cambiado de vestuario y entonces apareció un poco desaliñado, adrede, claro. Con "Adrenalina", el sonido se fue acomodando para concretar la propuesta de bailar sin detenerse. La puesta técnica y los efectos visuales aportaron espectacularidad y su atención estuvo repartida entre el canto y las coreografías.

Luego, Ricky Martin hizo una pausa, cambió el clima con la romántica "Tal vez" y saludó. "Hola Rosario. Ustedes ya saben, estamos aquí para olvidar los problemas y las frustraciones", propuso. Volvió a mencionar a la ciudad, cambiándole la letra a "Livin", un hit que sonó en forma más acústica que la original. Antes de la declamativa "Asignatura pendiente", en un video se sucedieron mensajes sobre la problemática de la niñez, pero digan lo que digan las canciones, la reacción es la misma: efusivas muestras de afecto hacia el artista.

La banda se destacó en los arreglos y la interpretación en un tramo romántico que incluyó "Tu recuerdo". Allí hubo ritmos de bolero, son y salsa, mientras en las pantallas se alternaban imágenes del artista con un recorrido que mostraba el frenesí del público. Un extenso riff del guitarrista prolongó el final del bloque y Ricky salió de escena varios minutos.

Luego, volvió renovado, fresco, con otro vestuario, para un momento especial. Hizo multiplicar el delirio con "Vente pa acá", bailando muy sensual la canción grabada con Maluma.

La producción del show fue impecable. El trabajo técnico en general y el diseño lumínico en particular, resaltan su presencia en el escenario. Con varios cambios de vestuario, utilizó el recurso de estirar los finales para conseguir (y lograr) el éxtasis buscado en los espectadores. "¿Cómo la están pasando?", preguntó. Jugó un poco con el público y quizo saber quienes venían por primera vez a su show. "Son muchos", comentó y siguió manejando a su voluntad las sensaciones y haciéndolos participar. Amenazó despedirse. Se fue, pero la banda agitaba al público forzando una vuelta que no se demoró.

Para despedirse, Ricky Martin subió la intensidad al máximo con "The Cup of Life". "Muchas gracias, mucha fuerza, mucha paz, los quiero mucho", dijo en el final. La última fue "La mordidita", del disco "A quien quiera escuchar", placa con la que obtuvo el doble platino. A esta altura eran impresionantes los efectos lumínicos y también hubo suelta de papelitos. Con puño izquierdo cerrado en alto y luego señal de la V, el boricua se fue ovacionado por un público fiel que le reconoció las canciones y la entrega.

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