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Domingo 26 de Enero de 2014

Venezuela: la crisis como instrumento de dominación

El gobierno de Nicolás Maduro anunció esta semana un nuevo desdoblamiento del mercado de cambios en Venezuela.

El gobierno de Nicolás Maduro anunció esta semana un nuevo desdoblamiento del mercado de cambios en Venezuela. O mejor dicho, la creación de un sistema de "bandas", dado que el desdoblamiento ya existía (ya había un dólar comercial a 6,30 bolívares, y otro surgido de las subastas oficiales, al doble; además, claro, siempre estuvo el paralelo, que decuplica (sic) al primero). Con una brecha del 1000 por ciento el control de cambios venezolano es más que nada un termómetro de la fenomenal crisis que ha creado en 15 años de desmanejo económico el chavismo, mucho antes que un instrumento de política económica. Ni esta ninguna otra medida que pueda tomar el gobierno de Maduro, con su "guerra económica" y su lucha de clases contra la "burguesía", hará que los venezolanos dejen de hacer filas interminables para conseguir harina, ni que estén atentos mediante mensajes SMS a qué locales llega algo de arroz o papel higiénico. Maduro decretó además, gracias a los megapoderes concedidos por el Legislativo, nuevas penas de prisión por delitos tales como "acaparamiento" y "especulación", con penas de entre 10 y 14 años de prisión.

Esta situación de escasez generalizada que agobia a Venezuela es impropia de un exportador de hidrocarburos en la época de los precios récord de los commodities. Si bien el valor de la canasta de crudos venezolana bajó relativamente en los últimos dos años, cotiza igualmente a un precio envidiable: algo más de 94 dólares el barril. A fines de los 90 costaba diez veces menos. Pero Venezuela hipotecó hasta dos tercios de sus exportaciones petroleras, casi todo a manos chinas, así que recibe muchas menos divisas de las correspondientes. Además, la primarización de la economía bajo el chavismo es brutal: en 1998, último año de democracia normal, el 28 por ciento de las exportaciones venezolanas eran no petroleras; hoy apenas llegan al 3,5 por ciento. Primarización y desindustrialización se llevan mucho mejor con el populismo que el "neoliberalismo", contra lo que declama la propaganda de la izquierda latinoamericana. Basta comparar la devastada Venezuela chavista con lo que ha crecido en industria, servicios y bienes primarios la vecina Colombia en 11 años de gobiernos conservadores. Otro "relato" que se cae a pedazos.

Pero a estas alturas vale preguntarse si tanto desastre no es, en parte, a propósito. Porque gracias al desbarajuste económico crónico de estos 15 años el chavismo redujo significativamente a su gran enemiga, la clase media urbana. El exilio de los hijos de la clase media se generaliza. Muchas veces se van las familias completas. Dejan el país en busca de una mejoría económica y también de libertades elementales.

Todo proceso de real modernización social y económica crea clase media en lugar de destruirla, como se observa en Asia, generalmente bajo regímenes autoritarios (China, Singapur) o democráticos (Corea, Indonesia, India), o en nuestra región, con democracias estables con una real división de poderes (Brasil, Colombia, Chile, Uruguay, México, Perú). Este fenómeno de ascenso social no ocurre en ninguno de los países bajo regímenes populistas, al contrario. En cuanto a la base social chavista, soporta la inflación y la escasez y sigue votando al oficialismo. No tiene expectativas de ascenso social, solo pretende beneficios básicos en formato clientelar. Este punto es clave en el análisis del fenómeno populista contemporáneo, a diferencia del populismo histórico, el de los años 40/50 del siglo pasado.

Como se observa en Cuba, una sociedad empobrecida es más fácil de someter que una medianamente habituada al bienestar y a la independencia económica del poder estatal. Este es, en esencia, el plan populista: nada de ascenso social, sólo beneficios clientelares rigurosamente controlados y administrados a cambio del voto y la asistencia a los actos oficiales. Por esto el régimen chavista se puede permitir una crisis económica que ningún otro gobierno de la región soportaría. La hegemonía total de los medios masivos, el uso abrumador de recursos económicos estatales y la administración del miedo ayudan mucho a esa estabilidad autoritaria. Las patotas motorizadas, los militares movilizados en la calle y los temidos servicios secretos —en suma, la represión y la intimidación constantes— son ingredientes infaltables para la viabilidad del modelo populista de Chávez-Maduro.

Por todo esto Maduro sigue al frente del país, golpeado pero sin una crisis política terminal como ocurriría en cualquier democracia normal ante un desastre económico, no digamos igual, sino apenas parecido al que padece Venezuela.

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