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Domingo 12 de Junio de 2016

Vegetación nativa: la mejor aliada de un ecosistema equilibrado

Los árboles y las plantas autóctonas del Litoral se adaptan mejor al clima de la región, y son llamadores de aves y mariposas de la zona. Cómo preservarlos.

Los poetas y los músicos santafesinos siempre supieron que la mejor inspiración para su arte estaba en el propio paisaje del lugar: los timbós, curupíes y "lindos ceibales en flor" del poema a San Javier de Julio Migno ("no hay otra tierra mejor"), y los pajonales y jacarandaes del Paisano santafesino de Brascó y Ramírez retratan la biodiversidad de la región litoraleña que en esta zona encuentra su frontera entre el sistema pampeano y el humedal.

   Pero fuera de los poemas y de los cancioneros la vegetación nativa es maltratada desde hace décadas en el campo por los desmontes atados al modelo agropecuario, y en las ciudades por la imposición de criterios estéticos importados que llenaron parques, calles y espacios verdes con especies bellas pero muchas veces poco adaptadas al clima local y la fauna originaria.

   La intervención del hombre cambió el equilibrio de los ecosistemas y rompió circuitos históricos, por lo que la apuesta por las nativas busca recuperar esa dinámica que está (o estaba) en la naturaleza.

   "Los beneficios de las plantas nativas son incontables porque forman parte de un todo. Que un ecosistema esté en equilibrio y en buena salud mejorará también nuestra salud, se trata de asumir nuestra propia naturaleza", reflexiona Guillermo Fages, pionero en la producción y reproducción de especies nativas santafesinas en su viveró Ñangapirí, ubicado en Santa Rosa de Calchines.

   "Cuando vemos que un zorzal se alimenta del chalchal, que un ave nativa busca su alimento en una planta nativa, entendemos lo que es el equilibrio de un sistema. Si se respetan la naturaleza del lugar, sus ciclos y temporadas, el equilibrio llega solo", dice, para agregar que si se planta un chañar, al tiempo comenzarán a crecer plantas nativas asociadas y llegarán las aves del lugar, que a su vez abonarán el suelo para que se siembren otras plantas.

   Algunas de las plantas más representativas del Litoral son leguminosas, como el algarrobo, el chañar o el ceibo: "En sus alrededores crece un muy buen pasto para ganado que brinda salud y fortaleza a los animales, además de darles sombra. Sin embargo hemos cambiado esas praderas naturales por paquetes tecnológicos asociados a la venta de productos, es algo realmente inentendible", razona Fages.


Denominación de origen. Los árboles, arbustos y plantas originarios de esta zona del país son la marca de la memoria genética del lugar, y los mejores guardianes de la biodiversidad y la estabilidad puesta en peligro por las formas de explotación económicas de los territorios locales, tanto el pampeano como el del humedal.

   La lista de la flora autóctona es interminable: árboles del humedal como el ceibo, el sauce, y el ingá; de la pampa como algarrobo, tala, y pezuña de vaca; y los muy poco conocidos frutales del litoral sanfesino como el ñangapirí, guabiyú, jabuticaba o la araticú (chirimoya nativa) se despliegan a lo largo de los más de 700 kilómetros de largo de la provincia, que mixtura trazos casi selváticos en el valle de inundación del Paraná con zonas del dominio chaqueño en el norte, y de rasgos netamente pampeanos hacia el sur.

   La mayoría de los paisajes naturales santafesinos han sufrido enormes modificaciones en las últimas décadas, sobre todo como consecuencia del modelo agrícola industrial. Según un estudio realizado en 2009 por investigadores de Agrarias de la UNR (José Vesprini, Claudia Alzugaray e Ignacio Barberis), entre 1976 y 2008 se perdieron casi 400 mil hectáreas de bosques, a razón de 20 mil por año.

   Entre los ecosistemas más afectados por la expansión de la frontera agrícola aparecen el pastizal pampeano, el espinal (bosques de leguminosas espinosas como el ñandubay, el algarrobo y el caldén) y el bosque fuerte del norte santafesino (quebracho colorado).

   En la ciudad, la escasa presencia de flora autóctona está más bien relacionada con la herencia cultural europeizante que fue la que dominó el urbanismo durante muchísimos años. Aun así, siempre hay tiempo y espacio para reintroducir las especies nativas.

   "Hay que buscar las formas pero siempre se puede plantar nativo, desde los balcones hasta los grandes patios, en el arbolado de los parques y en los espacios públicos. Con sólo un árbol nativo es increíble la cantidad de aves lugareñas que aparecen, así como mariposas. Las especies se reconocen entre sí, la lantana por ejemplo atrae a las monarcas".


Un vivero único. Fages se crió en la zona de San Justo —en el centro provincial—, en estrecha vinculación con la flora de esa parte de la provincia caracterizada por el monte nativo santafesino. Pero fue de grande, ya en Rosario, donde vino a estudiar, que redescubrió algunos árboles que destacaban en la aridez de cemento de la gran ciudad y que lo retrotraían a los tiempos de la infancia.

   Allí surgió la idea de montar el vivero de plantas y árboles nativos Ñangapirí que funciona desde hace cuatro años en Santa Rosa de Calchines, una localidad situada 40 kilómetros al norte de Santa Fe capital sobre la ruta 1 que oficia de puerta de entrada a un universo de arroyos y lagunas vigilados de cerca por el Paraná.

   Con formación de maestro, el vivero donde desarrolla la producción y el cultivo de árboles y plantas autóctonas del litoral santafesino como algarrobos, ceibos, pezuñas de vaca, chañar, ñangapirí o pitanga, se fue armando en base a observaciones propias y lectura de textos.

   "Empecé a explorar la idea de reproducir especies autóctonas partiendo de la idea de que los montes nativos traen consigo una concepción de la vida, ya que antes que nada había monte. Se trata de recuperar esa noción, de promover eso casi como una militancia", explica en el reducto rosarino donde desembarca a veces con sus macetas y brotes traídos del norte.

   La relación con los clientes tiene dos canales: uno son las redes sociales ("Ñangapirí-Vivero de nativas" en Facebook), que le permiten ampliar las posibilidades de difusión y alcance más allá de las limitantes geográficas: "Hemos llevado desde una plantita a una casa a varios ejemplares para completar el arbolado del ecocampìng Los Benitos, en ese caso con el desafío de mantener el equilibrio del entorno natural de la Isla".

   La otra forma de ofrecer su producción es por medio de las ferias populares que se organizan en esa zona todos los meses, y que funcionan como lugares de intercambio de conocimiento y objetos a través de la promoción de los pequeños productores agroecológicos de la zona.

El acuario se anima

El acuario de la ciudad de Rosario, todavía en obras, contará con un parque que buscará reflejar la biodiversidad del humedal a través del rescate de especies vegetales nativas de la región. El "Parque autóctono del humedal" permitirá el estudio del desarrollo y la interrelación de las especies vegetales representativas del paisaje litoraleño con el acento puesto en su biodiversidad, la valorización de los aspectos estéticos de las especies autóctonas y la noción de sistema complejo donde las especies vegetales y animales son interdependientes. Para eso contará con 44 especies de árboles autóctonos y otras especies vegetales que recrearán siete comunidades pampeanas y litoraleñas, con lo que se busca integrar el parque al recorrido lúdico y educativo que presentará el nuevo acuario.

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