La ciudad
Miércoles 29 de Junio de 2016

Vecinos del laboratorio denunciaron actos intimidatorios

Se reunieron anoche en asamblea y reafirmaron su pedido de que la empresa no siga trabajando en el corazón del barrio Tablada.

Al shock de la explosión que provocó daños en 10 viviendas alrededor del Laboratorio Apolo, de Alem al 2900, ahora se le agregó un clima enrarecido. Seguimientos, miradas y hasta mensajes amenazantes son las cosas que los vecinos, ahora temerosos, denuncian haber recibido de parte de supuestos emisarios de la empresa. Ayer se realizó una asamblea en Drumond y Amenábar para volcar inquietudes e insistir en el cierre y retiro de la empresa del barrio.

Después de la explosión, esta zona de Tablada se sumergió en situaciones enrarecidas. Un grupo de hombres que se movía en bloque, tanto en la puerta del laboratorio como alrededor de la manzana, parecían "patrullar" la cuadra.

Su actitud no pareció la de curiosos. Y así lo reflejaron algunos testimonios ante La Capital. "Se acercaron a un par de vecinos, uno que se lo conoce como Marcelo los tomó del brazo y los intimidó para que no hablen. Lo mismo hizo con los empleados, ninguno de ellos abrió la boca", dijo una vecina.

"Durante toda la tarde hasta la noche se estacionó un auto en la puerta. Se la pasó custodiando, espiando y escuchando lo que decíamos. Es gente puesta por la empresa. Además uno que dice es el encargado, amenaza a la gente", soltó Alejandra.

"El que amenaza es el encargado. Uno de auto blanco. Uno peladito", dijo una señora con la puerta entreabierta.

Hasta una de las hijas del chofer de colectivos que sufrió quemaduras en el 65 por ciento del cuerpo se hizo eco. "Me dijeron que el que amenaza es este tal Marcelo, se dirigió a varios vecinos en tono amenazante. A una mujer le preguntó «¿Tu mamá vive sola, no?». Son matones que tienen callados a los empleados y quieren hacer lo mismo con los vecinos", dijo Tamara.

Ayer, pasadas las 19, en la esquina de Amenábar y Drumond se juntó un grupo de vecinos para evaluar en conjunto los pasos a seguir. "Esta es la primera, pero el sábado nos volveremos a encontrar. Lo que queremos todos los vecinos es que a este laboratorio se lo traslade a otro lugar, y no que pase un tiempo y vuelvan a abrir. Además, que se hagan cargo de todos los gastos de los damnificados", resaltó otra vecina.

Reacción del fiscal. Cuando La Capital se encontraba relevando testimonios, el fiscal de la causa, Walter Jurado, se hizo presente. Extraoficialmente trascendió que regresó a la zona de la explosión por un llamado que lo alertó sobre un intento de ingreso a la empresa.

El fiscal ordenó la custodia de todo el lugar, las 24 horas a cargo de Defensa Civil, la GUM y policía. El objetivo: preservar la escena del siniestro. En particular, que no se alteren o retiren las cámaras de videovigilancia ubicadas en el interior del laboratorio. Los aparatos deberían haber registrado el preciso instante en que la acumulación de vapor hace estallar la caldera. Una prueba judicial de altísimo valor.

También lo serán los testimonios de los 25 operarios, que con el listado en poder de la Justicia serán citados a prestar declaración.

Este diario fue testigo de una curiosa escena. Jurado se encontraba en plena vereda de Drumond al 2900 cuando avanzaron dos sujetos con el fin de "ponerse a disposición". Cuando este diario intentó tomar contacto, se retiraron sin hacer declaraciones.

También se contactó con el fiscal uno de los responsables del taller mecánico lindero a la zona donde estalló la caldera, preocupado por una documentación que se encontraba dentro de un vehículo que quedó atrapado por la devastación.

Otro de los hijos del dueño del taller instalado allí en 1983 comentó: "Si estábamos ahí nos morimos todos". En el local había una Renoleta, un auto, otro Fiat 600 y una moto.

"Estaba la pared, y la caldera estaba atrás nuestro", dijo y señaló un silenciador de una caldera que está suspendido de un pedazo de techo. "Lo construyó mi viejo y mi tío", recuerda al mirar solo un lote lleno de escombros.

Comentarios