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Domingo 12 de Febrero de 2017

Valijas

Domingo 12 de febrero. Junto al mar. Las valijas para el retorno no son iguales a las que se llenan para la partida. Hay una diferencia que es el uso.

Domingo 12 de febrero. Junto al mar. Las valijas para el retorno no son iguales a las que se llenan para la partida. Hay una diferencia que es el uso. En el comienzo las ilusiones, en el regreso los balances. Se tiene indulgencia con las arrugas y menos cuidado al apretarlas en el fondo a las camisas con las remeras y las zapatillas. La rutina es una amenaza concreta. En pocos días llegará.

   Hace muchos años el Diario La Capital tenía oficinas en Mar del Plata y, de hecho, corresponsalía periodística. Era una aventura distinta el veraneo. Otro país. Nosotros diferentes. Al mediodía, primeras horas de la tarde, se conseguía el diario en sus mostradores.

   Hoy Mar del Plata es más, mucho más "suburbanía", si se me permite el neologismo para indicar que depende del conurbano bonaerense de un modo que aún no entiende. Hay una constante visible. Esos son los visitantes más comunes. Deberían entenderlo. Prepararse. El conurbano bonaerense es un país con sus propias reglas.

   Ese nervio suburbano, esa velocidad, los pocos días disponibles y la necesidad de hacerlo todo sin detenerse están cambiando el temple de la ciudad. Mas frenética, irascible, inculta y desfachatada. La cara que oferta ése turista es la que viene del fondo oscuro de Argentina. Una cara que llega y busca el sol y el mar por algunas horas y basta.

   El entusiasmo por refrescar aquellos años de cronista del espectáculo contaron con la amistosa complicidad de Marta Pareta (una guía histórica de la ciudad feliz) y Ana Marino (la productora general de Radio Brisas). Ambas mostraron mis pergaminos a Daniel Luna, el motor del Emtur (Ente Municipal de Turismo) y la autorización de "Gabi" Magnolers, titular del mismo, sirvió para que sucediese un acontecimiento menudo y cierto: por primera vez un periodista no marplatense y no porteño fue parte del jurado oficial de los Estrella de Mar, el premio que juzga producciones artísticas que se desarrollan en MDQ y que, básicamente, reúne manifestaciones locales y porteñas. Un jurado donde la amistad y el afecto fueron la mejor moneda. Un jurado tan liberto que ahuyentó a los chantapufis.

   En algún momento de estos días que arrancan en diciembre de 2016 y llegan hasta febrero de 2017 creí ver el brillo del dorado del vidrio donde decía La Capital, Rosario. Ilusión.

   En otras oportunidades aquel que inventara los premios, Lucho Martínez Teco, a quien un importante friso, en calle San Luis, en una pared lo recuerda, parecía que se acercaba como antes y repetía aquella broma sobre el peso específico de Marta Serra Lima o el escondite de la billetera de Darío Vittori, dos secretos, decía, que nadie se animaría a revelar.

   Ya no está Lucho y la magia de las noches marplatenses tiene poco del misterio aquel, el de los años '70, y sumó el miedo de las madrugadas y la incertidumbre que brinda la inseguridad ciudadana en el siglo XXI. La salida de los espectáculos junta dos condimentos muy diferentes.

   El compromiso con el diario indicaba crónica de sucesos, que en Rosario se supiese, de modo directo, el pulso de la única ciudad del país que multiplica su población por 3 o por 4 y se sostiene. No es un fenómeno sencillo de entender, mucho menos de soportar. Imaginar a Rosario con 800.000 visitantes en una quincena de enero es imposible. Aquí sucede y sostienen que fueron pocos los turistas. Querían más.

   La comida, el transporte, la droga, los actores políticos, los celos actorales, los fenómenos populares, los escondidos sitios de la comida y la diversión ocuparon estas crónicas. Una de sal y una de arena. Y lo exageradamente visible. Mónica Fein no se parece, en nada, al profesor Arroyo. Un punto en común. Los votaron.

   El clima como un elemento de la sociedad que cambia humores y fortunas es fácil de entender en MDQ. No en Rosario. Lluvia o calor no son queja urbana. Son negocios diferenciados.

   Una reflexión que se sostiene desde la primera visita, sobre los 70. El turismo existe por el mar, esa es la excusa. Si todo fuese calmo y en paz no sería lo mismo. No sería Mar del Plata. La capital de la "suburbanía" feliz.

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