Edición Impresa
Domingo 15 de Febrero de 2009

Usos y abusos

El uso inteligente de la tecnología contribuye a una mejora en la calidad de vida. Pero todo el tiempo nos encontramos con prácticas que suponen un retroceso, un abuso de los avances tecnológicos o un impacto ambiental importante.

El uso inteligente de la tecnología contribuye a una mejora en la calidad de vida. Pero todo el tiempo nos encontramos con prácticas que suponen un retroceso, un abuso de los avances tecnológicos o un impacto ambiental importante.

Hace unos días la Ansés me envió un hermoso libro, el Anuario Estadístico Tecnológico 07 (sí, de hace dos años), 130 hermosas páginas en papel ilustración llenas de cuadros y gráficos, con títulos como "Segmentación por origen de requerimiento", "Cantidad de requerimientos de auditoría" o "Pases de software a producción de ambiente centralizado". Desde ya, nada de eso representa algún contenido de interés para mí, ni siquiera alcanzo a comprender para qué debería servirme. Hablando en perfecto castellano: no entiendo ni me interesa absolutamente nada de esas 130 páginas.

Digamos entonces que ese envío significó al menos un árbol derribado, mucha tinta para la impresión y un envío por correo de una publicación que terminó en la basura. ¿No hubiese sido suficiente un e-mail con un link a alguna página de la Ansés con un PDF?

Lo mismo ocurre con las decenas de sobres que cada mes llegan a la redacción, con resúmenes legislativos de tal o cual diputado provincial, o cosas por el estilo. Todos sabemos del impacto ecológico que implica la impresión de un par de centenares de cuadernillos, pero todavía no existe conciencia del modo en que deberíamos colaborar todos para que las pasteras dejen de contaminar, para que la Amazonia deje de ser deforestada de manera irracional.

Toda esa papelería debería convertirse algún día en correo electrónico, en páginas de internet. La web no contamina, no derriba árboles, no desperdicia tinta. Es apenas código binario que puede cumplir la misma función. En todo caso, aquel que considere necesario tener ese cuadernillo en papel, no tendría más que solicitarlo.

Inevitablemente, el diario tal como lo conocemos, el periódico impreso, camina hacia una transformación, sino a la desaparición. No falta mucho para que las noticias lleguen por intermedio de dispositivos electrónicos portátiles. Tal vez el diario impreso sobreviva, pero seguramente con otro concepto, conviviendo con celulares de última generación, handhelds y e-books.

Hubo quienes alguna vez pronosticaron la muerte del libro. Ya sabemos que el mercado editorial no goza de buena salud, pero las librerías siguen existiendo y hay muchos que no imaginan la lectura de una novela si no es en papel impreso. Probabemente estemos a un paso de un avance tecnológico que popularice la edición de libros en formatos digitales. Esto no significa la muerte del libro ni de las editoriales, sino un proceso de conversión al que deberá someterse la industria, tal como viene ocurriendo lentamente con las compañías discográficas.

En lo personal, no me siento del todo cómodo leyendo un diario completo por internet, mucho menos cuando se trata de un libro. Pero tampoco imaginé que alguna vez dejaría de grabar casetes para escucharlos en un walkman, ni que de un día para otro abandonaría mis cientos de disketes para empezar a usar memorias USB, CD o DVD.

Y no sólo sólo se trata de acostumbrarse a las nuevas tecnologías, sino que también es una cuestión generacional. Los chicos que hoy leen los diarios por internet y se comunican por e-mail y mensajes de texto, tarde o temprano serán adultos. Dentro de algunos años contarán con dispositivos que les permitan prescindir completamente del papel. En lo que se refiere al impacto ambiental, seguramente será una buena noticia.

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