Turismo
Domingo 14 de Agosto de 2016

Ushuaia, el Fin del Mundo desde tierra, agua y aire

La ciudad austral es un lugar único para visitar por todos los bellos paisajes que los distintos destinos cercanos ofrece al turista

La ciudad austral es un lugar único para visitar por todos los bellos paisajes que los distintos destinos cercanos ofrece al turista

Un día de esquí en el Cerro Castor, una caminata por la nieve en el bosque, una travesía en 4x4 por caminos intransitables, una noche de fogón en una choza aislada, un paseo en catamarán, un vuelo en helicóptero y un aterrizaje en un cerro. Eso y mucho más. Pero sobre todo, la magia de sentirse en ese lugar donde el planeta le pone punto final a su geografía austral hacen de Ushuaia un lugar único, conocido y preciado en el mundo.

Después de rogarle al cielo esa nieve que este año tardó en llegar, la ciudad más austral de la Tierra empezó a recibir la oleada de turistas, que buscan disfrutar de la nieve y de un paisaje distinto, particular.

Ushuaia se aprecia desde tierra, agua y aire. Aunque el promedio de estadía en la ciudad de los turistas no supera los tres días (algo que las autoridades y el complejo hotelero y gastronómico tratan de revertir), la ciudad ofrece un menú de destinos y diversiones que pueden prolongarse todo el tiempo que las ganas y el presupuesto den.

La llegada en el vuelo de Aerolíneas Argentinas presagia lo que vendrá. El avión pierde altura y se interna entre las montañas nevadas para aterrizar en una pista que muere en las orillas mismas de la bahía que conecta a la ciudad con el canal de Beagle.

Una vez allí, asentados en el hotel, sólo es cuestión de elegir destinos, disfrutar de la gastronomía y del paseo comercial donde predominan los negocios de indumentaria invernal.



Esquí en el cerro.


Los esquiadores lo saben mejor que nadie. Puede no haber nieve en ningún cerro argentino, pero sí habrá en el Castor. Por eso es un destino atractivo y seguro para el deporte.

   El Castor es el centro de esquí más austral del mundo. Se levanta a 26 kilómetros de la ciudad, tiene más de 30 pistas con diferentes niveles de dificultad, 12 medios de elevación, un snowpark, un área para principiantes y zonas fuera de pista, en un predio de 650 hectáreas. Además de la que le ofrece la propia naturaleza, tiene 19 cañones que disparan nieve artificial.

   La aerosilla Del Bosque lleva a la cota 480, donde se asienta el primer parador, corazón del complejo. Los más avezados pueden seguir la ascendente por distintos medios de elevación, hasta llegar a la cota 1.057, la más alta, de donde bajan tres pistas y existe la posibilidad del descenso fuera de pista. La mayoría, sin embargo, disfruta del primer destino.

   En el cerro Castor se realiza todos los años la tradicional bajada de las antorchas, donde participan instructores del centro y del Club Andino, una actividad colorida que inaugura formalmente la temporada. Este año se hizo el 23 de julio.

   El cerro tiene siete paradores gastronómicos con distintas ofertas. En la Morada del Aguila, uno de los comedores, espera el cordero patagónico, asado a la estaca.

Por los valles.

Los perros alaskanos esperan en Valle de Lobos, ansiosos de emprender la corrida. Ubicado en el Valle de Tierra Mayor, este lugar es una de las atracciones que propone Ushuaia fuera de la ciudad.

   La visita incluye una caminata por el bosque con raquetas, hasta un cementerio de árboles. Allí se ve en toda su dimensión el estrago que hicieron los castores, una especie introducida en la isla a mediados del siglo XX para explotar la piel, pero que se desparramó por todo el territorio, se volvió plaga y destruyó parte de la flora autóctona.

   La caminata en el bosque de lengas, rodeado de montañas y sobre un colchón de nieve genera una sensación de soledad y aislamiento, pero a la vez de encuentro, cara a cara con la naturaleza, en medio del blanco y el silencio. La nieve amortigua todo ruido. Sólo se escucha ahogado el sonido de raquetas aferrándose al hielo.

   De vuelta al complejo, el ladrido y aullido de los perros anuncia la travesía en trineo. El paseo remite al pasado, cuando esta era una forma de transporte tradicional.

   Otro complejo es Las Cotorras, donde a su vez funciona Ushuaia Blanca, una de las propuestas que busca ofrecer recorridos alternativos. En palabras de Gabriela Schneier, "experiencias que lleven a conocer las costumbres del lugar".

   Ushuaia Blanca tiene una cabaña museo, que es réplica de la de Ernesto Krund, un polaco que se asentó en el lugar y fue quien descubrió el paso cordillerano Garibaldi, que conecta a la ciudad con el resto de la isla. Krund terminó haciendo el correo de la región. La Escuela de Policía lleva su nombre.

En 4x4.

Una alternativa que ofrece Ushuaia es la recorrida en vehículos 4x4 por caminos casi intransitables, entre montañas y bosques. A 21 kilómetros de la ciudad, en el Valle Tierra Mayor, funciona un centro invernal donde se puede hacer paseo en motos de nieve y trineos tirados por perros siberianos.

   Como otros destinos, se llega al lugar por la ruta nacional 3 atravesando en valle Carabajal, con una parada en un mirador imperdible que deja ver el glaciar Ojo de Albino, el cerro Bonet y el cerro Cortez, en una formación de montañas cubiertas por glaciares. En todo el trayecto se levantan los perennes cohiues, las lengas y el ñire, las tres especies que crecen en el lugar.

   Tierra Mayor es famosa por su Marcha Blanca, donde una multitud de esquiadores, profesionales y amateurs, se lanzan a la pista en una travesía de sky nórdico, que se diferencia del alpino porque el desplazamiento no es en pendientes. Todo en medio de un gran valle rodeado por el cordón cordillerano.

   A 60 kilómetros de la ciudad se abre la ruta 119 que termina en el lago Fagnano. Se puede llegar con camionetas, pero la empresa Nunatak realiza una travesía por un camino alternativo donde las 4x4 parece que van a darse vuelta, sorteando grandes piedras y montículos, metiéndose en charcos gigantes. Una aventura que sólo se vive adentro de esas máquinas que no parecen tener obstáculos en su camino.

Nieve y fuego.

La Luna se cuela por entre las nubes. El valle de Tierra Mayor es una boca de lobo, la luz del complejo apenas cubre algunos metros. Las raquetas esperan a los que irán caminando; los perros, a quienes abonen la llegada en trineo. Nieve y Fuego es una experiencia realmente distinta. Son algunos minutos de caminata nocturna hasta que, de pronto, una hilera de antorchas avisa que se está llegando a destino. En medio de la noche, el bosque y la nieve, se divisa la fogata dentro de una choza gigante, hecha al estilo de las viviendas de los yamanas.

   La fogata, en el medio del círculo, cocina las brochetas de pollo, panceta, pimiento, zucchini y cebolla. "Esto es comer, beber y soñar", dice José Luis, que auspicia de anfitrión.

   Después de las brochetas vendrá el guiso de lentejas bien caliente, la manzana hervida y un café muy casero y empapado del alcohol. Afuera, el silencio es total, todo queda filtrado por el bosque y la nieve. El valle apenas se ilumina con la Luna semioculta. Adentro de la choza, alguien pela una guitarra y se arma la peña.

Por el Beagle.

El catamarán Ana B, de la empresa Rumbo Sur, aguarda amarrado en el puerto, en plena costanera de la ciudad, y cerca del hotel Albatros. La nave, con capacidad para 160 pasajeros, se prepara para zarpar y recorrer el canal de Beagle, apreciar la ciudad desde el agua, llegar a las islas donde habitan los petreles del sur, los lobos marinos, y al tradicional faro Les Eclaireurs.

   El viaje dura unas dos horas y media. La embarcación se dirige al canal dividido por una línea imaginaria que une los puntos más profundos y que separa la Argentina de Chile.

   El primer tramo es para apreciar la ciudad desde el agua. Ushuaia se extiende desde la orilla hasta la base de los cerros. Es una ciudad "hacia arriba", con lo cual se la ve entera. El barco navega hacia el sur y se ve la península de Ushuaia, con las islas Hostey y Navarino (Chile) como telón de fondo. Después llega a la isla donde los lobos marinos y los cormoranes conviven sin inconvenientes, la isla de los Pájaros y el faro Les Eclaireurs, construido en 1918.

   La navegación es uno de los paseos más tradicionales de Ushuaia, y vale la pena no sólo por la experiencia y el paisaje que ofrece, sino también porque es la oportunidad de realizar una travesía por agua.

Desde el aire.

Si recorrer Ushuaia por tierra y por agua son experiencias recomendables, hacerlo por aire es el broche de oro del viaje, aunque no es para cualquier presupuesto.

   El helicóptero Robinson 44, de cuatro plazas, se deja ver en el helipuerto desde el edificio del aeroclub. Antes de abordar, los pasajeros deben mirar un video con las advertencias de seguridad. Luego viene el vuelo. La nave se despega y empieza una aventura que puede durar entre siete y 30 minutos (el tradicional, aunque hay opciones más largas), depende del interés y el bolsillo del viajero.

   En esta oportunidad, el vuelo propuesto es hasta el cerro Le Cloché, donde el helicóptero aterrizará en medio de la nieve, rodeado de un paisaje mágico. Antes, y desde el aire, se ve la ciudad completa, se distingue el presidio; más allá se observa el serpenteo del río Olivia y el recorrido de la ruta 3. Sobre el cordón montañoso, se levanta el característico pico Cinco Hermanos. La nave vuela hacia los cerros como si fuera a embestirlos, pero aterriza en el Le Cloché, donde el visitante puede ver el paisaje al borde de un precipicio. Como recuerdo, antes de abandonar el helipuerto, el pasajero recibe un certificado de vuelo firmado por el propio piloto.

¿Qué más decir?

Los destinos propuestos en este recorrido están lejos de ser los únicos que ofrece Tierra del Fuego en general, y Ushuaia en particular.

   Muy conocido y ya tradicional es el Tren del Fin del Mundo, que transita los últimos siete kilómetros de recorrido del tren de los presos, que partía del presidio de la ciudad hasta la ladera del Monte Susana. El tren parte de la Estación del Fin del Mundo y recorres distintos paisajes, como el río Pipo, la cascada Macarena, el cementerio de árboles y el bosque del parque Nacional Tierra del Fuego. En el recorrido se puede escuchar la historia de este ferrocarril de época, con sus locomotoras a vapor. Quien visita Ushuaia no puede dejar de llegar al parador de la Bahía Lapataia, donde finaliza la ruta nacional 3.

   Otro lugar tradicional es el Museo del Presidio, en lo que fuera la cárcel de Ushuaia, que comenzó a construirse en 1902 y funcionó entre 1904 y 1947. El presidio albergó a peligrosos delincuentes, pero también a presos políticos. El recluso más famoso fue Cayetano Santos Godino, el Petiso Orejudo, un asesino en serie responsable de la muerte de cuatro niños y de siete intentos de asesinato.

   Uno de los pabellones de la cárcel se conserva como museo del presidio; otro se mantiene intacto, tal cual fuera cuando funcionaba la cárcel. Pero en el lugar se levantan los museos Marítimo y Antártico, Ushuaia Antigüa (historia de pioneros), una galería de arte, un pabellón de exposiciones temporarias, una biblioteca y una réplica del Faro San Juan de Salvamento.

   La noche cae sobre Ushuaia muy temprano en invierno. La ciudad se ilumina y la bahía le hace de espejo: una postal que suele recorrer el mundo. Es hora de aprovechar la oferta gastronómica, visitar la Galería Temática y otras opciones, comprar ropa, chocolates, dulces o hacerse de algún souvenir. Pero sobre todo, prepararse y recobrar energías para la jornada siguiente.

Un paseo por la historia.

Inaugurada en 2013, la Galería Temática propone un recorrido por la historia de Tierra del Fuego en 36 escenas con más de 200 imágenes en tamaño real. Los muñecos, hechos en fibra, asombran por el realismo. La recorrida se acompaña con un audio explicativo que se ofrece en ocho idiomas.

   Allí puede conocerse la historia de los pueblos originarios: los shelk"nam, más conocidos como onas, sus costumbres y su alimentación, los hush y los famosos yamanas, canoeros que vivían en el canal de Beagle y el Cabo de Hornos.

   Otra sala propone un recorrido por la historia del HSM Beagle, el barco donde viajó Charles Darwin, comandado por el capitán Robert Fizt Roy, la instalación de la Misión Anglicana y la creación de la Subprefectura, el 12 de octubre de 1884, día que quedó como fundacional de la ciudad.

   Por supuesto, aparece el presidio, y algo menos conocido para el turista: la expedición del barco Endurance y la hazaña de Ernest Shackleton, un explorador polar cuyo barco quedó atrapado en el hielo e inició un viaje épico de casi dos años atravesando el Mar de Weddell hasta la Isla Elefante, 1.300 kilómetros en medio del hielo y de las aguas heladas.

Patín en la ciudad.

Si bien la mayoría de los atractivos turísticos están en las afueras de Ushuaia, desde 2009 el municipio tiene en funcionamiento la pista de patín sobre hielo, de medidas olímpicas (60 por 30 metros) y al aire libre. La pista es pública, aunque está concesionada, y tiene tarifas muy diferenciales respecto de otras que funcionan en el país (50 pesos la hora de alquiler de patines sólo 10 pesos de estadía para quienes van con el equipo propio). Tiene una confitería y un polideportivo donde los clubes desarrollan actividades. Cuando termina el invierno, le sacan el hielo y la reconvierten para la práctica de rollers.

A comer.

Como todo destino internacional, Ushuaia tiene una gastronomía de lo más variada. Pero hay tres platos que le son propios: el cordero fueguino, la centolla y la merluza negra.

   Los habitantes distinguen al cordero fueguino del patagónico, dicen que la alimentación del animal le da a su carne un sabor especial. La centolla puede comerse al natural, incluso sacada de una pecera y llevada directamente a la olla, o en variantes como croquetas o relleno de pastas. En Ushuaia es muy característica la sopa como plato de entrada, y se la presenta en los sabores más variados.

   Placeres Patagónicos ofrece un menú ejecutivo con entrada, plato principal, postre y bebida sin alcohol. Después de la sopa de cebolla, que ayuda a entrar en calor, se puede degustar un roll de merluza gratinado con crema acompañada de puré de calabaza o vegetales grillados. Pero también se puede elegir una bruschette de salmón ahumado como entrada, una trucha patagónica como plato principal; o tablas. Como novedad, el restaurante ofrece mate en bombilla acompañado por tortas fritas, abundantes tostadas y variedad de dulces. Además de sus platos típicos, Ushuaia tiene una buena producción de chocolates, dulces, licores y cervezas artesanales.


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