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Sábado 19 de Diciembre de 2015

Una vivencia diferente para cada chico

El intercambio resulta una experiencia interesante, nutriente y muy fuerte porque implica en cada adolescente una mirada innovadora hacia su propia historia y su vida. Es un crecimiento interno y un reposicionamiento subjetivo por demás de enriquecedor, y en este aspecto resulta muy valioso porque conocen cómo viven, piensan, sienten, se divierten y aprenden los adolescentes de otras latitudes. Supone una experiencia de vida muy fuerte en lo académico, cultural, lingüístico, afectivo y social. En lo académico porque se contactan con nuevas formas de aprender y de enseñar, nuevas metodologías, otros contenidos, otras formas de acceder y producir conocimiento dentro de un contexto nuevo y variado, en la mayoría de los casos con un soporte lingüístico diferente a la lengua materna. Además de lo estrictamente pedagógico que supone esta experiencia es innegable la riqueza que aporta en otros aspectos como otras formas de aprender, vivir y jugar; otras costumbres y otros hábitos alimenticios; otras rutinas; otra lengua y moneda; otras celebraciones y fechas patrias, y otras formas de festejar. Es descubrir la diversidad como un valor humano y un valor pedagógico, educativo.

El intercambio resulta una experiencia interesante, nutriente y muy fuerte porque implica en cada adolescente una mirada innovadora hacia su propia historia y su vida. Es un crecimiento interno y un reposicionamiento subjetivo por demás de enriquecedor, y en este aspecto resulta muy valioso porque conocen cómo viven, piensan, sienten, se divierten y aprenden los adolescentes de otras latitudes. Supone una experiencia de vida muy fuerte en lo académico, cultural, lingüístico, afectivo y social. En lo académico porque se contactan con nuevas formas de aprender y de enseñar, nuevas metodologías, otros contenidos, otras formas de acceder y producir conocimiento dentro de un contexto nuevo y variado, en la mayoría de los casos con un soporte lingüístico diferente a la lengua materna. Además de lo estrictamente pedagógico que supone esta experiencia es innegable la riqueza que aporta en otros aspectos como otras formas de aprender, vivir y jugar; otras costumbres y otros hábitos alimenticios; otras rutinas; otra lengua y moneda; otras celebraciones y fechas patrias, y otras formas de festejar. Es descubrir la diversidad como un valor humano y un valor pedagógico, educativo.

Los chicos y chicas que participan de intercambios logran cierta independencia que por lo general no logran en su familia y en su hogar. Resulta paradójico pensar que pueden conquistar estos territorios de crecimiento y autonomía que no es la habitual de todos los días.

El planteo de experimentar un intercambio siempre resulta convocante porque entusiasma a los jóvenes deseosos de conocer el mundo y ampliar su horizonte cotidiano. Tal como sucede en los viajes de grupos escolares, deportivos, religiosos o de otras índoles, incluso en los mismos viajes de estudio, no todos los adolescentes viven estas prácticas del mismo modo. Por esta razón es fundamental la preparación previa que supone esta experiencia y el acompañamiento y andamiaje de parte de la familia, de los amigos y de la propia organización que les propone este desafío. No basta con cumplir determinada edad ni con haber cursado un determinado año de la escuela secundaria para estar habilitado a concretar esta experiencia de vida, tiene que ver con un trabajo interno e íntimo de cada uno de los pibes que le permita a cada uno clarificar sus expectativas, temores y deseos. Esta reflexión implica una mirada subjetiva e individual, vinculada a la historia y el deseo de cada uno, por eso no se puede generalizar al respecto.

(*) Profesora en educación

especial y capacitadora docente

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