La ciudad
Martes 17 de Mayo de 2016

Una vida después de ser transplantado

Sólo una persona que está en lista de espera para recibir un órgano que lo ayude a mejorar o salvar su vida puede describir lo que se siente pasar por esa situación.

Sólo una persona que está en lista de espera para recibir un órgano que lo ayude a mejorar o salvar su vida puede describir lo que se siente pasar por esa situación. Ese es el caso de Juan Alberto Guarrochena, de 53 años, que por una insuficiencia renal crónica, estuvo ocho años esperando para poder volver a ser trasplantado, ya que en 1986 ya había recibido un riñón. Durante ese tiempo, "pasé esos años yendo a diálisis todos los días; necesitaba un riñón cadavérico porque no era compatible con el de mi mamá, y la verdad es que a un año del trasplante puedo decir que hoy hago vida normal", relata con alivio. "Tuve una recuperación impresionante y mucho tienen que ver los médicos, el personal y la calidad humana que hay en el Centenario", agrega.

"Después de un tiempo la relación médico-paciente se transforma en amistad, porque los ves todos los días y ellos son parte de tu recuperación, de todo lo que te pasa", describe Juan Alberto, que hoy, como casi todos los que pasan por esta situación, se transforma en un militante de la donación. "Lo difícil es convencer a la gente que done, algunos no lo hacen por miedo, religión o ideología, pero a todos tratamos de decirles que con un simple 'sí', están salvando muchas vidas", afirma.

La historia de Leonardo es diferente a muchas. A los 19 años le descubrieron un problema congénito en los riñones. Primero empezó con controles y exámenes periódicos para llevar la enfermedad adelante, hasta que diez años después no le quedó más alternativa que comenzar con diálisis. Sus riñones eran chicos y estaban contaminados, y a pesar de estar conectado a una máquina (a la que Leonardo llama "tu medio de vida"), el trasplante era inevitable y para eso se preparó.

La operación fue en el Hospital Centenario y le sacaron los dos riñones. Después vino la espera de un donante, que en su caso podía ser de un donante vivo. Pero al no haber compatibilidad con sus familiares entró en lista de espera hasta que apareciera alguno. Sin embargo, se encontró con una sorpresa. Mercedes, una amiga de la familia se comunicó y se ofreció como donante. "Lo primero que hice fue ir a tocarle el timbre y abrazarla fuerte, tenía tanta decisión que dije, «bueno Mercedes, vamos para adelante»", cuenta emocionado Leonardo, quien valora y recuerda permanentemente el "gesto maravilloso de Mercedes" y "la calidad humana y médica de los médicos del Centenario", a 10 años de aquel momento, que fue una bisagra para su vida.

Pero la superación de Leonardo no termina ahí. Cuando se sintió lo suficientemente fuerte porque "la diálisis es vital, pero agota y baja las defensas", empezó a correr. Primero una maratón, después torneos nacionales y luego el mundial. En el 2013 en Sudáfrica y en 2015 en Mar del Plata. Son los mundiales para trasplantados que se hacen cada dos años y en los que Leonardo representó a Santa Fe, junto con seis deportistas más. "Ir al mundial fue como un premio porque la verdad es que yo puse muchos de mi, pero mi agradecimiento infinito es hacia Mercedes y a los médicos, sin ellos yo no hubiera podría estar acá".

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