Edición Impresa
Lunes 14 de Mayo de 2012

Una sociedad sin códigos

Un especialista de la Universidad de Stanford (Estados Unidos) realizó en 1969 la llamada experiencia de la ventana rota. El profesor dejo dos autos idénticos abandonados en la calle. Uno de ellos, en una por entonces zona pobre de New York, el Bronx.

Un especialista de la Universidad de Stanford (Estados Unidos) realizó en 1969 la llamada experiencia de la ventana rota. El profesor dejo dos autos idénticos abandonados en la calle. Uno de ellos, en una por entonces zona pobre de New York, el Bronx. El otro fue ubicado en la prominente Palo Alto (California). Al vehículo de New York lo rompieron y le robaron casi todos sus elementos en pocas horas. En Palo Alto, el auto permanecía intacto una semana después hasta que le dañaron una ventana. De inmediato, se desencadenó el mismo proceso que en New York.

Así, la lectura fue que la omisión de reparar el vidrio propició el inicio del vandalismo. La experiencia sirvió para probar que cuando se rompen los códigos del respeto al otro y del valor de las cosas, el desinterés se instala entre los ciudadanos, cualquiera sea su condición social.

Para los analistas, es complejo, de todos modos, buscar las causas de estas reacciones. Pero, en una sociedad que no sanciona este tipo de conductas y propicia poco el cuidado del mobiliario urbano, será difícil avanzar. Aun así, está claro que el cuidado de esos elementos empieza por casa, por cada uno. Porque es cada habitante, con sus tributos, el que paga lo que luego rompe.

Algunas autoridades se jactan al comparar Rosario con otras ciudades donde el vandalismo es mayor. Sin embargo, deberían preguntarse cuánto más podrían hacer en beneficio de la convivencia si se lograra evitar el gasto (mucho o poco) que significa reparar o cambiar tantos elementos destrozados.

 

Comentarios