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Domingo 13 de Abril de 2014

Una semana de agradecimientos

Opinión, por Diego Veiga / La Capital. Estos siete días en Rosario la palabra "gracias" brotó con frecuencia de la boca de funcionarios provinciales y municipales. En el primer caso abiertamente.  

Estos siete días en Rosario la palabra "gracias" brotó con frecuencia de la boca de funcionarios provinciales y municipales. En el primer caso abiertamente. El gobernador celebró la llegada de gendarmes para copar los barrios más violentos de la ciudad, algo que venía reclamando desde hace más de un año. En el segundo fue solapado. La dijeron funcionarios municipales ante el arribo de los mismos gendarmes, ya que la noticia eclipsó los desmanejos en las autorizaciones que se fueron dando sucesivamente para que funcionara la cantina de Central Córdoba, que más que cantina era una tremenda bailanta que durante dos años tuvo a maltraer a los vecinos de Sarmiento al 3200.

En abril de 2013 el ex director de Inspecciones del municipio, Gregorio Ramírez, remitió una nota a quien era su superior, Luis Baita, en la que le manifestó su disconformidad con los permisos que se estaban dando para que funcionara ese reducto. Cuesta creerlo, pero la misma Municipalidad que otorgó subsidios al club para que desarrollara su tarea de inclusión social y deportiva, también avaló que una bailanta (en la que la comisión de Seguridad de la Legislatura provincial tiene la fuerte sospecha de que se comercializaban estupefacientes) se adueñara de parte de las instalaciones y dejara a cientos de pibes sin la posibilidad de practicar gimnasia, yudo, básquet, vóley y patín, entre otras actividades.

El salón social mutó en una disco que recibió las visitas de "celebrities" como el desaparecido Ricardo Fort o la voluptuosa Ayelén Paleo. Abrió en octubre de 2011 y fue clausurada por primera vez en noviembre de 2013. Funcionó dos años sin ningún tipo de problemas, a pesar de que los vecinos denunciaron el calvario que era convivir con ese escenario. ¿Cómo lo hizo? Bajo la figura del "permiso de parlante", una autorización que se da a los clubes o a particulares para realizar fiestas en cortos espacios de tiempo. En este caso, se fueron renovando todos los fines de semana, tal vez por ese objetivo de la inclusión social que pregona el municipio. Y sí... bailando la gente se incluye.

Baita, el polémico ex secretario de Seguridad Ciudadana que fue desplazado tras la tragedia del parque Independencia, avalaba, según Ramírez, los permisos que permitían el funcionamiento del boliche charrúa. Hoy está reciclado en la Dirección Provincial de Vivienda. Así, el hombre pasó de firmar los famosos permisos de parlante a negociar soluciones habitacionales con vecinos. Y a juzgar por los numerosos piquetes que estas semanas soportaron los habitantes de Sarmiento y Santa Fe, sus gestiones parecen no ser muy buenas.

Por todo esto es que altos funcionarios municipales agradecen por lo bajo la llegada de gendarmes. La polémica quedó en un segundo plano, pero no olvidada.

Las fuerzas federales arribaron para "recuperar territorio que está en manos de narcotraficantes", dijo el secretario de Seguridad, Sergio Berni. El gobernador lo celebró. Venía pidiendo desde hace más de un año el refuerzo de seguridad con agentes federales ante la casi nula capacidad de la policía provincial para haber evitado ese avance narco: tal vez más por complicidad que por impericia.

La llegada fue cinematográfica y para la televisión porteña la oportunidad de mostrar un ¿mundo desconocido? a sus televidentes. Cuesta creer que en las villas del conurbano bonaerense no haya búnkers de droga.

Algo es seguro, Rosario está convertida desde el miércoles en una ciudad pseudomilitarizada, para beneplácito y tranquilidad de muchos vecinos de los barrios más conflictivos.

Así, esta semana mutó drásticamente la realidad que un colega había resumido en Twitter de un modo genial. "Triste rareza local: es más fácil avistar un helicóptero que un patrullero".

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