Escenario
Sábado 15 de Octubre de 2016

Una puesta sin miedo a la innovación

La famosa ópera de Georges bizet se presenta esta noche en el teatro El círculo en su última función.

La ópera "Carmen" de Georges Bizet, con producción de la Asociación Cultural El Círculo y la colaboración de la Opera de Rosario, volverá a presentarse hoy, a las 20.30, en el teatro El Círculo (Laprida y Mendoza) en su última función. Con esta puesta, que ya se lució en dos funciones anteriores, queda patente que nuestra ciudad se encuentra en un lugar relevante en la producción operística de nuestro país. Hablamos de una puesta inteligente y sin miedo a la reelectura innovadora, con cantantes de primera línea y cuidado trabajo técnico.

   El director escénico, Pablo Maritano, consiguió un equilibrio en este sentido: una escena compacta, discreta, creando un marco ambivalente, una historia que podía ocurrir tanto en España como en algún lugar de América, o sea, en el mundo. Maritano utiliza la metáfora del teatro para contarnos esta historia, los personajes se mueven en un varieté o un cabaret, es el gran teatro de la vida, el gran teatro del mundo. En algunos momentos, como el quinteto de los contrabandistas, del segundo acto, la vida de los personajes se tiñe con aires de comedia musical, un hallazgo que ofrece un respiro entre tanta tensión, y la música chispeante justifica ese tratamiento.

   La visión dramatúrgica de Maritano lleva a hacer algunos cortes. Esto es más notorio en el primer acto —donde suprime el coro de niño y la primera aparición de Micaela, la prometida de don José—, pero en función del relato cierra muy bien. Aunque a los puristas no les guste, la acción gana en intensidad, según la visión del director escénico.

   Esta es una puesta exquisita en todos sus detalles: el burdel del primer acto, con sus escaleras, altísimas y luces cenitales, tiñendo toda la escena de rojo para la habanera de Carmen. Una mujer vestida como la República Española, que deambula entre los parroquianos, nos lleva cronológicamente a la década de 1930. Las pupilas del burdel presentan un cuadro musical en ropa interior y jugando con los símbolos del machismo, algo sencillamente fantástico. Y, como ocurre siempre en el caso de Maritano, hay que prestar atención a los mínimos detalles de su puesta. Por ejemplo, la madame quitando, con agresión, el dinero que un cliente le dio a una de las pupilas, gesto que nos pinta el nivel de explotación a que eran sometidas esas mujeres.

   El segundo acto se desarrolla en el cabaret de Lilas Pastias. Allí se monta una "españolada" entre Carmen, Frasquita y Mercedes, quienes compiten para lograr el protagonismo en la función. La referencia a "Las cosas del querer" es obvia. Y la iluminación de este acto es superlativa. La "Carmen" de Maritano es una mujer "fatal", en el sentido que su vida está signada por la fatalidad. Sabemos desde que sale a escena que no va a terminar formando una familia tradicional. Es una transgresora y es también una víctima. El hombre que se acerque a ella debe estar listo para enfrentar la deconstrucción de sus valores y estilo de vida.

   En cuanto a los cantantes, se disfrutó de un muy buen nivel. La soprano Ivana Ledesma (Micaela) ofrece buenos matices y escénicamente delineó a la abnegada mujer que ama a don José, sin ser correspondida. Enrique Folger, un buen don José, con una voz expresiva, acorde a los requerimientos de la partitura, abordó con solvencia su intervención más esperada: "El aria de la flor".

   La Carmen de Anabella Carnevali causó un gran impacto escénico. Su voz fue ganando en comodidad, logrando momentos muy hermosos, como el dúo del segundo acto, la ominosa aria de las cartas o la intensa escena final, muy jugada dramáticamente. El color oscuro de la voz de la cantante ayuda a la visión que nos ofrece el director escénico. Mario De Salvo, como el torero Escamillo, tiene un buen color y proyección de voz, pero su personaje, uno de los más difíciles de su cuerda, con grandes desafíos, aún debe ser consolidado. Muy acertados estuvieron Lucas Alvarez, como el teniente Zuñiga, tanto como la Frasquita de Laura Martínez y la solvencia de Graciela Mozzoni como Mercedes. Lo mismo puede decirse de los contrabandistas, Daniel Gómez López y Andrés Novero, y también el Morales de Ismael Barrile.

   El coro muy bien marcado se transforma en un personajes más. Además esta ópera le permite lucirse constantemente con intervenciones brillantes, y en este sentido se destacó el trabajo del maestro Horacio Castillo. En el último acto entra el Coro de Niños dirigido por Jorge Ferrari, que tiene un buen desempeño y aporta una bocanada de ternura antes del angustiante final.

   Por la puesta en general corresponde felicitar la decisión de la Asociación Cultural el Círculo para afrontar nuevos desafíos y no tener miedo a la hora de romper tradiciones culturales arraigadas en el campo de la ópera. Sólo ese camino le va permitir al género permanecer en vigencia y continuar hablando a las nuevas generaciones.


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