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Jueves 25 de Agosto de 2011

Una puertita a otra cosa

En los 80 me regalaron el vinilo de “Contraflor al resto” y la música de Chango me atrapó. Su versión de “Maturana” dejó un surco en mi memoria y también en el track del LP.

En los 80 me regalaron el vinilo de “Contraflor al resto” y la música de Chango me atrapó. Su versión de “Maturana” dejó un surco en mi memoria y también en el track del LP.

Entré a la monumental obra del Cuchi Leguizamón a través de aquel sonido de cuerdas de acero de la Obeison acústica y la voz aguardentosa de Farías Gómez. Es más, abrí también una puertita al folclore, en medio de unos años de un pop demasiado leve y optimista. Después supe de los Huanca Huá; no los había escuchado. Supe de la gran controversia en ese momento en que aparecieron, cuando algunos dijeron que eso no era folclore.

Haber introducido la polifonía en el folclore argentino parecía para algunos una verdadera herejía. Sí, ese sonido por el cual una vez Yupanqui, que tenía un humor punzante como un picahielo, dijo que “uno canta y los otros le hacen burla”. Un chiste justo para la misma gente malintencionada que no recuerda cuando don Ata también dijo sobre los Farías Gómez: “Son los únicos que pueden ponerle mostaza al asado sin que pierda el gusto”.

Igual incomprensión había caído sobre Piazzolla y su relación con el tango. Lo increíble fue que tiempo después los dos argentinos tocaron juntos en el Lincoln Center de Nueva York. “Qué fea la imagen de un músico sólo para los asados, es una manera bastante nefasta de verlo; creer que el músico es un vago es como un atropello.

Un músico es alguien importante para un pueblo, rebajarlo y menospreciarlo es un acto realmente aberrante”, dijo Chango hace un par de años en una entrevista con el blog argentinafolclore. Está claro que no habrá olvido para él.

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