Edición Impresa
Lunes 05 de Noviembre de 2012

Una política exterior que no da valor a América latina

Queda claro que América latina sigue fuera del radar de Washington, como se vio en el tercer debate de candidatos, el 22 de octubre, dedicado a la política exterior.  

Queda claro que América latina sigue fuera del radar de Washington, como se vio en el tercer debate de candidatos, el 22 de octubre, dedicado a la política exterior. Una brevísima mención de Romney no sirve para hacer la diferencia. Se pueden dejar de lado, entonces, las evaluaciones sobre qué importancia tendrá para la región una segunda presidencia de Obama o una Romney, dado que ellos mismos no le han dado relevancia al asunto, y dedicarse a estudiar brevemente en qué temas de la agenda exterior se diferenciarán ambos, si es que lo harán.

En el tema más grave, Irán, los dos afirman que respaldarán a Israel ante un conflicto bélico. Pero durante el debate se negaron a responder directamente cuando el moderador les preguntó si considerarían un ataque iraní a Israel como equiparable a un ataque a EEUU, tal como hacía Washington en tiempos de la Guerra Fría con sus aliados de la Otán. Romney sí dijo que un Irán nuclear sería "inaceptable", mientras Obama prometió apoyo para Israel en caso de ataque. Romney subrayó que "un Irán nuclear" sería la máxima amenaza para EEUU; Obama respondió que lo sería "el terrorismo", así, en general.

Queda la impresión de que con Romney Israel tendría más respaldo para lanzar su tan anunciado ataque aéreo sobre las instalaciones nucleares iraníes. También habrá con Romney algo más de gasto militar, pero no se verán operaciones a lo George W. Bush. Los dos continuarán sin dudas con las acciones de los "drones", que operan en el área del Comando Central (CentCom), tanto en la guerra afgano-paquistaní como en el Cuerno de Africa y Yemen. Bajo la presidencia de Obama la flota de drones se multiplicó. Pero estos aparatos resultan tan útiles para desmantelar células islamistas como para consolidar el rechazo de las poblaciones locales a EEUU.

Siria parece ir, más allá de lo que haga o no la Casa Blanca, hacia alguna clase de intervención internacional. Hoy ya actúan en forma encubierta Irán y Hezbolá, a favor de Assad, y Qatar, Arabia Saudita y Turquía, de los rebeldes sunitas. Siria será el primer gran tema caliente que caerá en manos de la nueva administración, apenas ocupe la Casa Blanca el 20 de enero próximo. Romney ha criticado acremente la posición no intervencionista de Obama (además de considerar a Siria la "salida al mar" de Irán), lo que indica que él haría algo más en este brutal conflicto. Propone armar mejor a los rebeldes y probablemente piensa en una participación encubierta de las fuerzas especiales. Una zona de exclusión aérea parece hoy inalcanzable.

Pero es evidente que Irán es el asunto principal: la tensión no puede prolongarse por otros cuatro años sin decantar en algún sentido, sea el colapso del régimen, sea su reforma forzada o el estallido de un conflicto armado. La hipótesis del colapso por el asedio de las sanciones internacionales, que ahora sí están provocando un grave daño (como denota la caída en picada de la moneda iraní) es el escenario más deseable. Sería una implosión más o menos controlada e incruenta de la dictadura clerical, que daría espacio a cierta democratización de Irán. Esto permitiría a su vez recortar las enormes estructuras militares del régimen, que implican gastos que condenan a la población a la escasez más allá de las sanciones, dado que son desproporcionadas con el tamaño de la economía iraní. Esta a su vez es muy ineficiente por su extremo estatismo. Pero si esta opción no se perfila en el horizonte de manera cierta, la alternativa militar cobrará fuerza, tal vez al punto de hacerse inevitable cuando tanto israelíes como occidentales den por realmente inminente la construcción de la fatídica bomba. Como es obvio, un bombardeo podría salvar al régimen, al beneficiarlo con el efecto galvanizador interno y la solidaridad islámica internacional. Israel debería prepararse para una represalia, sea de Hezbolá (lluvia de misiles no guiados, como en 2006) o algo mucho peor (misiles balísticos iraníes). Esto último escalaría el conflicto a niveles peligrosísimos. Aun sin este escenario extremo, la guerra y la clausura iraní del estrecho de Ormuz se sentirían en todo el mundo al reflejarse en el precio del petróleo

En la agenda estadounidense también aparecen la eterna crisis de deuda de Europa y, claro está, la relación con China, tan compleja y tensa. Estos son, en breve, los temas de política exterior que estarán esperando al próximo presidente de EEUU, y no por cierto la Unasur, la OEA, el Alba, Chávez o Cristina.

Comentarios