Policiales
Domingo 28 de Agosto de 2016

Una pelea en un auto, la antesala del homicidio de Fabricio Zulatto

El grupo de amigos del chico asesinado había conocido a Andrés Soza Bernard unos meses antes del crimen. Le compraban droga.

"Yo no sé qué pasó entre Fabricio y Andrés pero sé que discutieron. Al otro día Andrés me mensajeó: «¿Qué le pasa a tu amigo? Tengo ganas de pegarle un tiro»". Un mes antes de que Fabricio Zulatto apareciera muerto con tres disparos en la cabeza en el pozo de un búnker de la zona noroeste, una discusión que mantuvo con un distribuidor de drogas marcó su final. Así lo revela ese mensaje, presagiando la trágica muerte del muchacho, que fue remitido al celular de un amigo de la víctima.
Este joven declaró bajo identidad reservada cuando el joven aún estaba desaparecido y los investigadores buscaban pistas para dar con él. Ese conflicto que precedió al crimen, según plantea la acusación, se dio en el marco de la relación que el muchacho había establecido como consumidor de drogas con el "transero" que lo abastecía: Andrés Soza Bernard, el imputado de ordenar el homicidio y participar de la ejecución.
Desaparición. Fabricio tenía 21 años y jugaba al futsal en Newell's Old Boys. Había terminado el secundario en la escuela Brigadier López y trabajaba con su padre en venta de indumentaria. La tarde del martes 9 de agosto salió de su casa de zona sur en su Volkswagen Gol Trend tras avisarle a su madre que iba a comprar un cargador para el celular y a almorzar con dos amigos. A las 15 le envió un mensaje por WhatsApp a su novia, que estaba de viaje en el exterior. Desde entonces se le perdió el rastro.
Al día siguiente su familia denunció la desaparición. La tarde de ese miércoles el auto se encontró estacionado en Suipacha al 700. Le faltaba la patente delantera y habían adulterado la de atrás. Unas horas más tarde, la madrugada del jueves 11, el cuerpo del joven apareció en el pozo ciego de un rancho frente a las vías de Génova al 2100. Una semana después fue detenido Soza Bernard y trascendió que estaba con libertad condicional por haber asesinado en 2008 a su novia adolescente, lo que hizo crecer la controversia en torno al caso.
En el auto. En la audiencia imputativa el fiscal Adrián Spelta reseñó que, según amigos de la víctima, Zulatto solía trasladar a Soza Bernard hasta el quiosco de drogas de la zona noroeste y éste retribuía el favor pagándole con estupefacientes. En uno de esos viajes ocurrió la pelea que nadie más que ellos presenció y a la que adjudican el fatal desenlace. Fue dentro del auto de Fabricio, cuando volvían hacia el centro desde el mismo búnker donde un mes más tarde lo matarían a balazos.
En ese incidente, para la fiscalía, se ubica el móvil del crimen: "Amigos de la víctima nos dan cuenta de que el conflicto comienza a raíz de una diferencia que tuvieron adentro de un vehículo. Aparentemente, Soza Bernard se sentía perseguido con que le iban a robar", precisó Spelta.
El acusado, licenciado en comercio exterior y estudiante de la Ucel, cumplía en libertad la condena a 13 años por matar a su novia Gabriela Núñez de un tiro en la nuca. Fue en agosto de 2008 en Sucre y San Juan cuando la adolescente de 16 años salía de una clase de inglés.
Cuando declaró en la audiencia oral y pública en su contra, Bernard se presentó como un simple consumidor de marihuana y cocaína que llegó a comprar drogas al mismo quiosco de Génova al 2100 donde, un día después, apareció el cuerpo de Zulatto. Se defendió diciendo que, a cambio de drogas, aceptó "descartar" el auto de la víctima, tal como lo captó un video en la cuadra de Suipacha al 700. Sin embargo, terminó imputado de ordenar el crimen a cambio de 20 mil pesos y de participar de la ejecución en ese mismo rancho bajo una figura que prevé prisión perpetua.
Evidencias. En esa audiencia el fiscal enumeró las evidencias que ubican al acusado de 31 años en el centro de la escena. Entre esos elementos figuran las declaraciones de amigos de Fabricio que orientaron la pesquisa hacia el lugar donde el cuerpo del muchacho fue hallado bajo tierra, con balazos en la cabeza. Esos testimonios revelan que desde hace unos dos meses el grupo mantenía contacto frecuente con Soza Bernard, a quien le compraban droga en la zona del Patio de la Madera.
Uno de ellos fue el primero en conocerlo y les fue pasando el celular del vendedor al resto, entre ellos, Fabricio. Solían encontrarse con él en Vera Mujica y Córdoba, o en Suipacha y Tucumán, a metros del departamento de Soza Bernard. En ocasiones, dijeron, el propio Fabricio acercaba a Andrés en su auto hasta el búnker donde encontraría su muerte. Ese es el contexto que rodeó el caso y en el cual la fiscalía situó desde un primer momento la motivación del crimen.
"Al parecer Andrés Soza Bernard se sentía perseguido con que lo iban a robar", precisó el fiscal.
Primeras pistas. ¿Cómo llegó la pesquisa hasta el lugar exacto donde estaba escondido el cuerpo?Según lo planteado en la audiencia, confluyeron pruebas desde varias vías: el relato de tres amigos de Zulatto, la declaración de un conocido del acusado, los dichos de un "informante" policial y el resultado de los allanamientos. A esto se sumó el testimonio de una suerte de "arrepentido" que admitió haber enterrado el cuerpo.
El primer aporte lo acercaron los amigos de Fabricio, que compartían con él un grupo de WhatsApp. El miércoles 10, cuando se enteraron de la desaparición, salieron por su cuenta a buscar el auto. Uno de ellos, R., lo rastreó en la zona donde solían contactar a Andrés y lo encontró estacionado en Suipacha al 700. Según el fiscal, era un vehículo fácil de ubicar por ser negro con vidrios polarizados y llantas negras.
R. les avisó a sus amigos. El grupo se acercó a un negocio de la cuadra con cámaras de vigilancia y pidió permiso para revisar las imágenes. En el video advirtieron que a las 16.57 de ese día un hombre había estacionado el auto de Zulatto. El conductor bajó por el lado del acompañante y se retiró caminando hacia Santa Fe. Uno de ellos lo reconoció al instante como "Andrés, el que vendía droga".
Siguiendo esa pista los amigos brindaron datos del búnker al que Andrés le suministraba drogas en zona noroeste. Y, casi al mismo tiempo, un "informante de calle" aportó datos similares a la Policía de Investigaciones (PDI).
Spelta describió a ese informante como "un testigo ocular, alguien que presenció este hecho". Esta persona dijo que Fabricio tenía "algún tipo de problema" con un sujeto al que identificó como "Mauro", aunque luego se definió que sería Andrés. Precisó que el incidente había ocurrido "cerca de la Terminal de Omnibus".
El informante indicó que a Fabricio lo habían llevado a una casa de Génova al 2100, la única con portón en la hilera de ranchos. En ese lugar, aseguró, a Fabricio lo habían asesinado y enterrado en el patio. Agregó que esa casa era de Omar Darío "Pilo" M., un cartonero de 30 años que está preso desde hace 20 días como coautor del crimen.
En la escena. En base a los aportes del datero, la policía buscó a "Pilo" a una casa de Renán 225 y en otra vivienda de la misma cuadra donde solía pasar la noche. Allí no lo encontraron, aunque los policías dieron con un vecino que lo conocía.
Según la fiscalía, éste se ofreció a buscarlo. Se subió al móvil y condujo a los investigadores hasta el rancho de Génova al 2100 donde funcionaba un quiosco de drogas. Eran las 3.30 de la madrugada del jueves 11. Se advertían escombros recién volcados sobre una letrina y los pesquisas llamaron a los Bomberos Zapadores para la excavación.
A un metro de profundidad dieron con Fabricio, vestido con una camiseta de Newell's como al salir de su casa. Según el informe preliminar de autopsia, tenía tres heridas de arma de fuego en la cabeza. Dos en los sectores frontal y parietal derechos. Otra en el occipital izquierdo. Y una herida contuso cortante en la zona parietal media. Para la pesquisa, lo mataron a las 17 del mismo martes en que desapareció.
Allí mismo fueron detenidos "Pilo" M. y su amigo José Luis G. Ambos son cartoneros y vendían drogas en la casilla. Según Spelta, G. empezó a contar "espontáneamente" a los policías lo mismo que luego declaró al ser imputado de encubrimiento. Este "arrepentido", que está en libertad, dijo que la tarde del martes sobre las 17 volvía a su casa de la cooperativa de cartoneros donde trabaja cuando se encontró con Pilo y Andrés, que tenía los pantalones manchados con sangre, tapando un pozo en el rancho de calle Génova.
Explicó que Andrés era la persona que les proveía la droga que vendían con Pilo en el rancho. Y dijo que éstos le pidieron que terminara de tapar el pozo donde ya habían comenzado a enterrar a Fabricio. El agregó tres carretillas de tierra.
Ultimo eslabón. "Andrés venía seguido, bajaba la droga y se llevaba la plata. Esa casa la compró él, nos dejaba guardar los caballos ahí. Yo no quería ir más, sentía que algo iba a pasar porque Andrés había dicho que iba a traer a alguien para que Pilo lo matara y le iba a dar 20 mil pesos", añadió.
Este hombre, al que la fiscalía definió como un "último eslabón" en la cadena de venta, también refirió que Andrés había tenido un conflicto con Zulatto un mes atrás por una diferencia dentro de un auto. "Andrés creía que le iban a robar y se sentía perseguido".
La tarde en que se consumó la muerte, según reveló, "Andrés le dio a Pilo el arma para que lo mate. Pilo estaba mal, como excitado. Decía «mirá lo que hice». Andrés le respondió que ese loco le quería robar a él". El detenido Omar "Pilo" M., en cambio, guardó silencio la mañana del sábado 13 en que fue imputado como coautor de un crimen por promesa remuneratoria, delito que prevé perpetua.
Señalado. Hasta ese momento todo conducía a Andrés, pero aún no se sabía quién era. La tarde de ese sábado 13 la fiscalía puso a circular el video donde el sujeto al que buscaban aparece estacionando el auto.
A partir de la difusión se acercó un testigo que, por temor, pidió reserva de sus datos. Identificó por primera vez al hombre del video con nombre y apellido: Andrés Soza Bernard. Lo reconoció "por su fisonomía, la vestimenta y unas zapatillas blancas que usa todo el tiempo". Dijo que vivía en Vera Mujica y Santa Fe, a dos cuadras del lugar donde apareció el auto. Que había estado preso en Piñero por un homicidio, primero obtuvo salidas durante el día y desde hacía poco tiempo estaba en libertad condicional.
"Es un tipo raro, ostentoso, hablaba mucho", describió y además brindó su número de celular. Así se obtuvo una foto de Facebook en la que Soza Bernard aparece con su hermano. El círculo estaba cerrado. Sólo quedaba detenerlo, lo que ocurrió la noche del miércoles 17 en la casa de su madre de Nicaragua al 1100. Le incautaron celulares, 700 gramos de marihuana en tres paquetes y una bolsita de cocaína. Y prendas con manchas de sangre para peritar.
"Está loco". Bajo identidad reservada también declaró un amigo de Zulatto que aludió al conflicto que, para la fiscalía, explica el crimen. Sobre ese quiebre en la relación entre víctima y el sindicado como victimario también habló otro amigo, J., el primero en conocer al proveedor y quien lo presentó al resto de sus contactos. Sólo que Soza no lo conectó con Fabricio porque nunca los vio juntos.
"Este Andrés está loco. Por ahí Fabricio le dijo que no se persiga, de buena onda, y el loco arrancó para cualquier lado", especuló J. sobre la pelea en el Volkswagen.
El mismo día que el jugador de futsal desapareció, Soza le envió un mensaje a J. para avisarle que había cambiado de teléfono. En el celular del imputado, que salió de servicio el día del homicidio, se detectó un "frecuente intercambio de llamadas y mensajes" con Fabricio. Ese nexo, según informes de Claro, comenzó el 1º de junio y duró hasta el día de su muerte: la última llamada que hizo la víctima fue a las 13.40 al celular de Andrés.
Sospechoso crimen Zulatto VIDEO

El incidente que habría precipitado el asesinato
Un amigo de Fabricio expuso como testigo de identidad reservada el incidente que la fiscalía considera como “móvil” del crimen. Contó que en el círculo de amigos tenían contacto desde hacía dos meses con Andrés Soza Bernard. Dijo que lo habían llamado “unas diez veces” porque les parecía “algo desequilibrado” y les daba “cierto temor”. Le compraban en Córdoba y Vera Mujica o en Suipacha y Tucumán. Detalló que “un par de veces” la víctima “lo llevó en su auto” hasta el quiosco donde lo mataron y Andrés “le pagaba con merca” el traslado.
“Una vez pasamos a buscarlo por Suipacha y Tucumán. Dejé mi auto y fuimos los tres en el de Fabricio hasta una villa cerca de donde hallaron el cuerpo. En avenida Travesía, por Juan José Paso hacia el oeste. Ahí Andrés tenía un búnker donde iba a buscar plata. Nos hizo entrar por un sendero de pasto porque no había camino. Estaba todo muy oscuro. Andrés nos dijo «quédense tranquilos que ya saben que llego yo». Por eso digo que este tipo decía muchas cosas, era muy bocón”, relató.

“Andrés bajó, buscó la plata y volvió. Subió al auto y volvimos a Suipacha y Tucumán. Bajé a buscar mi auto, Fabricio y Andrés siguieron en el Gol, ya que nos pidió llevarlo hasta Vera Mujica y Córdoba. A partir de ahí fuimos en dos autos. No sé qué pasó entre Fabricio y Andrés, sé que discutieron y lo bajó en Vera Mujica y Córdoba. Al otro día Andrés me mensajeó. Conocía a Fabricio a través mío, y es como que yo respondía por él. En esos mensajes me dijo «¿qué le pasa a tu amigo? Tengo ganas de pegarle un tiro»”. Supuestamente fue debido a esta discusión”.

“Después de eso —continuó— pasó una semana y cuando volvimos a encontrarnos con Fabricio le dije «no lo llamemos más a este tipo». Fabricio me dijo que no me preocupara, que ya le había bloqueado del teléfono”, siguió. El testigo aseguró que, un par de veces, él mismo llevó en su auto a Andrés hasta avenida del Rosario y Francia, la zona donde viven la pareja del acusado y el hijo de ambos. También precisó que la puerta del lado de conductor del Volkswagen de Zulatto tenía un desperfecto, lo que explicaría por qué Andrés bajó por el lado del acompañante al estacionar el auto en Suipacha al 700.

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