El Mundo
Viernes 19 de Agosto de 2016

Una pelea interminable porque es de bajo costo

La pelea por Venezuela en el Mercosur ya parece de teleteatro. Y ocurre porque es "gratis" pelearse. No se pagan los costos que normalmente se pagarían en la escena internacional.

La pelea por Venezuela en el Mercosur ya parece de teleteatro. Y ocurre porque es "gratis" pelearse. No se pagan los costos que normalmente se pagarían en la escena internacional. Esto es relativo, cierto, porque Brasil podría pasarle alguna factura a Uruguay más adelante. Pero se impone la impresión de que, al no estar disputándose nada concreto y valioso, se usa el micrófono mucho más de lo habitual en diplomacia, y con un repertorio de adjetivos más encendidos de lo que es norma.

Como "de última" no importa demasiado que Venezuea o alguien sea presidente por seis meses de un club paralizado, sin actividades, se hacen planteos, emplazamientos, declaraciones de ida y vuelta. Cuando todo parece apagarse, surgen nuevos estallidos dialécticos que copan los titulares. Ayer fue el turno de la canciller Malcorra, antes fueron uruguayos versus brasileños. Antes, Paraguay, Argentina y Brasil unificando discurso contra Venezuela. De Maduro ya no se cuentan las barbaridades que emite; para él son la vida diaria, así que no "valen" en su boca, a diferencia de lo que pasaría con un presidente normal de un país medianamente normal.

La disputa por la bendita presidencia pro témpore debe tomarse como un termómetro que marca la temperatura sin los habituales velos y barroquismos verbales de la diplomacia. Se escenifica la confrontanción sin filtros, se la exagera incluso, porque, como se dijo, es casi gratis. Lo que lleva a dos conclusiones: a) Sudamérica ha cambiado drásticamente desde los cercanos tiempos de la hegemonía del PT, el FPV y el FA (este, en su versión Pepe Mujica). Este prolongado incidente no hubiera existido hace apenas un año o dos. b) El Mercosur es un auto caro que no anda. Si fuera un organismo funcional, valioso, estas peleas se superarían rápidamente en nombre del pragmatismo y archivando la ideología. Nadie disputa a estos niveles por procedimientos y formas cuando hay intereses comerciales y económicos reales en el medio. No es el caso: el Mercosur parece cada vez más una molestia, uno de esos artefactos costosos que se heredaron y nadie se anima a vender o mandar al desván.

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