Policiales
Jueves 23 de Junio de 2016

Una mujer fue ejecutada de siete balazos en un claro mensaje o vuelto mafioso

Nora Graciela Oroño tenía 54 años y murió al atender la puerta de su casa de zona sur. Sus hijos estaban ligados a un asesinado barra leproso

Nora Graciela Oroño tenía 54 años y ayer, poco antes de las 17, salió a la puerta de su casa de Regimiento 11 al 87 bis, en pleno barrio Saladillo. Segundos antes habían tocado a la puerta y ella, como ama de casa, hizo lo de siempre, asomarse para ver quién era. Sin embargo ella nunca podrá decir quién fue el hombre que al verla le disparó siete tiros sin siquiera preguntarle su nombre. La mató y huyó hacia una moto que lo esperaba en la esquina. La mujer recibió un impacto en la cabeza y los seis restantes en el abdomen y los brazos que alcanzó a levantar para cubrirse.

A la hora de la ejecución algunos alumnos salían del colegio "Nuestra Señora de La Merced", ubicado a 200 metros del lugar, y por Regimiento 11 caminaban varias personas. Un testigo ocasional sostuvo ante La Capital que "lo que vimos fue un tipo en la puerta de la casa, después escuchamos los tiros y el muchacho salió corriendo hacia una moto que lo esperaba en la esquina. Le entregó el arma al otro y se fueron para el lado del barrio Municipal", en referencia al complejo Fonavi que se erige en Lamadrid a la misma altura, es decir a dos cuadras al norte de allí. La moto, dijeron, era una 110 roja tipo Enduro que salió por calle José María Paz a toda velocidad.

Merienda familiar. Nora y su familia llevan ocho años viviendo en la zona y, según los vecinos, "les costaba adaptarse". Residen al fondo de un pasillo de unos 20 metros de largo y según contó su viudo, José Luis, cuando golpearon la puerta su mujer estaba "tomando mates y la leche con sus nietos. Eramos como siete. Tocaron la puerta y le dije a ella que abriera. Un segundo después escuchamos los tiros. Fui corriendo hasta el frente y vi a esos dos que se iban. Grité, qué iba a hacer. Pero todos sabemos quienes son. Son del barrio Municipal", dijo angustiado. Y agregó: "Antes la gente tenía códigos".

Para el hombre el tema es sencillo: "Acá fue un ajuste o nada. Nunca lo voy a saber. ¿Cuánto hace que los pibes del (barrio) Municipal andan por acá? ¿Por qué no los encuentran?", se preguntó. Y como hablando para sí mismo completó: "Podría haber muerto cualquiera. El que abría la puerta era cadáver".

Nora no atinó a nada y donde le tiraron cayó sin vida. El frente del pasillo era una sola mancha roja de sangre que sus hijas trataban de limpiar con un balde plástico, una escoba y mucha agua, con la naturalidad que impone la muerte inesperada.

Hijos en problemas. Según trascendió oficialmente, Nora tenía un antecedente menor por estafa con tarjetas de crédito y su único error grave parece haber abierto ayer la puerta de su casa. Sin embargo, sus hijos varones siempre anduvieron en problemas y a uno de ellos lo mataron en 2013.

Eduardo Marcelo Yosti tenía 27 años y dos antecedentes penales por tentativa de robo calificado y robo agravado de 2003 y 2004. El 21 de enero de 2013 el muchacho estaba trabajando en una casa en construcción ubicada en Olegario Víctor Andrade al 2300. Entonces salió para comprar cigarrillos y caminó en dirección a bulevar Oroño. Luego de cruzar Alvear, y cuando ya se aproximaba a la esquina de la avenida, recibió tres disparos de arma de fuego que le perforaron la espalda.

Malherido, Yosti se desplomó sobre el pavimento. Pero con las fuerzas que le quedaban se incorporó y llegó por sus propios medios al hospital Roque Sáenz Peña, distante a unas 15 cuadras de donde había sido baleado. En el centro asistencial los médicos comprobaron que los proyectiles le habían perforado la ingle, el abdomen y la región escrotal. Yosti fue derivado al Hospital de Emergencias, donde luego de una operación murió horas más tarde.

En tanto su hermano, Gerardo Yosti, corrió distinta suerte. El 14 de marzo de 2014 agentes de la ahora disuelta División Judicial de la policía rosarina llegaron a una casa de Uruguay al 3900, en el barrio Alvear. Buscaban a Juan Domingo Ramírez, un integrante de la banda de Los Monos que actualmente está preso y que había protagonizado una escandalosa fuga de Jefatura con la presunta complicidad policial. Al hombre no lo encontraron, pero se toparon con un laboratorio de drogas y secuestraron 16 kilos de cocaína y dos armas de fuego además de apresar a tres personas.

Cuestión de familia. Gerardo fue uno de los detenidos en ese procedimiento. Las otras apresadas fueron dos mujeres, de 24 y 32 años, identificadas como Gisela y Silvana Franchetti, puestas a disposición de la Justicia Federal. Ambas eran hermanas de Matías Hernán Franchetti, conocido como "Cuatrerito", un hombre que murió de ocho disparos en la puerta del estadio de Newell's Old Boys el 7 de junio último.

Pero en aquel 2013 Franchetti estaba preso en Portugal implicado en la causa "Carbón blanco", un proceso que investigó el contrabando a Europa de cerca de una tonelada de cocaína camuflada en contenedores de carbón vegetal embalados por una empresa creada a tal fin en la provincia de Chaco.

Estas situaciones atravesadas por los hijos de Nora, dieron pie a los investigadores para esgrimir ayer dos hipótesis de trabajo: la primera es que tal vez la muerte de la mujer tuviera alguna conexión con la muerte de "Cuatrerito" Franchetti por algunos negocios cruzados o delaciones. La otra, que la muerte de Nora Oroño fuera un ajuste de cuentas por temas ligados al narcotráfico. O bien que tanto una como otra tuvieran un mismo objetivo: aviso y venganza.

José, el viudo de Nora, descartó las dos teorías. "Esto es siempre lo mismo. Te matan y ya está".

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