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Miércoles 09 de Enero de 2013

Una movida brillante para un mundo previsible

Nadie se lo esperaba. No se filtró ni una sola palabra.

Nadie se lo esperaba. No se filtró ni una sola palabra. Como escribió el crítico Alexis Petridis en el diario The Guardian: "En esta era de rumores de Twitter, deberíamos celebrar que una de las mayores estrellas de rock todavía pueda sorprender... por el solo hecho de sacar un disco". Y así fue. La verdad es que a David Bowie lo dábamos por retirado. Las últimas esperanzas se habían desvanecido cuando finalmente no apareció en gala de los Juegos Olímpicos del año pasado. "¿Qué pasa con Bowie? ¿Qué estará haciendo?", nos preguntábamos, mientras revisitábamos aquellos discos que cambiaron nuestra forma de ver el mundo y la música. Un concepto, sin embargo, estaba más que claro: si al Duque Blanco se le cantó desaparecer, cual Greta Garbo, está bien. ¿Quién podría pedirle más a un artista que transformó el rock y la vida de millones de personas? Absolutamente nadie. Pero acá estamos. Y parece mentira. De un día para el otro escuchando una nueva canción del gran camaleón... El tema de difusión es una balada melanco y reflexiva, pero para medir el regreso habrá que esperar el disco completo. Por el momento reina la cautela, más teniendo en cuenta que los últimos trabajos de Bowie, desde "Hours" hasta "Reality", fueron francamente flojos. Mientras tanto, nos quedamos con la sensación de la que movida del regreso fue brillante: al menos un poco de magia, esa magia que siempre tuvo Bowie, para sacudir este mundo previsible.

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