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Viernes 29 de Abril de 2011

Una metáfora del acontecer docente

Carga o alegría? Acerca de cómo se encara a diario el oficio de enseñar. “El probador de imagen”, un recurso al que apela una escuela argentina para mejorar la convivencia.

Quiero compartir con el lector o lectora una curiosa iniciativa del director de la escuela pública El Molino (provincia de Mendoza), mi querido amigo Horacio Muros. Un director que cada mañana espera a los docentes de la escuela a la puerta de entrada para brindarles un saludo y desearles una buena jornada de trabajo y convivencia.

Creo que esa tarea de crear un buen clima en el centro ha de ser una de las preocupaciones más apremiantes de un director escolar. Porque no es igual acudir al trabajo con pesimismo, como quien se echa a las espaldas una carga, que como quien afronta la privilegiada tarea de alumbrar el camino a quien está en la oscuridad. (Qué significativo es el lenguaje con el que nombramos las cosas. Hablamos de “carga docente”. Una carga es un fardo pesado. Y decimos “liberación de docencia”, es decir, librarse de esa carga...).

Mi buen amigo Horacio me envía un correo en el que me cuenta que han instalado en la sala de profesores y profesoras un probador de imagen. Me dice Horacio: “Estamos iniciando las actividades de la escuela
y quiero compartir con vos la idea de instalar un probador de imagen en la sala de docentes. Setrata de un espejo que tiene dibujada una sonrisa. Todos los docentes, incluido el equipo directivo, tienen que pasar por ese lugar y los invitamos a que se reconozcan en el espejo, provocando algunas risas y admiraciones”.

En ese correo me dice Horacio: “Nuestra escuela, de nombre oficial El Molino (por el barrio en el que está inserta) da respuestas educativas a un contexto de vulnerabilidad y de exclusión. Se nos hace difícil muchas veces hacer más humano lo humano en medio de tantas desigualdades, injusticias e incoherencias. Nos toca mover la muela de un pesado molino que tritura desarrollando y haciendo crecer a las personas.
Para esto es necesario tener una actitud y una predisposición. No buscamos una sonrisa forzada en los docentes que oculte la realidad de nuestros alumnos, sino la alegría del saber que podemos ayudar a que otros tengan y sostengan una existencia más digna y poder darles motivos para que aspiren a una mejor calidad de vida. Creemos que el vínculo que se establece entre el educador y el alumno determina el hecho educativo, de la necesidad de vernos la cara y reconocernos a la hora de ir al aula”.

La actit ud en la ta rea. Creo que Horacio aborda en esta experiencia y en la reflexión que la acompaña una cuestión de capital importancia. Me refiero a la actitud con la que se afronta la tarea de la educación. No se puede realizar satisfactoria y eficazmente este trabajo sin llevar a él un ánimo optimista. Compadezco a los docentes a quienes se les hace cuesta arriba el camino de la escuela, a quienes se lamentan de la época que les ha tocado vivir, a quienes despotrican sin cesar de autoridades, compañeros y alumnado, a quienes sueñan con el día de la jubilación, a quienes se lamentan sin cesar del trabajo elegido (o impuesto por las circunstancias).

Les decía a un grupo de nuevos funcionarios en Murcia: si no podéis hacer lo que amáis, sí podéis amar lo que hacéis. Digo esto porque algunos que hubieran querido ser químicos, o matemáticos o filósofos, se han convertido, por aquello de la necesidad de vivir, en profesores de química, de matemáticas o de filosofía. ¿Qué culpa tienen sus alumnos y alumnas de que la nota de corte fuera alta o de que haya escasez de
puestos de trabajo en el mercado laboral?

Compadezco aún más si cabe a los alumnos y alumnas de estos malhumorados docentes. Es muy duro trabajar con personas sádicas, pero creo que es peor soportar a personas masoquistas. Caras y ánimos. Cada vez que pienso en los miles de personas que están anhelando un puesto de trabajo en la educación y veo a quienes maldicen la tarea que están haciendo pienso que sería estupendo para todos ofrecerles
una jubilación anticipada. Ellos disfrutarían de su inactividad docente, los alumnos se librarían de una condena y los nuevos docentes disfrutarían de su condición de educadores.

El probador de imagen que hancolocado en la sala de profesores de la escuela El Molino es una metáfora del acontecer docente. La cara que se coloca delante del probador es la que éste devuelve a quien en él se mira. Quien llega con un gesto amargo verá reflejada su amargura en el espejo. Sería de necios echarle la culpa al espejo por esa devolución de imagen tan triste. Y sería un error de bulto pretender mejorar el estado de ánimo del que se mira haciendo la cirugía en el espejo.

Hablo de una sonrisa que nace de dentro, que fluye del interior como un eco de la satisfacción de quien luego la proyecta y la hace visible a los demás. No hablo de una sonrisa forzada, de una máscara que sólo tiene la virtualidad del engaño.

Hay quien espera que las circunstancias externas (los jefes, los compañeros, los alumnos, los padres, las condiciones, los sueldos...) hagan que broten las sonrisas, olvidando que es el dinamismo interior, la sana autoestima, la riqueza de los afectos, la valoración de la tarea, la relación con las personas, el esfuerzo renovado, la capacidad de autocrítica y el compromiso con la mejora lo que nos hará sonreír de forma auténtica y duradera. En definitiva, lo que nos hará más felices, a pesar de todos los problemas, a pesar de todos los pesares.

[!] Artículo publicado en el blog: blogs.opinionmalaga.com/eladarve y reproducido con autorización del autor.

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