Tragedia aérea en Colombia
Miércoles 30 de Noviembre de 2016

Una larga cadena de errores terminó causando la tragedia de Chapecoense

Cambio de aviones, autonomía de vuelo limitada y una extraña demora del vuelo configuraron el desastre en Medellín.

Una cadena de errores causaron la tragedia de Medellín. La delegación del club de fútbol Chapecoense debió llegar el lunes en la tarde a Colombia procedente de San Pablo en un Airbus 320 fletado y por una desautorización de la autoridad aeronáutica brasileña tuvo que hacer escala en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) y embarcarse allí en un avión que tiene una autonomía de vuelo limitada. Allí comenzó una cadena de errores que terminó con una tragedia aérea que costó la vida a 71 personas.

Aviones del tipo Airbus 320, como el que no pudo finalmente contratar el Chapecoense para viajar hasta la ciudad colombiana de Medellín desde el aeropuerto de Guarulhos, en San Pablo, tienen una autonomía de vuelo de más de siete horas. La Agencia de Aviación Civil (Anac) de Brasil desautorizó la partida del Airbus de ese país para cumplir el trayecto directo hasta Medellín.

La misma aeronave condujo a la delegación hasta Santa Cruz de la Sierra para fletar una aeronave de la empresa de chárter Lamia (Línea Aérea Mérida Internacional de Aviación), una compañía anónima de capital venezolano nacida en 2009 en el estado de Mérida, aunque opera desde Bolivia. Las leyes aeronáuticas establecen que los vuelos privados deben tener matrícula del país desde que se parte o al que se llega. Horas después, partieron desde el aeropuerto internacional Viru Viru, de Santa Cruz para llegar a Medellín finalmente y comenzar a pensar en el partido contra el Atlético Nacional, que se debía disputar en el estadio Atanasio Girardot y que significaba la ida de la final de la Copa Sudamericana.

La travesía duraría unas cuatro horas y la delegación debería llegar a su destino antes de la medianoche en el avión de la compañía Lamia, un British Aerospace 146 (Avro RJ), cuya fabricación británica data de los años 90 y que es llamado así en el ámbito aeronáutico por tratarse de un regional jet, diseñado para cubrir distancias cortas.

El avión siniestrado estaba al mando del capitán Miguel Quiroga, dueño de la empresa de charter. Expertos en seguridad aeroportuaria no se explican cómo esta aeronave fue empleada para cubrir la distancia de 2.265 kilómetros aproximadamente que separan a Santa Cruz de la Sierra y el aeropuerto José María Córdova de Medellín, situado en el vecino municipio de Rionegro. Es casi la misma autonomía de vuelo que tienen los RJ, como el siniestrado hacia las 22 hora local del lunes del martes) a pocos kilómetros de su destino, en el cerro El Gordo. Hace unos veinte años, aviones como estos fueron devueltos a su fabricante por la cerrada compañía aérea SAM (Sociedad Aeronáutica de Medellín). Por entonces, los directivos de SAM, que en 2010 se fusionó con Avianca, argumentaron que eran de bajo rendimiento, pues apenas llegaban a Aruba y Curazao, y no tenían capacidad de ir hasta Miami.

"Los protocolos de seguridad aeronáutica plantean que una aeronave debe tener suficiente combustible para llegar a su destino, pero también, para experimentar una espera eventual y, además, para ir a aeródromos alternos, en caso de presentarse una emergencia", declaró un directivo de la Aeronáutica Civil de Colombia.

Otro eslabón de la cadena de errores que terminó por condenar a la muerte a 71 pasajeros del avión de Lamia de matrícula CP2933 no ha sido divulgado aún por la Aerocivil. A la misma hora en que se aproximaba a su destino, se presentó una emergencia en el aeropuerto de Rionegro. Un avión Airbus 320, el mismo que fue negado a los brasileños para cumplir su cita con el Atlético Nacional en el partido de ida de la final de la Copa Sudamericana, recibió prioridad para aterrizar por una fuga de combustible. La nave de la aerolínea Viva Colombia venía procedente de Panamá y logró sortear sin más problemas su incidente.

Entretanto, el RJ85 de Lamia, que llegaba con el combustible justo, quedó incorporado en espera hasta recibir la orden de aterrizar o trasladarse a un aeródromo cercano.

Los primeros indicios sugieren que el piloto del avión boliviano también debió pedir la ruta más rápida para aterrizar en el aeropuerto de destino. Al desconocimiento de la situación por parte de los controladores, que nunca recibieron la declaración de emergencia, siguió el desconcierto absoluto. Sin combustible, se generaron los problemas eléctricos, porque se apagaron los generadores.

Características de la nave

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