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Lunes 09 de Febrero de 2015

Una investigación en aprietos

Despropósito inconcebible. Escuchas telefónicas que revelaban una maniobra para aliviar la situación del procesado por un resonante crimen no eran conocidas por la fiscal del caso. Una grave omisión que necesita ser explicada con urgencia.

La rueda de reconocimiento en la que la viuda de Diego Demarre no señaló a Guille Cantero como autor del asesinato de su esposo se realizó a las 10 de la mañana del 29 de diciembre del año pasado. Las escuchas telefónicas que anticipaban desde cinco meses antes cómo el entorno de Guille Cantero preparó ese trámite, pagando supuestamente a la mujer del difunto para que lo favoreciera, entraron al Juzgado de Instrucción 13, donde estaba esa causa, también el 29 de diciembre, aunque casi tres horas después: a las 12.45. Es decir que ese material probatorio elaborado para la acusación estuvo disponible cuando a la fiscal ya no le servía. Para ese entonces la medida que proporcionó alivio al procesado por asesinar a Demarre ya era un hecho consumado.

Ese es un inconcebible despropósito que deberá ser explicado. Pero igualmente esas escuchas estaban anexadas desde el 31 de octubre a la causa 913/12, la conocida como causa de Los Monos, en el Juzgado de Instrucción N°5. Intervino para incorporarlas al trámite el secretario penal de ese juzgado.

Esta circunstancia no ha sido desmentida. Las escuchas estaban dos meses antes del reconocimiento y los fiscales no sabían. Y nadie se considera responsable. Los funcionarios judiciales no le deben explicaciones a un periodista ponzoñoso. Son funcionarios públicos y estos son asuntos públicos de superlativo interés público. Hacen al orden público.

El fiscal de la causa desde septiembre, Gonzalo Fernández Bussy, que actúa en la llamada Causa Monos, aseguró a sus superiores que a él no lo notificaron nunca de la incorporación de las escuchas.

Tampoco lo sabía la fiscal Cristina Herrera, la de la causa Demarre. Ella no actuaba desde septiembre en la llamada Causa Monos cuando pidió que la apartaran de allí. Es decir que no estaba en contacto con el sumario donde, en el cuerpo 83, se añadieron las escuchas.

La situación demuestra un serio quebranto de coordinación en los hechos de los jueces (que en el sistema penal antiguo investigan y acusan) con los fiscales (que deben hacer lo mismo) cuando todas las causas relativas a Los Monos, consideradas de primera prioridad persecutoria, deben estar interconectadas. El material probatorio gestado con mucho esfuerzo era un elefante en una pieza. En este caso, al menos, se fue por la rejilla.

Guille Cantero está procesado por el homicidio calificado de Diego "Tarta" Demarre, ejecución de seis balazos ocurrida el 27 de mayo de 2013 en Maipú y Seguí. Demarre manejaba una Peugeot Partner que fue emboscada por dos vehículos. A su lado iba Betiana Quintana, su mujer, quien dijo no haber visto a los autores.

Pero en diciembre Betiana amplió su testimonial diciendo que las personas que estaban presas no eran las responsables del asesinato de su esposo. Lo hizo, inusualmente, presentada por el abogado de quien está procesado como su matador, Carlos Varela. Luego este abogado pidió un reconocimiento. Allí estuvo Guille y no fue reconocido.

El 25 y 27 de agosto se realizaron escuchas a un preso de la cárcel de Piñero donde Guille Cantero, supuestamente, cuenta que había pagado para que "la Gorda Betiana" favoreciera a los tres que estaban detenidos por el crimen de Demarre.

Si ese material hubiera estado en su conocimiento, asegura la fiscal Herrera, jamás habría consentido ni la ampliación de testimonial de la viuda ni el reconocimiento que luego autorizó el juez Luis María Caterina. "No lo habría hecho ni loca", fueron sus palabras.

Pero lo inexplicable hasta ahora es que ese contenido esencial estaba en Instrucción Nº 5 sin que nadie, según los fiscales, hubiera avisado. La magistrada a cargo de ese juzgado en ese momento en el sistema conclusional, Alejandra Rodenas, defiende no haber estado en ese momento en control del expediente Monos. El juez que instruyó ese caso inicialmente, Juan Carlos Vienna, afirma que si él hubiera estado las escuchas no se habrían incorporado al expediente en Instrucción 5.

¿Cómo puede ser, en el mejor de los casos, una tan dañosa falta de comunicación entre jueces y fiscales, cuando además las causas que involucran a los integrantes de la banda de Los Monos aparecen como de urgente esclarecimiento? Además en esas escuchas surgen elementos muy atractivos para aclarar otros delitos presuntamente ligados al mismo entorno. Por ejemplo homicidios de miembros de la familia de Luis "Pollo" Bassi.

La llamada Causa Monos volvió al control del juez de Instrucción 4, Juan Carlos Vienna, cuando la Cámara Penal no aceptó su apartamiento, el 15 de diciembre. Cuando leyeron allí el material añadido en los casi dos meses que el sumario estuvo en otro juzgado advirtieron, según afirma Vienna, las nuevas escuchas. El 29 de diciembre este tribunal cursó copia de ese material a todos los ámbitos que podían tener interés penal por causas ligadas a Los Monos: la Fiscalía Federal 3, los juzgados de Instrucción 10 (por la causa del asesinato de Sergio Pared), Instrucción 5 (por el atentado a Antonio Bonfatti) e Instrucción 13° (por el homicidio de Demarre).

El asesinato de Demarre es un hecho en donde el entorno de los Cantero aparece escuchado hablando en tiempo real tanto de la concepción de su homicidio como de los resultados una vez que fue concluido. Los detalles alucinantes de la ejecución fueron divulgados ampliamente por la prensa. En una resolución original y muy bien sustentada, la jueza Rodenas consideró hace ocho meses que el motivo fue vengar el crimen de Claudio "Pájaro" Cantero. Por eso procesó a su hermano Guille Cantero por homicidio calificado.

Ante el desatino de la investigación penal con las escuchas parece inconcebible que la fiscalía consintiera el inminente pedido de sobreseimiento para Guille Cantero. Fuentes de la Fiscalía de Cámara adelantaron que se podría pedir la nulidad del reconocimiento a la luz de las escuchas que sugieren que estas responden a un acuerdo económico con la testigo -la viuda de la víctima- para que cambiara su declaración.

Algunas fuentes de la investigación, que no son todas, consideran que los elementos probatorios contra los Monos en el caso Demarre no alcanzarían para una condena, en lo que sería un juicio oral. La hipótesis explícita que guió a los poderes Judicial y Ejecutivo es que la furibunda violencia criminal que azotó a Rosario en especial desde 2012 tiene mucho que ver con los negocios criminales de los Cantero. Si esto es así en este caso aun sin probabilidad razonable de éxito en un juicio oral al Estado debe interesarle ventilar este caso. Y no que todo el cuerpo de indicios abundantes gestados en este caso se vayan al fregadero por una estrategia defensiva que, parece evidente en las escuchas, fue alumbrada en la cárcel. Y ayudada, por omisión, desde los encargados de acusar. No es buscar la quinta pata al gato. Es apenas un problema jurídico y político de primer orden.

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