Cartas de lectores
Martes 14 de Junio de 2016

Una guerra sin destino

Cuando la generosidad le gana al resentimiento. También así podría haber titulado esta carta inspirada en la noble actitud asumida por los ex combatientes de Malvinas...

Cuando la generosidad le gana al resentimiento. También así podría haber titulado esta carta inspirada en la noble actitud asumida por los ex combatientes de Malvinas, que lejos de estar animados por un espíritu revanchista, ayudan desinteresadamente a sectores necesitados de la sociedad. Después del 14 de junio de 1982, en que se produjo el final de la desigual contienda en la que perecieron 649 soldados argentinos, los sobrevivientes regresaron a sus hogares. No fue un "regreso sin gloria"; fue un regreso sin eco y con olvido, realizado en el marco de una injusta falta de reconocimiento. Reconocimiento a los conscriptos que sin experiencia y sin medios, lucharon en las gélidas islas contra una de las fuerzas más poderosas del mundo; reconocimiento al coraje de los pilotos argentinos. Después de 74 días de pesadilla, la odisea vivida y la memoria de las víctimas del ARA General Belgrano comenzaban a perderse en las brumas de la más dolorosa indiferencia. Y mientras en las trincheras heladas y barrosas de las sureñas islas, aún sobrevolaba el horror y el sacrificio vivido por los jóvenes conscriptos, en el continente muchos estábamos más interesados en saber si Alemania o Italia sería el campeón del Mundial de España. Como es sabido, a lo largo de los años más de 300 ex combatientes se suicidaron, acorralados por el desamparo espiritual y material. Lentamente los gobiernos fueron tomando conciencia de la injusticia cometida y decidieron otorgar condecoraciones, subsidios, pensiones vitalicias y otros beneficios; asimismo, la sociedad argentina comenzó a respetar a los veteranos que combatieron en el distante archipiélago del Atlántico Sur. Es bien conocida la acción solidaria que desde hace dos decenios despliega el Centro de Ex Combatientes de Malvinas en Rosario. Los veteranos han construido una especie de feliz paradoja, porque lejos de estar ofendidos por el destrato sufrido y reaccionar en consecuencia, están siempre dispuestos a dar un plato de comida caliente al prójimo desvalido de la calle que lo necesita; además colaboran en las procesiones, y en la recolección y traslado de ropa y alimentos destinados a zonas que han sufrido algún desastre natural; un proceder conmovedor para tomar como valioso ejemplo. Alguna vez el señor José Rijón, el primer presidente del Centro, dijo que "cargaban con una derrota"; en realidad, sólo cargan con el infortunio de haber sido enviados a una guerra sin destino.

Edgardo Urraco

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