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Jueves 04 de Septiembre de 2014

Una goleada para ganar tranquilidad

Fue el debut ideal para Gerardo Martino. Hacerle 4 goles al campeón del mundo en su casa es cuanto menos una presentación auspiciosa.

Fue el debut ideal para Gerardo Martino. Hacerle 4 goles al campeón del mundo en su casa es cuanto menos una presentación auspiciosa. Sin dudas, el Tata fue el gran ganador del partido jugado en Düsseldorf. El entrenador se ganó varios meses de crédito. Podría asegurarse que contará con el guiño de jugadores, pueblo futbolero y periodistas hasta la Copa América del año que viene en Chile. No obstante, no debería sacarse el foco de lo verdaderamente importante. Los partidos amistosos son sólo eso: aprontes, retoques, conocimiento... Y cuando aparecen resultados como el de ayer, el combo se completa con el rubro convencimiento.

Con lo relativo que es analizar un partido amistoso, es imposible no establecer una comparación con la final del Mundial. Hace apenas un mes y medio Alemania le ganó a Argentina en el Maracaná por los puntos que más valen: los de la final de la Copa del Mundo. Ayer se vio una selección argentina extrañamente predispuesta al juego de conjunto, muy ofensiva, con mucha explosión y escasa dependencia de una figura excluyente. En ese marco, sobresalió la gran actuación de Di María. Sí, la pregunta es obvia. ¿Qué hubiera sido de la final del Mundial si jugaba Angelito? Son sólo suposiciones, presunciones. Brasil 2014 ya tiene sentencia.

Y es por eso también que a pesar de la calidad amistosa del partido, el contraste genera un montón de sensaciones extrañas. El Tata está ante un gran desafío que no es su responsabilidad pero sí una herencia pesada. Desde 1990 hasta aquí, Argentina volvió a convertirse en el campeón moral del fútbol mundial. Les gana a todos en cualquier cancha. Pero a la hora de los bifes, el equipo queda a mitad de camino. O en la puerta. Una de las sensaciones extrañas que genera el resultado de ayer es  fastidio porque la comparación es insoslayable. Argentina sólo gana partidos. Cambiarlo es el gran desafío de Martino.

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