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Viernes 01 de Agosto de 2008

Una espera que desespera

La primera vez que pedí una consulta con el destacado médico Carlos Lorente la secretaria de su consultorio me dio un turno para un viernes a las 9.30 y a renglón seguido me aclaró: “Tiene que estar cinco minutos antes porque el médico es muy puntual”. Pensé que esa advertencia era simplemente una formalidad...

La primera vez que pedí una consulta con el destacado médico Carlos Lorente la secretaria de su consultorio me dio un turno para un viernes a las 9.30 y a renglón seguido me aclaró: “Tiene que estar cinco minutos antes porque el médico es muy puntual”. Pensé que esa advertencia era simplemente una formalidad ya que estoy acostumbrado, como todos, a soportar en la mayoría de los casos exageradas esperas cuando voy a una consulta médica. Llegué 10 minutos antes de la hora indicada: a las 9.20 estaba sentado en la sala de espera, un par de minutos después salió un paciente del consultorio y a las 9.30 en punto Lorente pronunció mi apellido.

En consultas posteriores comprobé que no había sido un hecho fortuito, sino que este profesional siempre respeta con suma rigurosidad el horario de los turnos, un gesto que no se ve a menudo en la práctica médica.

Ni el médico ni el paciente desean tener que esperar, nadie quiere malgastar su tiempo, por eso todos deberíamos ser respetuosos de los horarios. Es tan valioso el tiempo de los profesionales como el de los pacientes.

Obvio que uno debe contemplar que un médico muchas veces debe asistir a una emergencia o extender más tiempo una consulta frente a un caso que así lo requiera. Pero, seamos sinceros, no es ésta precisamente la principal causa de las largas esperas. Estas tienen más que ver con que el profesional llega habitualmente tarde al consultorio o porque se sobrecarga de turnos, y así las demoras se arrastran durante toda la jornada. Consecuencia: si te dieron un turno para las 17.20 es más que probable que no entres antes de las 18. Ya está institucionalizado así, y a nadie le sorprende. Uno va a muchas consultas médicas ya sabiendo de antemano que su turno no será respetado.

Y si definitivamente son irremediables estas esperas, aunque sea deberían ser menos incómodas: las salas podrían ser más confortables, con sillas para todos y, principalmente, tendrían que renovar periódicamente la oferta de revistas para los pacientes. No puede ser que siempre sean viejas y poco interesantes. ¡Por favor!

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