La ciudad
Viernes 14 de Octubre de 2016

Una escuela que se pone de pie contra la violencia y el prejuicio

Está en barrio Triángulo, un sector jaqueado por la inseguridad. Ayer recordaron a uno de sus alumnos que fue asesinado hace 2 semanas.

En los salones de la escuela Nº 514 Madres de Plaza 25 de Mayo sonaba ayer fuerte la cumbia. Y los profesores desafiaban a jugar al fútbol tenis o a las cartas. El día hubiera sido perfecto si la lluvia no impedía pintar, en el patio, el mural que los alumnos del turno mañana estuvieron bosquejando toda la semana. Pero ya habrá otra oportunidad. La jornada es una tradición para festejar el Día del Estudiante, pero este año sirvió también para recordar a Alberto Ruiz, un pibe de 18 años que cursaba el 4º año del secundario del colegio de barrio Triángulo.

El primer domingo de octubre, Alberto volvía de jugar al fútbol cuando le dispararon y lo mataron en la zona suroeste de la ciudad. El tirador iba en un auto blanco que, ese mismo día, apareció en la escena de otra balacera. Hoy, familiares, docentes y compañeros de Alberto se manifestarán frente a los Tribunales Provinciales para exigir justicia (ver aparte).

Ayer, en cambio, fue una mañana para reflexionar, compartir y alejar la pena. "La muerte de Alberto fue muy dura. Era un chico que estudiaba, que estaba en el sistema. El disfrutaba mucho de estos festejos y así quisimos recordarlo", resume Guillermo Monsalve, profesor de historia y uno de los impulsores de la movida que transforma todos los años la rutina escolar.

A la escuela Madres de Plaza 25 de Mayo concurren unos 400 alumnos de la extensa barriada limitada por avenida Perón, Avellaneda y Circunvalación. Allí cursan el secundario con especialización en arte y en economía y gestión. Las galerías y el patio del colegio están adornados de los murales pintados por los pibes. En las próximas semanas se sumará otro, uno que rendirá homenaje a Alberto.

Contra los estigmas. Sus docentes lo recuerdan como "el chico que se sentaba en los primeros bancos del aula, un buen alumno, buen compañero, muy estudioso, responsable y siempre trabajador".

Por eso, dicen, su muerte fue tan sentida; y también por eso el dolor fue doble cuando su crimen se vinculó a un ajuste de cuentas. "Como docentes, queremos darles a los chicos un mensaje esperanzador, decirles que pueden confiar en la Justicia. Por eso pedimos que no se hagan juicios anticipados, ni estigmatizar a las víctimas", advierten.

Muchos de los docentes y compañeros de Alberto estuvieron en su velatorio. La despedida se improvisó en el comedor de la casa de su familia, un hogar de trabajadores sumamente humilde y cuidadoso de sus niños. "Alberto podría haber sido mi hijo o el hijo de cualquiera", afirman sus profesores.

La peor inseguridad. "Empecé a trabajar en esta escuela hace dos años. En una de las primeras clases les pregunté a los chicos quién tenía un vecino, un amigo o un familiar que no haya tenido una muerte natural. Y todos los pibes levantaron la mano", recuerda Diana Sanguineti, docente de Formación Etica en segundo año.

La anécdota le sirve para ilustrar la realidad con la que conviven sus alumnos. "Desde muy chicos están en un ambiente muy hostil y sufren la peor inseguridad", señala.

Una realidad que golpea al barrio y se lleva las vidas jóvenes. Como la de Alberto.

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