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Sábado 12 de Diciembre de 2009

Una enseñanza para construir un proyecto de vida en libertad

En el ancho pasillo decorado con dibujos esperan las sillas vacías. Todo está preparado cuando se abre la puerta de la sala 2 y un grupo de chicos se asoman para para participar del acto de fin de curso de la escuela primaria, que funciona en el Instituto de Rehabilitación del Adolescente Rosario (Irar), de Saavedra y Cullen. Con el buzo de Central, el diploma en la mano y abrazado a sus maestras, Joan confiesa: "Esto demuestra que se puede, porque quise termina la escuela y lo hice".

En el ancho pasillo decorado con dibujos esperan las sillas vacías. Todo está preparado cuando se abre la puerta de la sala 2 y un grupo de chicos se asoman para para participar del acto de fin de curso de la escuela primaria, que funciona en el Instituto de Rehabilitación del Adolescente Rosario (Irar), de Saavedra y Cullen. Con el buzo de Central, el diploma en la mano y abrazado a sus maestras, Joan confiesa: "Esto demuestra que se puede, porque quise termina la escuela y lo hice".

El esfuerzo de las maestras que dan clases en un contexto de encierro es retribuido a cada instante por los abrazos y aplausos de los pibes del Irar. En una de las paredes del instituto, un cartel desafiante invita a reivindicar la experiencia educativa del Irar: "Todos aprendemos de todos".

La escuela en ese lugar cobra una importancia fundamental para los chicos. Una frase de Paulo Freire sirvió como puntapié para comenzar la ceremonia, aquella que decía que "es imposible enseñar sin la valentía de los que insisten mil veces antes de desistir". La tenaz tarea de docentes y alumnos tuvo su recompensa cuando Joan y Carlos —de los casi 40 adolescentes alojados en este instituto— recibieron sus diplomas que certifican que terminaron sus estudios primarios.

"Es muy reconfortante para nosotros que los chicos, pese a la situación en la que están, quieran participar e ir a la escuela", expresa Karina Fernández, quien junto a la docente Silvina y la acompañante juvenil Mabel se animó a bailar una chacarera con los chicos.

El aprendizaje de la convivencia, la identidad y el respeto son algunos de los puntales en los que trabajan las docentes y directivas de la escuela, apoyados en su tarea cotidiana por un grupo de 18 personas que acompañan el tránsito por el lugar de estos adolescentes en conflicto con la ley. Prueba de esta labor son los distintos proyectos educativos desarrollados este año, y reseñados en un video proyectado en el acto de fin de curso.

Proyecto de vida

Mientras doce chicos participaban del acto, otro grupito preparaba empanadas en el patio, al lado del horno de barro hecho por los chicos. "Ellos tienen una potencialidad increíble, pero el contexto y la realidad que viven nos obligan a ser muy creativos para seguir adelante", cuenta Juan Simón, uno de los acompañantes juveniles. A su lado, Adolfo cuenta con orgullo cómo junto a sus compañeros lograron hacer el horno y la parrilla apostada en el patio del Irar.

En cada palabra de los maestros se refuerza la idea de acompañar a los adolescentes para hacerlos parte de un proyecto de vida, una mano que los ayude sortear las biografías anticipadas de exclusión que a muchos de ellos los atraviesan. Para el final del acto escolar, Jonathan —otro de los chicos alojados en el Irar— pidió la palabra y abrazado a su maestra agradece "el esfuerzo de estas señoritas, que además nos dan el amor que a veces nos falta afuera".

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