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Sábado 25 de Agosto de 2012

Una educación preocupada por el cuidado del otro

Por José Trainer / Abordar ciertos temas entre docentes puede ser incómodo. Sobre discriminación y prejuicios en el aula

“El dolor es la única fuerza que se crea de la nada, sin gasto y sin trabajo. Es suficiente no mirar, no escuchar, no hacer nada”. (Primo Levi).

A partir de los últimos años de nuestra historia reciente, la identidad escolar junto con los modos de ser docente, se han visto necesariamente interpelados a la luz de nuevas problemáticas sociales, políticas, económicas y culturales que ponen en cuestionamiento toda una tradición histórica de generación de “aceptabilidad” del ethos pedagógico. Si bien la complejidad de la vida institucional no puede ser capturada por un puñado de variables, sí en cambio podría sostenerse que aquello que está actualmente en juego tiene que ver con ciertas dinámicas organizadoras de los modos de “re-habitar” los relatos, las culturas y las instituciones educativas en las coyunturas histórico-políticas contemporáneas.

En estos contextos, muchas organizaciones manifiestan que su propia identidad está amenazada o que “corre peligro”. Pero en realidad, aquello que se expresa como una modalidad de “erosionamiento” de la identidad institucional, en muchos casos, tiene que ver con un proceso de ocultamiento y de malestar de la escuela ante el desconocimiento acerca de cómo actuar en tiempos de turbulencia política. Esto es, cuando al docente le toca intervenir no desde el espacio didáctico-pedagógico y preformativo (terreno de la práctica que domina muy bien) sino desde la propia interpelación en el espacio social y político donde, históricamente, no ha sido éste precisamente el relato dominante ni la trayectoria académica que lo ha constituido en su propia formación.

Dificultad. En Argentina, esto puede percibirse con mediana simplicidad cuando a través de la investigación se observa que a los docentes aún al día de hoy les cuesta hablar —o les genera una visible incomodidad— abordar ciertas temáticas contemporáneas antes naturalizadas. Estas temáticas identificadas tienen que ver con la puesta en un marco binario a partir de cuestiones que demandan, del maestro, ubicarse de lleno en el plano ideológico-político. Plano en el cual no suele sentirse tan a gusto ni cómodo y, por ende, donde, generalmente, opta posicionándose entre reducciones y antagonismos.

Por ejemplo: en nuestro medio social y escolar, el Judaísmo —expresado muchas veces en Judeofobia— sigue sin resolverse del todo en las escuelas argentinas, sigue siendo motivo de incomodidad y suele revelar un absoluto pre-juicio, ignorancia y desconocimiento abordarla: ¿”tacaños o generosos”?; “hacen lo mismo que les hicieron”; “pueblo de «Dios» o los que “mataron” a Jesús”; sobre el golpe de Estado de 1976 que dejó más de 30.000 desaparecidos aún se escucha fuertemente en las escuelas que “hubo dos bandos”; “fueron patriotas”; “fueron subversivos”; o sobre las Islas Malvinas: Veteranos de guerra como “héroes o perdedores”; “está bien que sean inglesas “si perdimos la guerra”; o “son” nuestras a pesar de ello; o sobre el día de la llegada de Colón a América, “genocida o evangelizador” y así podríamos continuar con un sinfín de ejemplos.

Cuando los docentes se ven obligados a revelar parte de su núcleo fuerte de creencias, prejuicios, pensamientos, ideologías (ya sean éstas constituyentes o desconstitutivas del sujeto) para intervenir en el espacio social e institucional, en muchos casos comienzan a sentirse “menos protegidos” y más desamparados en relación con el pasado, en donde sólo se le exigía que, simplemente, continuaran con la novela o relato fundacional de la institución.

En muchos casos, esto tiene que ver con cierta angustia de no sentirse preparados acerca de cómo proceder y sobre qué es en realidad aquello que se espera, socialmente, de ellos. Suele expresarse bajo un síndrome de “pérdida de la identidad institucional” pero  que, en realidad, creemos que pueda ser vinculado —y vinculante— con problemáticas contemporáneas ligadas fundamentalmente a cuestiones políticas e ideológicas como parte insoslayable del discurso y accionar educativo que interpela de frente en “nuestras narices”, los peligros de asumir pasivamente una posición subjetiva desvinculada del sufrimiento y de la responsabilidad del otro a lo largo de la historia.

Largo camino. Las escuelas contemporáneas —al igual que la sociedad— aún tienen un largo camino para resocializarse como “emplazamientos” institucionales plurales, multiculturales, pluriétnicos y ecuménicos donde afirmar la vida en todos sus sentidos. La inclusión de la diversidad, necesariamente interrumpe instancias de dominación del prójimo. Y para que nunca más se reediten las condiciones que permitan el surgimiento de nuevas formas de Lagers (campos de concentración), es la escuela como presencia del Estado y como manera de estar junto con otros, donde se aprende a dejar de ser el “Caín” de nuestros hermanos como única metáfora disponible para sobrevivir en los avatares que vamos arrojando en la historia de nuestra sociedad. Y tal como se interroga Levi (2005). Si ahora no, ¿cuándo?

(*) Becario Posdoctoral del Conicet y docente e investigador de la Univrsidad Nacional de Rosario (UNR). Email: jtranier@gmail.com

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