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Sábado 22 de Agosto de 2015

Una educación gobernada por el mercado

La profesora Marcela Gaete Vergara, de la Universidad de Chile, analiza la realidad de las escuelas trasandinas.

“Cuando el mercado se ha apoderado de todo, la única posibilidad de reconstrucción social es la escuela”. Quien habla es la educadora chilena Marcela Gaete Vergara que estuvo en Rosario compartiendo con estudiantes y profesores qué pasa con la educación en su país. Habla de las consecuencias de no hacer memoria y de la lucha por garantizar el derecho de todos a la educación. Confía que la salida está “en el encuentro con el otro”. Para ser bien gráfica de lo que pasa con la educación chilena, no sólo reflexiona sobre lo que le compete como docente sino también como madre. Para que su hija ingrese al nivel inicial debió repartir currículum de admisión de su pequeña y hasta pasar por pruebas de selección. También completar fichas de inscripción donde se describe toda la situación familiar, si los padres son casados, la religión, cuál es el ingreso, entre otros datos del grupo familiar. Una educación que describe ha sido ganada por el mercado, está controlada por pruebas de rendimiento en nombre de la “calidad” educativa y que promueve la fragmentación social generando verdaderos guetos. Marcela Gaete Vergara es profesora de la Universidad de Chile, doctora en pedagogía y magíster en filosofía. Estuvo en  Rosario para participar en una pasantía de investigación con el grupo de la cátedra de residencia docente, a cargo de Liliana Sanjurjo, en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Conversó con profesores de la universidad pública y del Instituto de Educación Superior Olga Cossettini. “Algo que me llamó la atención es que en el profesorado no están conscientes de las posibilidades, de la flexibilidad, que tienen en este país”, confió en relación a las críticas de los educadores hacia “las políticas que vienen de arriba”. Valora sobre todo los avances en la Argentina en materia de democratización de las instituciones, de derechos humanos, cosa que no ocurrió en Chile, “donde se sigue con la misma constitución y no se dieron los juicios que se tuvieron aquí, el repaso necesario sobre la memoria”.

—Un necesario repaso por la memoria que también impacta sobre el sistema educativo...

—Claro, esos juicios implican una remirada a la historia, a los sujetos, al contexto donde ocurre ese proceso. En Chile no solamente no ocurrió eso, sino que Pinochet fue senador por muchos años e incluso muchos torturadores fueron elegidos democráticamente para ocupar distintos cargos. Y eso se mantuvo sin hablare. Hace muy poco que se empezó a hablar de memoria, de derechos humanos. Es verdad que hubo grupos que tomaron el tema, pero no fue una política de Estado. Ni en la escuela ni en los medios se habló. Recién en los últimos años empezaron a emerger series como “Los archivos del cardenal” o programas radiales sobre los detenidos desaparecidos. Nosotros estamos en una deuda social histórica con ese proceso. Tuvimos un paso muy “ordenado” del sistema dictatorial al aparentesistema democrático. Pero no se puede tener un sistema democrático cuando se mantiene la misma constitución (de la dictadura).

—Había muchas expectativas de cambio en materia educativas con el nuevo gobierno de Bachelet, ¿qué pasó?

—Esas promesas se comenzaron a diluir por la presión de la derecha, del empresariado, que es muy fuerte. Y también por parte de la
misma escuela particular subvencionada. El 38% de la educación es municipal, escuelas que se llaman públicas y son municipales. Un 54% son subvencionadas, eso quiere decir que hay un particular que abre una escuela y recibe fondos del Estado para el pago de los profesores.  La mayoría son escuelas que seleccionan, incluso las municipales, con pruebas eliminatorias y desde el nivel inicial. Se supone que hay una ley que impide a las escuelas que reciben fondos públicos seleccionar alumnos, pero eso no tiene mayor supervisión. Ocurre que las han dejado llamar “selección” y las nombran “pruebas de diagnóstico”. Se siguen seleccionando alumnos, es un secreto a voces. Y además, los estudiantes del Instituto Nacional, que es un instituto emblemático, defienden la selección para su escuela pública.

—¿Cómo se garantiza entonces el derecho a la educación?

—Ese es el debate de fondo: el derecho a la educación versus la libertad de enseñanza. Si bien la constitución y la ley hablan de este derecho, los articulados ponen de relieve la libertad de enseñanza. Algunos artículos de la ley posibilitan abrir y cerrar colegios o proponen que los padres tengan derecho a elegir el proyecto educativo. Es una lógica de mercado donde lo que regula a los establecimientos es la “calidad”. Y esa “calidad” en Chile es el rendimiento. En la práctica funciona con el sistema voucher: se supone que la escuela es buena, los padres van a intentar retener más a sus hijos allí y por tanto la escuela va a recibir más dinero; es un ingreso per cápita. Ahora si esa escuela empieza a bajar los rendimientos, se supone
que los padres llevarán a sus hijos a otra con mejores rendimientos. Estas escuelas, muchas municipales de sectores que ustedes llaman marginales, comienzan a perder matrícula y a cerrar, porque el dinero que falta debe colocarlo el alcalde de comunas. Los de menos ingreso dicen que no pueden porque no tienen o bien tienen otras prioridades y así se cierran. Y si un chico es expulsado va a otra escuela de menor nivel hasta finalmente llegar a las escuelas “botaderos” donde no hay selección, reciben a todos, escuelas “complicadas” que lo que producen son verdaderos guetos sociales.

—Se afirma que en Chile los estudiantes pasan por la escuela para entrenarse para las pruebas estandarizadas.

—Es absolutamente así. El concepto de calidad es el rendimiento en pruebas estandarizadas. Pruebas que los da el Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (Simce), por el que cada dos años los chicos rinden examen nacional que mide los contenidos mínimos obligatorios.

—¿Qué pasa con los profesores? ¿Como los interpela esta realidad?

—El colegio de profesores (sindicato) era muy fuerte, se fragmentó con la dictadura con muertes, detenidos, exiliados. También cuando se produce el proceso de la educación pública estatal a una de mercado con sostenedores, los profesores son controlados por la escuela. El estatuto del docente no funciona Lo que funciona es el estatuto del trabajo que permite al sostenedor (empleador) no recontratar al profesor, porque al pasar el tercer año de contrato tiene otras garantías. Eso causa mucha rotación de profesores. Hay una carrera docente donde priman las evaluaciones y el salario atado a resultados.

—¿Por dónde pasa entonces la salida?

—Cuando el mercado se ha apoderado de todo, la única posibilidad de reconstrucción social es la  escuela. Porque históricamente la escuela y la identidad docente — Brasil y la Argentina en eso son un ejemplo— se ha constituido como una  profesión que no es individual ni de competencia, no es una profesión liberal sino que tiene que ver con el otro, con la transformación social. Hay una resistencia real que emerge y puede incidir en los demás. Este sistema de mercado busca sitiar a la escuela y a la educación. Pero también la crítica aparece desde la escuela. Por eso se busca fragmentar a los docentes, quitarles derechos, no permitir que se junten, que construyan. La salida no es fácil. Sin embargo una cosa es la estructura y otra la vida cotidiana, y en esa vida cotidiana, en los almuerzos, en los consejos de profesores se conversa, se ha ido gestando resistencia para oponerse a este sistema de mercado. Hace 10 años los estudiantes universitarios preguntaban por una educación de libertad. Hoy ya no es una pregunta es una exigencia. Por eso la salida está en el encuentro con el otro. El paro esta siendo una posibilidad de mirarnos, de juntarnos, de pensar juntos. Cuando las personas se juntan y analizan su malestar se empieza a generar conciencia histórica “¿Qué para el paro?” Era una de las consignas que invita a pensar qué te mantiene enajenado en esta productividad.
 

Silenciados por los medios

“En Chile todas las semanas hay una protesta, que no tiene cobertura de los medios, sí por internet, por las redes sociales. Eso ayuda mucho. «Un alto al Simce» (Sistema de Medición de la Calidad Educativa) es un sitio muy interesante. Es un sitio transversal donde están académicos, estudiantes, etc Los chicos se entrenan para estas pruebas pero sin un sentido crítico y reflexivo”, cuenta la profesora Marcela Gaete Vergara sobre otra realidad con la que les toca lidiar para difundir sus opiniones. Recuerda entonces que se vive una situación difícil porque “hay un sitiamiento a la escuela”, algo que describe no es sólo simbólico sino hasta físico: “Se ve con los carabineros apostados en los ingresos de las facultades. Esto es «normal». También hay mucha represión en las marchas. Según profundiza la educadora, en Chile “los nombres están vaciados de contenidos”. La afirmación llega para contar que los proyectos educativos pasan por las manos de los directivos y que “se confina el rol de los profesores a las paredes del salón de clases, a pasar el currículum”.

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