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Miércoles 23 de Octubre de 2013

Una dupla con perfil bajo para un momento muy complicado

Cuando todo es efervescencia los paños fríos son más que necesarios. Y en este momento de Los Pumas lo mejor que le puede pasar es que la conducción recaiga en dos hombres con los perfiles que tienen Hourcade y Pérez.

Cuando todo es efervescencia los paños fríos son más que necesarios. Y en este momento de Los Pumas lo mejor que le puede pasar es que la conducción recaiga en dos hombres con los perfiles que tienen Hourcade y Pérez, quienes lejos de las polémicas priorizan el trabajo por sobre todas las cosas.

Ambos conocen el paño y en algún momento trabajaron juntos. Llegan en un momento que lejos está de ser el óptimo, pero los desafíos no los amedrentan, es más, los estimulan. Llegan al máximo lugar que puede aspirar un entrenador argentino tras la renuncia de Santiago Phelan, un hombre que desgastado por los resultados y las internas, resolvió no esperar los dos meses que faltaban para que su contrato se termine y pegó el portazo.

Cansado de no recibir respuestas por parte de los jugadores, el ex ala del CASI le puso fin a una relación de seis años con el seleccionado mayor que paradójicamente arrancó en Rosario con la victoria ante Escocia en 2008 y terminó en nuestra ciudad con la paliza de los Wallabies en la última fecha del Rugby Championship.

El ciclo de Phelan no fue bueno, sobre todo si se se evalúan los resultados. Bajo su mandato el seleccionado cosechó 13 triunfos, un empate y 31 derrotas, pero más allá de los números nunca pudo sostener un sistema de juego definido. La llegada de esta nueva dupla puede darle al seleccionado argentino una bocanada de aire fresco, sobre todo porque ambos entrenadores priorizan la unión de los grupos para encarar cualquier empresa. Ese es un punto que deberán fortalecer y deberán hacerlo pronto porque en apenas dos semanas comenzarán una gira durísima por Europa en la que todos los ojos del mundo rugby estarán depositados sobre ellos.

El desafío es grande pero ambos están capacitados para llevar la nave a buen puerto. Al menos ese es el deseo de los que buscan lo mejor para el rugby argentino.

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