Policiales
Miércoles 21 de Septiembre de 2016

Una dificultad inicial para definir si se trató o no de un homicidio

Alguien comete un robo sin proponerse matar pero la víctima pierde la vida. ¿Debe consignarse el hecho como un asesinato?

Alguien comete un robo sin proponerse matar pero la víctima pierde la vida. ¿Debe consignarse el hecho como un asesinato? Hechos como el de María Cristina Rathge plantea dificultades para su encuadramiento y también, en caso que los autores del robo sean localizados, para la imputación penal del caso. Parece evidente que los ladrones no quisieron matar y por eso el fiscal de Homicidios declinó tomar el caso. También parece evidente que si no hubiera mediado esa acción la víctima seguiría con vida.

Este tipo de hechos que son muy esporádicos fueron analizados por los especialistas del Ministerio Público de la Acusación provincial (MPA) que desde 2014 buscan aportar datos más finos sobre los estudios de homicidios. Uno de sus autores, Augusto Montero, dijo ayer a este diario que en este caso la idea de homicidio doloso (intencional) luce desacertada. "Un fiscal debería analizar variantes para imputar en caso de que ubiquen a los autores del delito porque es obvio que esto no es equiparable a una acción donde un sujeto armado agrede a una persona para herirla o atentar contra su vida", señaló.

La categoría de homicidio doloso vinculado a los asesinatos es poco útil. Desde el año pasado se consideran homicidios todos aquellos casos en los que una persona cause la muerte a otra haciendo un uso intencional de la violencia aun cuando no quiera producir ese resultado. "Pero cuando hicimos esa salvedad pensábamos en otros hechos y no en situaciones como la actual. Por ejemplo que una persona le dispare a otra pero que el balazo termine pegándole a alguien que pasa ajeno a ese incidente, donde sería clara la voluntad de atacar a otro para provocarle un daño, más allá de que la víctima sea la inesperada. Pero en el episodio de la mujer en Rosario no podemos hablar de voluntad de daño físico y ni siquiera hay pruebas de ello. Tampoco de homicidio preterintencional, que son los casos en donde alguien agrede no queriendo matar, pero mata", dice Montero. El ejemplo típico es el que da un puñetazo a la víctima que golpea su cabeza y muerte.

No obstante este caso debe ser analizado por su peculiaridad. El criterio esbozado para ser contabilizado como homicidio por el MPA es este: hechos incluso culposos (no intencionales) en los que exista voluntad de utilizar fuerza física y el resultado sea el fallecimiento de otra persona.

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