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Domingo 30 de Agosto de 2015

Una colección con fina estampa

Estefanía Libonatti recibió un trasplante de riñón hace dos años. Es la única rosarina que participó del mundial de deportistas trasplantados.Nunca dejó de practicar, ni siquiera cuando tuvo que someterse a diálisis.

Estefanía tiene 27 años pero ya atravesó circunstancias muy difíciles. Siempre hizo deporte, primero gimnasia deportiva, después vóley y más tarde hockey. Pero de un día para el otro todo cambió cuando le dijeron que sus riñones no estaban trabajando más y que tenía que someterse a un trasplante si quería vivir. El espíritu deportivo la ayudó a seguir adelante. Entrenó en medio de la diálisis y volvió a la cancha luego de operarse. Gracias a esa entereza y constancia participó en el último Mundial de Deportistas Trasplantados y trajo más de una medalla al país. Orgullosa hoy cuenta cómo superó todos los obstáculos y logró ser mamá a pesar de la reprimenda de los médicos. Estefanía no para y por eso quiere armar una asociación para que los trasplantados de Rosario tengan dónde ir a entrenar, un lugar propio que aún no existe. Y todo esto gracias al riñón que le donó su mamá.
  En su casa de Pellegrini y Avellaneda recibió a Más y contó su historia: “Tenía problemas en los uréteres. Se habían engrosado y provocaban un reflujo en los riñones que terminó por matarlos. Me dijeron que esto lo tengo de chiquita pero nunca me lo habían detectado”.
  En ese momento llevaba una vida a tiempo completo dedicada al deporte. “Estaba yendo al profesorado de educación física, jugaba al vóley en Atlantic Sportsmen Club y al hockey en Remeros Alberdi”, relata.
  Le descubrieron la enfermedad hace cuatro años, cuando empezó a tener problemas de presión alta y nadie sabía por qué. Para entonces entre sus dos riñones sólo funcionaban un 5 por ciento. El diagnóstico llegó sin medias tintas: debía hacerse diálisis tres veces por semana, cuatro horas cada vez, y someterse a un trasplante. Estefanía tenía que cambiar de vida y dejar el deporte, su pasión, por un tiempo.
  El espíritu deportivo y luchador fue clave para sobreponerse a su situación. Sin demoras empezó la diálisis, y desechó la idea del trasplante. No quería que nadie de su familia se perjudicara donándole un riñón.
  “Me tapaba el cuello para que no me vieran la cánula que me habían puesto, hasta que se me infectó”. Jugaba al vóley y al hockey. Cuando por la diálisis hubo que hacerle una cánula en el brazo pidió que la hicieran en la parte superior. “Con una rodillera me armé una protección porque no quería dejar de jugar al vóley”, reconoce la deportista.
  No se perdió un entrenamiento ni pidió alguna excepción por su situación, al contrario. Era una más en la cancha y pocos sabían que ella salía de cuatro horas de diálisis.
  Un día volvió a su casa, cansada, llorando, harta. “No podía más con la diálisis”, recuerda mientras se le vuelven a llenar los ojos de lágrimas. “Sabía que con 23 años y en diálisis no iba a llegar a ningún lado porque  produce un gran desgaste al cuerpo y al corazón. Desde el primer día se habían ofrecido mis hermanos, mi papá, mi mamá y mi abuelo”, cuenta la joven que no puede evitar las lágrimas cuando recuerda esos momentos.
  Era diciembre y sus familiares comenzaron los estudios de compatibilidad. En tanto tuvo que suspender la carrera por vergüenza. “No quería ir más a clases, me sentía demasiado mirada”, recuerda.
  Pero el deporte era otra cosa. “Era mi cable a tierra, toda la vida lo había hecho y no podía concebir que tenía que sentarme a mirar tele”.
  “En un partido de vóley un árbitro, que también está trasplantado, me vio el catéter y se dio cuenta de mi situación. Fue el quien me contó por primera vez que existía un equipo mixto de vóley de trasplantados, y me mandó a hablar con Carlos Lirio, el team manager de la selección nacional de deportistas trasplantados. Entonces me enteré de que había un mundial, que se hace cada dos años, y de los campeonatos nacionales todos los años. Cuando me sometí al trasplante lo hice con una idea fija: entrar en la selección”.
  Esa actitud la llevó a pelear por su vida. Por eso desde el primer momento en que se sintió bien volvió a entrenar. “Mi meta era participar de la competencia nacional que se hizo en Mendoza al cumplir el año de operada”. Y así lo hizo. Estefanía lo logró. Pero ese fue el comienzo de una colección de triunfos.

En el quirófano
  La intervención quirúrgica fue el 17 de enero de 2013. Le sacaron los riñones y los uréteres, y luego se hizo el trasplante en el Sanatorio Parque. Entraron juntas madre e hija. “Estábamos en salas separadas pero hablábamos por teléfono” .
  Estefanía estuvo seis días internada y después pudo volver a su casa. Una vez más comprobó que el deporte la ayudaba a recuperarse mucho más rápido. Su mamá salió a los tres días.
  Al principio tuvo que hacer reposo pero más que nada por la herida. “Tenía que moverme, apurar un poco la cicatrización y caminar algo”, relata. Los primeros días de marzo Estefanía estaba haciendo la pretemporada de hockey, que es mucho más exigente que la de vóley.
  En 2014 recibió una noticia que volvió a darle una vuelta de tuerca a su vida. Se enteró de que estaba embarazada contra todo pronóstico médico (ver aparte).
  El año pasado viajó a Mendoza a la competencia nacional con su bebé en brazos. “No podía faltar porque a partir de allí se armaba la selección para ir al mundial de este año. Como sea tenía que ir”, relata contenta. Y no es para menos porque no le fue nada mal. Obtuvo tres medallas de oro: en tenis de mesa, atletismo y su amado vóley.
  A las tres semanas la llamaron para decirle que estaba seleccionada para participar en el equipo de Argentina en el mundial que se terminó hace quince días. Su sueño se hizo realidad. Estefanía participó con pasión y sumó varios punto para el medallero argentino. Obtuvo plata en vóley y bronce en tenis de mesa y salto en largo.

“Todo gracias al trasplante”
  Estefanía volvió del mundial hace pocos días y está feliz. Vivió una experiencia increíble con otros deportistas, tan apasionados como ella y que atravesaron situaciones de salud parecidas. “En estos años tuve momentos en que creí que nunca iba a poder llegar al mundial, y lo logré, fue gracias al trasplante”, subraya.
  "Es increíble porque hace dos años me moría, y dependía de la máquina de diálisis para sobrevivir. Tenía que llegar sí o sí a enchufarme, aunque se caiga el cielo, y después del trasplante se me dio todo: pude ser madre y me fui al mundial. Nunca había pensado que lograría tanto”, afirma con una amplia sonrisa.
  Actualmente Estefanía trabaja como profesora de vóley en el club Rosario Oeste. No puede conseguir un trabajo estable por ser trasplantada. “No tenés chances porque no pasás el examen preocupacional”, contó preocupada por ella y tantos que viven la misma situación.
     Retomó el profesorado y se dedica a sus dos pasiones: entrenar y ser mamá.

La noticia de un embarazo

“En el 2014 quedé embarazada de Bautista. Esto no me impidió entrenar. Además, daba clases de vóley y me metía en la práctica con mis alumnos. Terminamos la temporada en noviembre y el bebé nació en enero”, relata Estefanía, que mientras habla tiene el oído atento por si se despierta su hijo.
  La historia es increíble porque los médicos le habían asegurado a Estefanía que no iba a poder ser mamá. “Fue bastante feo todo lo que me dijeron los médicos cuando se enteraron de que estaba embarazada. Yo tenía mucho miedo, hasta que en el quinto mes me hicieron la ecografía trasnucal. Ahí se pudo ver que Bautista estaba perfecto y creciendo muy bien. Entonces empecé a disfrutar del embarazo”, cuenta.
  Los medicamentos que tomaba Estefanía eran muy fuertes y podían dañar la salud del bebé. Sin embargo, Bautista nació perfecto y es un nene muy activo, tanto como su mamá y su papá, que también es deportista.
  Fueron momentos duros en su casa. “Por un lado teníamos mucho miedo y por otro una gran alegría, porque un bebé es siempre una felicidad”, dice Norma, la abuela feliz.

Los ganadores

El Mundial de Deportistas Trasplantados terminó el 30 de agosto y este año tuvo sede en Mar del Plata. Argentina terminó en segundo lugar con 144 medallas (54 de oro, 44 de plata y 46 de bronce). Los participantes santafesinos contribuyeron al medallero de la siguiente manera: Oscar Melchiori (de San Lorenzo) obtuvo medalla de oro en triatlón; Estefanía Libonatti ganó plata en vóley, bronce en tenis de mesa y salto en largo; Leonardo Vidal (de Pérez) obtuvo el oro en tejo, plata en vóley, bronce en posta 4 x 100 de atletismo; Javier Andrada (de Rafaela) recibió bronce en tejo y Julián Gómez (de Venado Tuerto) fue galardonado con la medalla de oro en bowling y plata en ballthrow (lanzamiento de pelota de cricket). La cita marplatense también contó con la participación de Eduardo Cariaga (de Helvecia) en 400 metros llanos, quien superó la serie inicial pero no pudo tomar parte de la final por lesión. El medallero final tuvo a Gran Bretaña como delegación ganadora, seguida por Argentina, Sudáfrica, Hungría y Estados Unidos. Más de mil deportistas de 43 países disfrutaron de la semana de competición en Mar del Plata.

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