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Domingo 13 de Enero de 2013

Una ciudad que está siendo devorada por la anomia

Los síntomas se manifiestan en cualquier lugar y en cualquier momento. Y por eso cualquiera puede ser víctima de las expresiones de la enfermedad.  

La ciudad está decididamente enferma. Según el mejor de los pronósticos sufre de anomia. Y como tal, en sus calles se han empezado a repetir situaciones derivadas de la carencia de normas sociales y de la degradación de las leyes de convivencia. Ya no hay límites barriales ni horarios. Los síntomas se manifiestan en cualquier lugar y en cualquier momento. Y por eso cualquiera puede ser víctima de las expresiones de la enfermedad.

   El crimen de Mercedes Delgado en barrio Ludueña, la expulsión bajo amenazas de Ramón Ferreyra del barrio Nuevo Alberdi, la destrucción de búnkers de drogas a manos de vecinos, el daño al mobiliario urbano o a propiedades privadas por la guerra de pintadas entre canallas y leprosos, son sólo algunos síntomas que la anomia rosarina expone con crudeza y tienen su espacio en los medios de comunicación de la ciudad.

   Sin embargo hay situaciones que aún no han ganado las páginas de los diarios pero que empiezan a develarse augurando un futuro peor. Ayer, poco después de las 16, en avenida Presidente Perón y Circunvalación los ocupantes de una moto atacaron a tiros, sin motivos aparentes y delante de varios testigos a dos limpiavidrios. No hubo heridos y la policía no lo registró. Trece horas antes, una docena de motos al mando de jóvenes surcaron el bulevar Avellaneda, al menos desde el viaducto al norte. Iban a toda velocidad, sin patentes ni luces, mezclándose entre los autos y burlando normas. Los dos casos dejan un claro mensaje: la calle es nuestra, nosotros mandamos. Y es así porque no hay“médicos” capaces de curar y poner fin a la anomia rosarina.

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