Educación
Sábado 17 de Noviembre de 2012

Una cita con la historia y el presente de la militancia juvenil

Un grupo de chicos de la UES compartió en Rosario un encuentro con Emilce Moler, sobreviviente de la Noche de los Lápices

Cuando dos generaciones que levantan los mismos sueños se encuentran surge el reconocimiento de uno mismo en el otro. Porque se unen en el compromiso, en la militancia y en la convicción de no bajar los brazos.

En medio del debate candente sobre los adolescentes y su participación política, un grupo de chicos de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) compartió una charla informal con Emilce Moler, quien en sus tiempos juveniles también participó activamente de la militancia en esta organización ligada al peronismo de los 70.

Emilce es una de las sobrevivientes de la Noche de los Lápices, cuando un grupo de tareas irrumpió en la casa de estudiantes secundarios de La Plata para secuestrarlos. Fue en la madrugada del 16 de septiembre de 1976, cuando el represor Jorge Rafael Videla era presidente de facto, y Ricardo Bruera su ministro de Educación. Esos chicos fueron a parar a centros clandestinos de detención, y seis de ellos —María Claudia Falcone, María Clara Ciocchini, Daniel Racero, Horacio Ungaro, Francisco López Muntaner y Claudio De Acha— continúan desaparecidos.

Emilce tenía entonces 17 años, casi la misma edad que hoy tienen Micaela, Priscila, Candela, David, Emiliano, Julián, Guillermo y José, los pibes de la UES que compartieron con ella una tarde de testimonios, risas y escucha.

En los 70 Emilce estudiaba en el Bellas Artes de La Plata, y militaba en la UES. Tras ser secuestrada, pasó por varios centros clandestinos de detención y por la cárcel de Devoto. Hoy es profesora de matemática, doctora en bioingeniería y asesora en el Ministerio de Educación nacional.

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Emilce Moler (al pie de la mesa) en charla con un grupo de jóvenes militantes de la UES.
Emilce Moler (al pie de la mesa) en charla con un grupo de jóvenes militantes de la UES.

Idealizaciones. Conciente del peso de la historia, Moler arrancó diciendo que "lo bueno es que no haya tanta idealización del pasado, porque es una mochila muy pesada". Hacer su propio camino, equivocarse y volver a intentar, fueron otras de sus palabras. Y una cosa más: les pidió que lo que realicen en la militancia "lo hagan pensando siempre en el otro, no en un rédito político".

El Rosario la UES volvió con fuerza hace un par de años. Más precisamente en 2007, con una pertenencia explícita al kirchnerismo, pero levantando las banderas de los viejos militantes de la UES. "Ni víctimas ni mártires, héroes de la resistencia", pintaron en un mural en memoria de los desaparecidos en la Noche de los Lápices.

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La pintada de la UES Rosario, en la esquina del Politécnico.
La pintada de la UES Rosario, en la esquina del Politécnico.

Pero la charla con Moler fue un ida y vuelta permanente. Allí Micaela y Emiliano le contaron de la importancia de que en la provincia se apruebe la ley de centro de estudiantes para escuelas públicas y privadas, tal como propone el diputado del Movimiento Evita, Eduardo Toniolli, y que tiene media sanción de la Cámara baja provincial.

Los chicos piden que su voz sea tenida en cuenta y escuchada en temas que los tiene como protagonistas, como la discusión por la reforma curricular en Santa Fe.

La mala política. La presencia político-partidaria en las aulas también es para los chicos de la UES un tema que entienden merece reflexión. Sobre todo a raíz de la aprobación de la ley que habilita el voto desde los 16 años.

"Desde los 90 quedó esta idea de que la política es mala. Es algo cultural que tenemos que romper", dijo Guillermo, de la UES local.

Mientras tanto, Emilce escuchaba atenta cada intervención, queja y proyecto de los chicos rosarinos. "Sean propositivos, eso acerca a otros", les dijo en más de una ocasión y en la charla que siguieron más que atentos.

Recordó también a sus compañeros y las reivindicaciones de entonces. "Nos reconocíamos en la militancia", destacó. Hoy se reconoce en estos pibes rosarinos que levantan aquellas banderas, pero que hacen su propio camino al andar.

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