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Domingo 20 de Marzo de 2016

Una buena película en el momento justo

Más allá de que "La historia oficial" tiene sobrados valores por sí misma, hay que decir que su lanzamiento se dio en el momento justo y en el lugar indicado.

Los contextos políticos nunca son ajenos a la vida cotidiana. Y los hechos culturales toman una relevancia mayor o menor según el momento social y la coyuntura. “La historia oficial” soportó postergaciones en su producción durante tres años y luego de intimidaciones del gobierno militar llegó a su estreno en la Semana Santa del 85.
 
Más allá de que la película de Luis Puenzo tiene sobrados valores por sí misma, hay que decir que su lanzamiento se dio en el momento justo y en el lugar indicado. Porque se respiraban aires de frescura en una democracia incipiente y la gente estaba ávida de conocer toda la información que había permanecido oculta o sesgada en el tema desaparecidos.
 
Eso, sumado a que la bendición del Oscar potenció la película, fue el trampolín que impulsó el salto definitivo. No fue un tema menor el guiño de la Academia de Hollywood. Porque el filme tuvo un re-estreno tras la premiación en el 86 y explotó la taquilla. Muchos descubrieron, aunque jamás lo admitirán, la existencia de la película a partir de que Norma Aleandro levantó la estatuilla en el teatro Kodak de Los Angeles.
 
Así como en el “boom” Baglietto sobraban los rosarinos que conocían de antes al pibe de pelo largo, barba, boina y jardinero que cantaba “Mirta, de regreso”; en esos días era muy común hablar de Norma Aleandro como si fuese Mirtha Legrand, y ni se acordaban siquiera de su papel menor pero bellísimo en “La tregua”, también junto a Héctor Alterio, su pareja protagónica en el filme de Puenzo.
 
Las películas son del director, pero más aún de la gente. Y “La historia oficial”, como pocas en la historia del cine argentino, absorbió como una esponja esa mezcla de denuncia política, legitimación for export y hasta el chauvinismo tan de acá de levantar cabeza cuando llega un premio del otro lado del océano. Y en ese combo, no hay que olvidar que si no hubiese sido una película bien escrita y mejor contada, pero además bien actuada, dirigida y producida, todo el efecto dominó posterior no se hubiese generado nunca.

 

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