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Lunes 28 de Diciembre de 2015

“Una buena memoria es la que sabe olvidar”

Cuidados para prevenir el Alzheimer. El biólogo y doctor de la Universidad de Buenos Aires Pedro Bekinschtein explica que la lectura, el estudio, el ejercicio físico y una dieta saludable son clave para conservar la mente en buen estado.

La neurobiología está de moda y por
eso a diario escuchamos muchas afirmaciones
sobre el funcionamiento de
nuestro cerebro. Pedro Bekinschtein
quiso desmitificar los falsos postulados
que circulan. Por ejemplo fue rotundo al
afirmar que "la memoria necesita olvidar
para poder guardar otros recuerdos"
y desmintió que quienes no recuerden
nombres o datos tengan un principio de
Alzheimer. El especialista en estudios
sobre la memoria, contó cuáles son las
evidencias científicas que existen sobre cómo funciona la mente y brindó
consejos sobre cómo cuidarla para llegar
en mejor a la vejez.
En una charla que dio en TEDx Puerto
Norte, el científico explicó: “Nuestro
cerebro no tiene una capacidad infinita
de almacenamiento y por eso es
importante olvidar, para dejar lugar a
otros recuerdos”. En una amena charla
con Más subrayó que la memoria “no
es en sí misma mala” y señaló que hoy
está “sobrevalorado” su uso y por eso
nadie acepta que falle algunas veces.
Bekinschtein dedicó mucho tiempo
a estudiar cómo se forman, se mantienen
y se olvidan los recuerdos. Para
explicarlo evocó a Funes el memorioso,
aquel clásico cuento de Borges
donde el personaje es un paisano que
por un accidente tiene una memoria
prodigiosa y no puede olvidarse de nada.
Su vida se convierte en una tortura.
El científico señaló que si nos pasara
como aquel personaje “no podríamos
conceptualizar, ni abstraer, tendríamos
todo en presente”. Para el experto
“una memoria prodigiosa no sirve para
nada. Tiene que fallar y la idea es que
sea flexible”, acotó.
—¿La memoria es ilimitada?
—Es una gran pregunta para la
ciencia que aún no ha descubierto
cómo medir la capacidad de almacenamiento
del cerebro. Pero, sí existen
dos hipótesis al respecto: Una es que la
capacidad del cerebro es limitada y no
puede guardar todos los recuerdos. Se
sabe que éstos se van modificando con
el tiempo y aún no se puede medir qué
“espacio” ocupan en la mente. En este
sentido se habla de que no hay lugar
para tanta información en el cerebro y
por eso se van borrando algunos recuerdos
para dejar lugar a otros nuevos.
La segunda hipótesis es que el cerebro
podría guardar muchos recuerdos,
pero entonces se presentaría el problema
de que no se sabe dónde está
el recuerdo que se busca, y encontrarlo
requeriría mucho esfuerzo.
Además, en nuestra mente tenemos
muchos recuerdos que se parecen entre
sí, que están asociados a otros, pero
que no interesan tanto al intentar recordar.
Esta opción plantea el problema de
la recuperación más que del almacenamiento.
De lo que sí existe evidencia es de
que para recuperar esos recuerdos el cerebro tiene que olvidar. El ejemplo más
claro es el de las contraseñas. Cuando
hay que cambiarlas la primera vez que
la usás seguramente aparece la anterior,
la vieja, pero hay que borrarla y olvidarla
para poder almacenar la nueva. Con el
tiempo se va recuperando más rápido y
esa vieja eventualmente se olvida, dejando
lugar a la nueva. Este es un problema
relacionada con el olvido: necesitás
olvidar para recordar. Esa es una de las
ideas que tengo: Para recordar hay que
olvidar y para olvidar hay que recordar.
Sostengo que el olvido es algo importante
para tener una “buena memoria”.
—¿Lo emotivo influye en los
recuerdos?
—La memoria no emocional en
principio no existe, más si hablamos
de memoria autobiográfica, la que
guarda las experiencias vividas, que
está totalmente relacionada con componentes
emocionales para bien o para
mal. Científicamente sabemos que ese
componente emocional afecta a “cómo”
se almacenan los recuerdos. Por ejemplo,
se guardan con más fuerza según
las emociones que se vivieron en ese
momento y se sabe que además de ese
hecho puntual también se almacena todo
lo que estaba alrededor.
Un claro ejemplo es que la mayoría
de las personas recuerda perfectamente
qué estaban haciendo el 11 de septiembre
de 2001, cuando los aviones
impactaron contra las torres gemelas
en Nueva York. Evocan cómo estaban
vestidos, con quiénes se encontraban
y dónde, con mucho detalle, pero nadie
se acuerda de qué estaba haciendo ni
dónde se encontraba al día siguiente, a
la misma hora.
—¿La memoria envejece?
— Existe un deterioro cognitivo que
tiene que ver con la edad. Así como
envejece el cuerpo, también envejece
el cerebro y las funciones cognitivas.
Hay un deterioro que es normal y otro
patológico que tiene que ver con el Alzheimer
por ejemplo.
— ¿Por qué a medida que se
envejece se recuerda lo más lejano
y no lo inmediato?
— Eso se está investigando. Hay
una idea y es que los recuerdos más
viejos están almacenados en áreas del
cerebro menos afectadas por el deterioro,
y por eso están más preservados.
Otra visión es que los recuerdos más
viejos fueron recuperados más veces
en tu vida y tuvieron más tiempo para
ser revividos, y en cada una de esas
evocaciones se fueron fijando más y
por lo tanto es más difícil que se borren.
Son dos hipótesis que no están
definidas.
— ¿En qué lugar del cerebro
está la memoria?
— Suponemos que está en las conexiones
de las neuronas, en los caminos
que se arman entre estas células
del cerebro. Allí estaría situada.
— ¿La alimentación influye en
el cerebro?
— Sí. La memoria es parte del cuerpo.
De la misma manera que si uno no
come sano, no practica una actividad
física y fuma le hace mal al cuerpo,
también perjudica al cerebro y por lo
tanto a la memoria. Es difícil tener un
cerebro saludable en un cuerpo enfermo
porque es lo mismo.
— ¿La actividad intelectual
mejora la memoria?
— Hay evidencias científicas que
demuestran que sí. Al estudiar los
cerebros posmorten de las personas
que habían tenido diagnóstico de Alzheimer
y las que no habían tenido
la enfermedad, se observó que estas
últimas habían sido personas con un
alto nivel intelectual, eran universitarios
y habían tenido intensas relaciones
sociales.
Se empezó a pensar que la actividad
intelectual aumenta la reserva
cognitiva que previene el deterioro.
Quienes realizaron más actividades
intelectuales a lo largo de su vida,
tienen un cerebro preparado para generar
atajos y resolver los problemas
cuando alguna otra estructura está
dañada. Conocen otros caminos y se
› Viene de la página 13 generan conexiones neuronales por
otros lugares.
— ¿Qué otras actividades mejoran
la memoria?
—Hacer ejercicio físico tiene mucha
relación con el cerebro porque se
sabe que aumentan algunos factores
biológicos que mejoran las conexiones
entre las neuronas y las aumentan.
También se desarrollan los factores de
crecimiento cerebral. La comida sana
(sin exceso de calorías)
también mejora las
funciones cognitivas.
Repito que tenemos
que pensar que el cerebro
es parte del cuerpo,
y lo que hace bien
al cuerpo hace bien a
la mente.
— ¿Cómo descansa
la cabeza?
— El mejor descanso
sin dudas es dormir,
aunque soñemos. No
es un mito decir que
a uno se le quemó el
cerebro, porque en
realidad pasó eso, nos quedamos sin
combustible. Cuando dormimos el cerebro
entra en el modo "por defecto" y
recupera ese combustible.
— ¿Mirar televisión descansa?
—Eso es un mito. No descansa porque
uno presta atención a algo y en eso
se gastan recursos cognitivos. Siempre
es mejor dormir.
— ¿Cuáles son los mitos más
frecuentes?
— Que sólo usamos una porcentaje
del cerebro cuando hacemos una actividad
cognitiva. Primero hay que aclarar
que es muy difícil medir cuánto se
usa del cerebro. Es un error pensar que
cuando una persona “no está haciendo
nada” el cerebro no trabaja. Es una falacia
porque el cerebro está todo el tiempo
muy activo. Cada segundo estamos
pensando, escuchando, mirando. Usamos
el 100 por 100 de nuestro cerebro.
Es cierto que esto no sucede todo el
tiempo, porque se usan distintas áreas
según lo que uno esté haciendo, pero
siempre se usa al máximo.
—¿Hace palabras cruzadas
mejora el cerebro?
—No es así, ese es otro mito. Los
juegos de mejoramiento
cognitivo son mentirosos.
Se estudió qué
pasa con los jueguitos
probados en miles de
personas y se midieron
muchas funciones
cognitivas antes y
después de jugar. Se
observaron mejorías
en el jueguito en sí,
en el sudoku o en el
crucigrama, pero no
se demostró que esa
mejoría fuera transferida
a otras partes del
cerebro como puede
ser la memoria.
—¿Y el ajedrez?
—En ese caso es distinto porque
se usa todo el cerebro. Cuanto más se
usen las distintas habilidades cognitivas
es probable que muchas de ellas
mejoren. Una actividad que ayuda
mucho es leer. Cuando uno lee está
prestando atención, usa la memoria
de trabajo, que es de corto plazo, y te
permite entender lo que estás leyendo
en base a lo que leíste antes; usas la
memoria de largo plazo porque días
después hay que acordarse de lo que
uno leyó. Leer es una experiencia que
usa globalmente el cerebro. Lo mismo
pasa cuando uno estudia una materia
o un idioma. En cambio el sudoku o el
crucigrama son solo pasatiempos.

“Soy un militante del aburrimiento”
Pedro Bekinschtein es joven
aunque tiene un gran recorrido
por la academia y los laboratorios.
Desde ese lugar quiso dar
algunos consejos a los jóvenes.
—¿Qué les dirías a los jóvenes
para que preserven su memoria
y lleguen mejor a adultos?
—Dos cosas: que dejen el celular
y que estudien.
—¿Dejar el celular...?
—Sí, hay que largarlo, porque
el celular es muy engañoso.
Generalmente cuando uno se
siente aburrido lo primero que
hace es agarrarlo pensando que
hace algo útil, pero es mentira.
Estamos usando el cerebro
en algo que no es productivo,
como puede ser mirar facebook
o Instagram. Esto no
te permite poner la cabeza
en cero. Cuando en cambio
dejás volar el cerebro, este se
activa en “modo por defecto”,
pero cuando mirás el celular
se activan funciones cognitivas
que consumen un “combustible”
que lo vas a necesitar
para resolver problemas. Está
demostrado que las personas
que se aburren y dejan volar la
imaginación son más creativas
a la horas de resolver problemas.
Ese “modo por defecto” te
permite ser creativo.
Cuando usás el Whatsapp tu
atención está puesta ahí. Está
activa la memoria de trabajo y
hay que mantener la atención
por un tiempo determinado.
Pero la atención no se puede
mantener por mucho tiempo
porque el combustible que
tenés se agota, cuando estás
con el celular estás gastando ese
combustible en algo que inútil y
cuando quieras hacer algo que
de verdad importa no vas a poder.
La idea de fondo es frenar
un poco y esto es un desafío.
Yo lo estoy probando. Lo
primero es ver qué pasa si un
día no chequeas tu red social
favorita, o no jugás al jueguito. Si
superás un día podrás avanzar
al siguiente, y así uno se va independizando
de la tecnología.
Se trata de ir dejando, no del
todo porque el celular es parte
de nuestra vida, pero permitirse
aburrirse. Yo noté que cuando
iba caminando al trabajo paraba
en un semáforo y mientras esperaba
miraba algo en el celular.
Me propuse frenar y ver a dónde
me llevaba mi mente en vez de
mirar el teléfono y descubrí que
se me ocurrieron ideas, experimentos,
que si estaba usando el
celular no me pasaba.
— ¿La otra recomendación?
—Estudiar, formarse, generar conocimientos
para llegar mejor a
la vejez. Esa es el mejor consejo
que les puedo dar.
— Decís que sos un militante
del aburrimiento...
—Sí, porque hay una hipótesis
que sostiene que cuando uno se
aburre se genera cierto disconfort,
que es necesario para buscar
estrategias distintas, idear
nuevos proyectos y modificar
lo que estás haciendo. Por eso
aburrirse es productivo.
Yo aconsejo que dejemos a la
mente en libertad a ver a dónde
nos lleva y estoy seguro que nos
va a sorprender.

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