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Martes 14 de Diciembre de 2010

Una batalla cultural

El domingo pasado utilicé junto a uno de mis hijos por primera vez la Calle Recreativa, el circuito libre de autos y motos de 13 kilómetros destinado para que disfruten ciclistas, patinadores y peatones. Una idea que se implementa con éxito desde hace años en varias ciudades del mundo, y que ahora adoptó Rosario...  

El domingo pasado utilicé junto a uno de mis hijos por primera vez la Calle Recreativa, el circuito libre de autos y motos de 13 kilómetros de extensión destinado para los ciclistas, patinadores y peatones. Una idea que se implementa con éxito desde hace años en varias ciudades del mundo, y que ahora adoptó Rosario.

Grupos de amigos, familias, niños y personas mayores se apropian todos los domingos, de 8 a 13, de este circuito de vías libres y seguras donde se puede hacer deporte, pasear o participar de actividades recreativas. Es además un espacio de encuentro ciudadano.

Si alguien no utilizó la Calle Recreativa lo invito a hacerlo, aunque sea como observador, porque es una manera de reflexionar sobre qué acciones debe realizar Rosario para tener una ciudad a escala humana, con transporte sostenible y mayor calidad de vida. De más está decir, por si alguien todavía no se dio cuenta, que una ciudad superpoblada de autos no es sustentable en el tiempo. Tarde o temprano colapsará. Por ello, la ciudad futura, sin lugar a dudas, será con más y mejor transporte público y vehículos no motorizados.

Y digo esto porque en nuestra ciudad evidentemente un sector de la población tiene escasa conciencia ciudadana y ambiental, y padece enormes problemas de convivencia, respeto al otro y un enfermizo individualismo.

Lo experimenté con mis propios ojos tras recorrer en bicicleta la Calle Recreativa. Hice un descanso cerca del mediodía para tomar un café en la vereda de un bar de Oroño y Jujuy. En la esquina había un agente de la Guardia Urbana Municipal regulando el tráfico por Jujuy para seguridad de los peatones, ciclistas y patinadores que pasaban por Oroño. Los bocinazos, insultos y gritos que recibió el agente por hacer esperar un par de minutos a los vehículos realmente indignaba. Histéricos automovilistas, generalmente subidos a vehículos de no escaso valor (lo cual demuestra una vez más que tener recursos no es garantía de una buena educación), afloraban cada tanto poniéndole tensión a esa esquina, donde el agente de la GUM desarrollaba estoicamente su tarea de la manera más eficiente posible. En contraposición, fue gratificante ver la sonrisa y el agradecimiento de los peatones y ciclistas hacia el agente cuando éste les daba prioridad de paso. Y también de los clientes del bar que viendo lo que estaba padeciendo el inspector le expresaron su solidaridad.

En Rosario hay que librar una verdadera batalla cultural. Hay que construir con paciencia un amplio consenso para devolverle la calle a las personas, a la vida familiar y a la convivencia ciudadana.

La Calle Recreativa es una iniciativa de alto impacto, que debería extenderse por toda la ciudad. Además, la Municipalidad tiene que darle más espacio a los ciclistas no sólo los domingos, sino todos los días de la semana. Y eso sólo se logra con una amplia red de ciclovías, una de las grandes asignaturas pendientes que tiene nuestra ciudad.

 


 

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