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Sábado 25 de Septiembre de 2010

Una aventura cultural con la convivencia como destino

Dos estudiantes rosarinos vivieron una experiencia educativa única: junto a 270 jóvenes de distintas partes del mundo recorrieron durante 45 días diferentes ciudades de México, España y Portugal. Fue a través del Programa Ruta Quetzal BVV, que tiene como meta "consolidar las comunidades iberoamericanas entre la juventud de 16 y 17 años".

Dos estudiantes rosarinos vivieron una experiencia educativa única: junto a 270 jóvenes de distintas partes del mundo recorrieron durante 45 días diferentes ciudades de México, España y Portugal. Fue a través del Programa Ruta Quetzal BVV, que tiene como meta "consolidar las comunidades iberoamericanas entre la juventud de 16 y 17 años". Son Juan Manuel Aliendro Roldán, del Colegio Parque de España e Ignacio Evangelista, del Politécnico. Aseguran que se trata de una valiosa vivencia donde aprender a convivir fue el principal capital que trajeron de regreso. En octubre lanzan la nueva convocatoria para 2011.

Todavía recuerdan con entusiasmo el día que los organizadores de este certamen internacional — que patrocina el Grupo BVV— impulsado desde sus orígenes por los Reyes de España, los llamaron para comunicarles que eran parte del equipo de 5 estudiantes argentinos elegidos para Expedición 2010 de la Ruta Quetzal (los otros son de Corrientes, Córdoba y Buenos Aires).

"El esfuerzo vale"

La invitación a probar suerte e integrar la expedición de este año la habían recibido en sus escuelas, junto a sus compañeros de clases. No demoraron en ponerse a trabajar. Juan Manuel escribió un ensayo en tono de investigación sobre "El Canal de Isabel II de Madrid: Canal Voluntarios" —uno de los temas propuestos—, donde aportó su mirada sobre el aprovechamiento del agua. "Este fue un momento importante de la Ruta, porque me dí cuenta que el esfuerzo vale", dice Juan Manuel al recordar que se quedó "varios fines de semana" investigando y escribiendo sobre el tema.

Ignacio, en cambio, se inclinó por "El grito de Dolores", que alude a un momento clave de la historia de México. "Lo escribí como si fuera un diario de época, simulando una entrevista y notas de entonces, además lo diagramé y le dí color al papel como si fuese un periódico antiguo", contó.

El mérito del trabajo

Los 270 chicos que representaron a 54 naciones llegaron a esta Expedición con el mismo mérito que los dos rosarinos. La ruta arrancó en Veracruz, México, a mediados de junio y se prolongó hasta los primeros días de agosto. En ese tiempo viajaron organizados en grupos de 18 estudiantes, a cargo de un coordinador, llamado monitor. "Nos dieron la ropa de expedicionarios, botas, sandalias y mochilas", recuerdan los rosarinos. En tanto que todos los gastos de la singular Expedición la cubren los organizadores.

Más allá de que el recorrido que los invitó a conocer lugares exóticos, culturas muy disímiles y meterse de lleno en la historia iberoamericana, el principal haber que se sumaron los chicos a sus vidas —aseguran— fue el aprendizaje de la convivencia. Con soltura y sin atarse a discursos prescriptivos, hablan de cómo este viaje sirvió para derribar prejuicios y descubrir otras formas de vida tan valiosas como las conocidas.

"Lo principal fue descubrir la afinidad que tenemos en cuestión de gustos", apuntan y refieren, entre otras cuestiones, al fútbol y a las comidas. Y agregan que "lo que se siente es una gran hermandad con los latinoamericanos".

Cuando se les pide que resuman con una imagen lo vivenciado en este viaje, Ignacio no duda en responder: "Saber aprovechar cada momento, cada oportunidad que uno tiene". Cuenta al respecto que hubo días que tenía ganas de abandonar todo, en especial cuando tenían que caminar como verdaderos expedicionarios hasta 11 horas bajo la lluvia. "Era ahí cuando nuestro monitor en el campamento nos alentaba diciéndonos este es el día que todos estábamos esperando. Es ahí donde aprendimos que cada día tiene algo nuevo para ofrecer y hay que aprovecharlo".

La mayor recompensa

Juan Manuel comparte de lleno el comentario de su compañero expedicionario, y resalta que para él "la palabra convivencia es la que mejor sintetiza lo vivido". "La ruta tiene varias partes: el esfuerzo por estar en ella con nuestro trabajo, la recompensa a ese compromiso y la cooperación y amistad que compartimos todo el tiempo", confiesa.

Ninguno de estos chicos había viajado nunca a Europa, pero al parecer ese no fue el dato que más valoran de esta vivencia. Repasan y miran las decenas de fotos tomadas en cada posta, de cada momento que eligieron conservar. Cada una es una postal de un viaje de lleno de esos aprendizajes que perduran.



 

 

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