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Domingo 08 de Noviembre de 2015

"Una antología no es un gesto total"

Un libro publicado por la Editorial Municipal de Rosario reúne a una veintena de autores jóvenes tras la idea de brindar un panorama sobre lo que se produce hoy en historieta en el país.

 Son veinte autores, más el creador de la tapa del libro, integran una generación, algunos se conocen entre sí, habitan mundos tan similares como disímiles; otros, recién se descubrieron. Ahora tienen en común un mismo territorio, Informe. Historieta argentina del siglo XXI, el libro que compiló Jose Sainz y publicó la Editorial Municipal de Rosario (EMR). La publicación oficia para algunos como antología, en palabras de Sainz busca otorgar visibilidad a un conjunto de autores que conviven más en el mundo virtual que en el del libro. Pero la idea no se cierra sobre ese conjunto sino que sale a buscar lectores, a tentarlos con ingresar a un medio mucho más conectado y amplio de lo que muchos pueden imaginar. Y claro, de eso se trata, de imaginar.

   José Sainz es escritor, le apasiona la edición y dice que llegó a la historieta como lector. Sin embargo, al ver el trabajo que llevó adelante en Informe puede detectarse que él es algo más que lector. Cada historieta publicada construye pistas sobre el estado del medio en el país. El libro no es un relato cerrado, acabado, es una invitación a conocer qué sucede por estos días.

   Y en eso, con sutileza, hay gestos que invitan al lector a realizar su propio recorrido. Más clásicas, mudas, con humor, sociales, de aventuras, mínimas o hiperexpresivas, además de ofrecer variedad en temáticas y estilos, permiten conocer a nuevos autores. Junto a cada historieta publicada, una minibiografía de cada realizador invita al lector a sumergirse en los universos individuales y, a la vez, a crear un nuevo mapa sobre obras inéditas o que sólo pueden encontrarse buceando, y mucho, en la web.

   Una característica común ofició como recorte para el libro. El conjunto del material publicado reúne a veinte autores nacidos casi todos en la década del 80, “es decir que forman parte de la primera generación de historietistas que empezaron a producir y a publicar con acceso a la tecnología digital y a internet”, apunta Sainz. Ese dato no es menor, habla de un sistema de relaciones donde “la nube” aparece como territorio común y el “linkeo” como una práctica cotidiana. Son, como realizadores, nativos digitales.

   Comparten y no comparten espacios, editoriales, festivales, publicaciones colectivas, lecturas, lugares de formación, afinidades. Algunos de ellos provienen del cómic pero otros llegan a la historieta desde el dibujo, la arquitectura, el diseño gráfico, el cine, la fotografía o la literatura. Ese es un rasgo común y diferente, a la vez. No hay, en general, un sistema de referencia común, hay intereses diversos, cruces, mixtura. Hay algo que distorsiona y tensiona cualquier pretensión de homogeneidad.

   “Informe significa descripción de un estado de situación y, a la vez —explica Sainz—, algo sin una forma definida o en proceso de alcanzar determinada figura. En tal sentido, esta antología practica un recorte sobre un campo de mutación y registra los aportes a la historieta argentina de una nueva sensibilidad”.

   Sainz entró en contacto con la Editorial Municipal luego de ganar en 2013 el Concurso de Poesía Felipe Aldana, con su libro Fijáte, premio que compartió con Daina Henderson. La publicación de su libro le permitió conocer cómo trabajaba el equipo de la editorial y comenzar a imaginar la posibilidad de una antología sobre historieta. En diálogo con Más, el editor de Informe brinda detalles sobre cómo se ideó el libro y logró concretarse.

   —¿Cómo surge Informe?

   —Sabía que en la editorial había algún tipo de interés por el medio y, a la vez, veía que lo que luego fue el libro no existía en Argentina. No sé si Informe es bueno o malo, pero es raro. En principio, les planteé la idea de recortar una generación joven, en movimiento, en un libro. Fue todo un desafío, este estilo es una experiencia extraña a todo nivel, reunir tantos autores, trabajar con ese nivel de cercanía y de personalización sobre cada uno es como salirse de las formas clásicas. El libro además busca ver qué otras disciplinas o cuestiones alimentan a la historieta. O sea, ver qué pasaba con una generación que está en plena formación y que tiene como particularidad que trabaja con mucha libertad pero que casi no había aparecido en el formato libro. Tampoco es que crea que la posibilidad de un libro es una legitimación absoluta, pero lo que hace el libro es darte una circulaciónmayor. Cuando empezamos Informe, sólo cuatro autores habían publicado un libro individual, propio; la mayoría había circulado mucho en internet o en fanzines. Nosotros somos como muy respetuosos de esa zona como marginal a las cuestiones formales, creo que es una zona de total libertad, pero lo que tiene son siempre tiradas muy reducidas, entonces hace que el público sea muy acotado. Por eso la importancia del libro.

   —¿Y vos lo planteaste y te dijeron “dale”, sin más vueltas?

   —Primero hubo una etapa para ver si era viable. Surgió como modelo 30/30, también publicado por EMR, que es una antología de poesía, con poetas nacidos en democracia, ese fue como un modelo para Informe. El plan fue como espejarlo. El trabajo que hicieron Daiana Henderson, Gervasio Monchietti y Francisco Bitar como compiladores de ese libro fue muy bueno y fue el modelo de Informe, buscar autores que están haciendo cosas pero que tienen una visibilidad muy reducida y siempre muy hacia adentro, y no es que esa sea la intención sino que ocurre por falta de medios.

   —Y de ahí fijaron esto de menores de 40, ¿por qué ese límite?

   —Porque la generación que viene después, por ejemplo menores de 25, es muy libre, pero todavía está haciéndose. Y nos pareció que habían pasado cierta madurez pero que no habían explotado, están como mutando todavía. Y en la generación anterior a la que elegimos se filtraban muchos nombres que están en una situación muy distinta, muchos publicando en Europa, con más obra, con marcas autorales más solidas, y tienen más espacio para publicar, tienen mayor circulación, recorrido; entonces no tenía demasiado sentido elegirlos.

   —Un dato referido a la selección de autores es la relación con la tecnología, son en cierta medida nativos digitales.

   —Nosotros entendimos que empezaron a trabajar con mucha libertad en el medio, como desprendidos de un montón de prejuicios y tradiciones...

   — Hay quienes justamente critican eso, no ven bien que alguien sea publicado y no tenga un recorrido, no se enmarque en una corriente o tradición.

   —Sí, sé que es algo un tanto distorsivo. Igual, muchos de los autores que integran el libro han tenido esos marcos de referencia, pasaron y los rompieron. No es que nacieron y fueron superoriginales, pero lo que se puede ver es que no responden a un modelo industrial, que es el modelo anterior. En sus formas de crear no tuvieron controles editoriales, no había que responder a un público masivo, no había que publicar para una revista, ni vender en quioscos. Encontraron en la historieta, como podrían haber encontrado en cualquier otro medio, un espacio de expresión para soltarse. Internet permite otro tipo de movimiento, para publicar no hay límites. Por ejemplo, Pablo Boffelli publicó en revistas, fanzines y antologías en editoriales extranjeras recontrazarpadas al lado de nombres de gran peso, pero no tenía grandes publicaciones, había hecho unos fanzines con Iván Rosado, pero lo ubicaron por internet. No es un dato menor que sean nativos digitales. Para la selección nos fijamos que estén en movimiento, con un grado de experimentación medio alto, por la libertad con la que trabajan y que no tuvieran mucha visibilidad, incluso para adentro. En un momento nos planteamos cómo podía leerse que venga uno de afuera de ninguna parte y publique, y nos pareció que si el material estaba bueno valía igual. Pensamos que podía ser medio distorsivo y después dijimos sí, tiene valor, porque muchos de esos autores que trabajaban a los saltos entraban mucho más en relación con lo que queríamos hacer que los que trabajaban en forma más clásicas. El libro se planteó también como un pequeño trampolín para esas trayectorias particulares.

   —Llama la atención la diversidad de estilos, narrativas, pero ¿cuáles son los espacios comunes? ¿O la publicación en Informe es lo común?

   —Sí, hay diversidad, tampoco es que se salió tras una consigna tipo “hay que buscar la vanguardia”. Yo creo que podían convivir fuera de Informe. El libro lo único que hizo es recortar a 20, 21 para nosotros porque incluimos al autor de tapa, y agrupar autores que comparten relaciones, hay una nube gigantesca, esto es un recorte. Lo que comparten en principio es que son todos muy buenos haciendo lo que hacen, sobre todo narrando, e incluyo al dibujo en esto, una opinión absolutamente personal, porque el dibujo está bueno si está en términos de narración, no alcanza con que un dibujo de una historieta sea excelente. Tiene que entrar en juego con la cuestión narrativa, dibujar bien no es contar bien.

   —Algo ocurre entre la irrupción del manga, hace unos 15 ó 20 años años, y ahora, con la novela gráfica.

   —Sí, se encontraron nuevos espacios con la cuestión tecnológica pero fundamentalmente crecieron autores, hoy hay muchos autores.

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