Escenario
Martes 17 de Mayo de 2016

Una antidiva kitsch, entre el musical y el melodrama

Maby Salerno apeló al humor para contar una tortuosa relación de pareja en el unipersonal que mostró en Plataforma Lavardén.

"Mabel", de Santiago Loza, se presentó en Plataforma Lavardén el viernes por la noche. Noche de viernes en Rosario. La sensación se repite cada siete días, la marcha que baja uno o dos cambios, y uno que empieza a transitar la incierta impresión de haber ingresado, dudosamente, al terreno plácido del fin de semana. Hay un poco de cada cosa, una zona gris completamente personal, y una mujer que entra al escenario arrastrándose, buscando servicialmente los pies del ser amado.

Esa mujer es Maby Salerno, la cantante de Mabel y Los Inmaculados y de Papando Moscas, ambas formaciones con bastante recorrido en los escenarios porteños. El viernes llegó al subsuelo de Plataforma Lavardén para presentar una obra que estrenó hace cuatro años en el circuito off de Buenos Aires. Se trata de un texto escrito por Santiago Loza y dirigida por Carlos Casella.

Mabel es una anti diva. Convoca y hace partícipe al público de su historia de amor, de su paso por el corazón de un hombre y del paso de ese hombre por su corazón. Juega, seduce y divierte. Recorre su historia de amor con un tal Eugenio, le pone el cuerpo, trabajando con cada una de las estaciones que aparecen en el espacio escénico, un largo sillón, una bicicleta fija, otro sillón más pequeño.

Relata el pasado, evoca, los hechos suceden en un tiempo y espacio que son ajenos, pero que Salerno logra atraer con un cuerpo cómico presente y con dotes de cantante. Aparecen risueñas anécdotas ensambladas con canciones de Raffaella Carrá, de Ada Falcón, de Lola Flores y hasta de Andrea del Boca.

Mezcla de musical con melodrama, esta antidiva recorre su particular forma de sentir y pensar el amor a través de una imaginaria relación que estuvo teñida de pasión, celos, rivalidad, dominio y dependencia. El itinerario fue sinuoso, los momentos más sorprendentes a través del humor derivaban en otros de redundancia cíclica. Todo, sin embargo, se encamina para que Mabel -y también el público- tengan una vida más vivible.

La obra vino a confirmar cierta estética kitsch que predominó en la escena porteña del último tiempo, pero que todavía el público local mira de reojo, con algo de desconfianza. Tanto fue así que a Salerno le costó el intercambio en momentos donde el vínculo con el público fue crucial. Ya faltaba poco para que el fin de semana fuera una realidad y para que Mabel vuelva a Buenos Aires, a seguir recordando la figura de Eugenio con locura.

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