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Sábado 20 de Abril de 2013

Una advertencia para todo el arco político

La frase fue dicha hace más de 60 años por Eva Perón, y conserva actualidad. Sin embargo, los aportes de la marcha opositora del 18A van más allá del señalamiento desafiante de Evita.

“Es natural que protesten, es bueno que lo hagan, porque si no lo hicieran sería señal de que estamos haciendo algo mal”. La frase fue dicha hace más de 60 años por Eva Perón, y conserva actualidad. Sin embargo, los aportes de la marcha opositora del 18A van más allá del señalamiento desafiante de Evita. Y exceden la mera confirmación del rumbo favorable para los sectores populares que implicó la década kichnerista.

   La salida a la calle de la porción poblacional más influyente —clases acomodadas, urbanas— de la Argentina, en 2013, interpela la eficacia de la gestión de gobierno K. Eficacia en la complejidad que requiere cualquier gestión gubernamental en la actualidad. Aunque, paradójicamente, en detrimento de las consignas principales que mostró la protesta con centro de gravedad en la derecha opositora, el pasado jueves.

   El gobierno fue advertido. Y para evitar que la advertencia pase a mayores, no le queda más opción que profundizar, acelerar y sofisticar la gestión política que, en promedio, se orienta en sentido contrario al pedido de los caceroleros. Al cabo, escuchar la música de las cacerolas, para hacer, más y mejor, todo lo contrario que piden las cacerolas.

   La movilización opositora, de magnitud equiparable al 8N (levemente inferior en número en algunos puntos de la ciudad de Buenos Aires), como es natural, perdió parte de la fuerza política que otorga la sorpresa. Pero a la vez ofreció una novedad valiosa: ganó en contención política. La sola presencia del puñado de dirigentes políticos partidarios que aspiran a representarlos la transformó en una marcha política antes que en un cacerolazo “antitodo”.

   A las diez de la noche del jueves pasado, cuando fue la hora del regreso y de los balances, todos sintieron alivio: opositores y oficialistas. Los políticos opositores lograron intervenir —sin naufragar en el intento— de manera explícita en una movida originalmente gestada desde los medios de comunicación que sistemáticamente adversan al kirchnerismo. Esa movida no los necesitó para constituirse. Pero el jueves no los rechazó.

   El desafío que en estas horas afronta el arco opositor es ver cómo responde al pedido de las corporaciones —mediáticas y no sólo mediáticas—, y que hizo propia, de manera plena, el 18A: unirse para las elecciones. ¿Unirse cómo? Colocando un candidato fuerte anti-K en cada provincia, sin demasiada importancia si es radical, socialista o macrista. La ensalada de cuatro o más gustos se advierte como inevitable en el horizonte opositor. Más que pruritos ideológicos, quedará por despejar cómo concretar una compleja integración de las listas.

   Por el lado oficialista, el alivio pos 18A llegó a partir de confirmar que la protesta no tocó los territorios donde se asienta la base electoral kirchnerista. De todos modos, nunca es grato para un gobierno que más de 200 mil personas se movilicen en todo el país, y en su contra. También confirmó el gobierno otro dato que no le es grato: aunque como una salsa que se cocina, se guarda en el freezer, y al tiempo se saca y se vuelva a cocinar, los medios de comunicación opositores mantienen sin fisuras sus audiencias y consolidan una cultura política en vastas franjas urbanas.

   El sueño de la diversidad en los medios, la palabra interpelada, los discursos contrapuestos siguen siendo una cuenta pendiente. Los dispositivos de comunicación oficialistas carecen de llegada plena a esas audiencias. Y replican, por momentos, el método de cocción en la propia salsa que practica la oposición. Aunque con otros ingredientes.

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