Edición Impresa
Miércoles 20 de Mayo de 2009

Un voto para Facebook

La red social desactivó una lluvia de quejas invitando a la gente a votar para reemplazar los polémicos términos y condiciones de uso del servicio. Pero si bien la "democratización" de las decisiones tuvo el efecto esperado (evitar un éxodo masivo) muy pocos usuarios participaron finalmente de estas novedosas "elecciones 2.0".

"Aceptar". No conozco algún usuario de internet que lea los términos y condiciones de uso de un servicio online, todos vamos derechito a hacer clic en el botoncito de "Aceptar" sin perder tiempo. Pero después nos enteramos de que cedimos nuestro contenido a una empresa, la cual desde un primer momento nos advirtió de los beneficios y desventajas de hacer uso de sus servicios.

Hace algún tiempo se abrió el debate en internet: ¿qué puede hacer Flickr con las fotos que subo a sus servidores? ¿La historia que escribí en Blogger puede ser utilizada por esa empresa para lo que le venga en ganas? ¿Tengo derecho a reclamar a alguien si se borra todo el contenido de mi blog? ¿A quién pertenecen los videos que tengo en mi cuenta de YouTube? La "letra chica" de internet está bien grande, al alcance de todos, traducida a cientos de idiomas, pero casi nadie se toma la molestia de leerla antes de empezar a subir su propio contenido.

Los blogs y foros de debate estaban metidos en plena discusión cuando la red social Facebook decidió darles voz y voto a sus usuarios. Los usuarios fueron invitados a votar los cambios en los términos y condiciones del sitio, y la empresa de Mark Zuckerberg se comprometió a acatar la decisión de la mayoría. La red social más popular en Argentina (y una de las más utilizadas en el mundo) tuvo un indiscutible interés empresarial en su humilde paso hacia la "democratización" de su servicio: el miedo era que la avalancha de críticas por algunas cláusulas "oscuras" se convirtiera en un éxodo de usuarios hacia otros sitios similares (los hay por decenas en la web). La votación se mostraba como una salida elegante y definitivamente novedosa en internet, que desde la llegada de la Web 2.0 no hace más que ponderar su propia libertad de expresión.

Facebook tiene cerca de 200 millones de usuarios activos en todo el planeta. Zuckerberg (un nativo digital que hace algunos días cumplió apenas 25 años) y sus muchachos confiaron en que unas 60.000.000 de personas (¡sesenta millones..!) irían a las urnas para decidir la nueva "Declaración de Derechos y Responsabilidades del Servicio" que reemplazarían a los entonces vigentes términos de uso. Le erró feo en los cálculos: solamente votaron 640.000 usuarios, es decir, muchos menos del uno por ciento de la gente que usa habitualmente Facebook.

Es verdad, el sitio apeló a una estrategia de marketing para finalmente revertir los polémicos cambios y recuperar la confianza perdida. Pero también es cierto que le dio a la Web 2.0, quienes dan forma a los contenidos de internet, la posibilidad de participar democráticamente en una decisión que, hasta ahora, estaba vedada a los usuarios. Sin embargo, fueron más las quejas previas que la participación activa de la gente.

Al menos Zuckerberg no protagonizó un papelón como el de David Neeleman, el fundador de la más flamante aerolínea de Brasil, dedicada a los vuelos de bajo costo. Hace algo más de un año anunció con bombos y platillos que los usuarios de internet elegirían el nombre de la compañía aérea. Votaron más de 150 mil personas y el nombre ganador fue Samba. En diciembre del año pasado la aerolínea comenzó a operar bajo el nombre de... Azul. "Es más neutro que Samba", se justificó el empresario.

"La elección del nombre fue el comienzo de un nuevo concepto de relación entre la empresa y sus clientes. Nuestros pasajeros van a ser invitados a sugerir otros detalles del producto", había dicho Neeleman antes de perder tiempo y credibilidad en una votación que ignoró la decisión de la mayoría. No parece una buena forma de empezar la relación con sus potenciales clientes.

Comentarios