Opinión
Lunes 13 de Febrero de 2017

Un viaje a la Argentina

Perspectiva política. En la última reunión de la mesa chica del socialismo santafesino surgió la decisión de endurecer su postura crítica y confrontativa con el gobierno de Cambiemos.

"Una sociedad necesita conocer la Historia, no solamente tener memoria", escribió en sus impresiones sobre nuestro país, Tzvetan Tódorov, recién regresado de una visita a la Argentina. Fieles a nosotros mismos, una vez más, ignoramos la voz de la sensatez. Aún la de quien tal vez fuera el más grande especialista de la filosofía del lenguaje vivo en ese momento. Murió días atrás en París.

El poder en la Argentina suele tener como rasgo el reinventarse la historia a su medida. Repasen sino discursos de los Kirchner o de Mauricio Macri. Lo que dijera el genio nacido en Bulgaria fue la más clara y punzante crítica al sistema argentino de búsqueda de la Memoria, Verdad y Justicia, por "parcial y sectario". Antes que algún fanatismo mueva a alguna reacción destemplada aconsejo que se lea la publicación para advertir que el lingüista, filósofo, historiador, crítico y teórico literario de la expresión, nacionalizado francés, aclara allí mismo que no adhiere a ninguna teoría de dos demonios ni cosa por el estilo.

Hace siete años atrás, le bastó visitar la Esma y enterarse de los datos básicos para mirar más allá de lo que los argentinos discutimos desde 1983 hasta hoy en día, sin ponernos de acuerdo. "El juicio equitativo es aquel que tiene en cuenta el contexto en el que se produce un acontecimiento, sus antecedentes y sus consecuencias. La Historia -escribió Tódorov- nos ayuda a salir de la ilusión maniquea en la que a menudo nos encierra la memoria: la división de la humanidad en dos compartimentos estancos, buenos y malos, víctimas y verdugos, inocentes y culpables".

El reloj de la evolución social vuelve a atrasar en el mundo. El principio pro homine que debería regir todo plexo normativo en Occidente como base de la doctrina internacional de DD.HH., es declarado un anacronismo por una mera firma de rasgos neuróticos y alterados, allí desde donde el poder incide en todo el orbe.

En su libro "Los enemigos íntimos de la democracia", Tódorov nos advierte que esos enemigos no son externos, como tantas veces nos han dicho. Nadie pone tanto en peligro la democracia, asegura, como tres tendencias crecientes en el mundo occidental: el mesianismo, el ultraliberalismo y el populismo y la xenofobia. Toda semejanza con la actualidad no es casualidad.

En la ciudad de Santa Fe, sucedió un hecho inédito la semana que pasó. Una larga caravana de autos recorrió el centro exigiendo que se contemple a las víctimas del accionar de Montoneros (en lo que yo, al menos, interpreto como una reacción al juicio que se lleva adelante al ex juez federal Victor Brusa y otros represores cómplices de la dictadura) y otros grupos sublevados durante el gobierno de Isabel Perón que, como bien acaba de recordar Graciela Fernández Meijide, era un gobierno legítimo, electo en democracia ante el que se sublevaron sin respetar el voto soberano que lo había ungido. Gustase a quien gustase.

Ya para entonces, y pese a que el peronismo es supuestamente un movimiento que algunos describen como un cuerpo invertebrado (en la mejor de la interpretaciones por su extraordinaria capacidad de adaptabilidad y ubicuidad) el propio líder había declarado en la Plaza de Mayo que la "juventud maravillosa" se había convertido en "estúpidos e imberbes" gritones y que "el movimiento obrero era la columna vertebral de peronismo". Cambió a aquellos, por éstos sin que quede resquicio de dudas. Si a alguien le quedó desde entonces alguna duda de que el peronismo no sería jamás de izquierda, sí puede sorprenderse de que el PRO se entienda y acuerde con los gremios que a los 9 meses ya le habían declarado el primer paro nacional (de 13) a Raúl Alfonsín y no le hayan hecho ninguno a Macri.

Lo único que no dijo es que los sindicatos argentinos que el propio Perón había logrado arrebatarles al Partido Socialista y dirigentes anarquistas moldeándolos a su antojo (fundamentalmente quitándoles la libertad de agremiación con su ley de entidades gremiales, de 1945, inspirada la famosa Carta del Lavoro del fascismo italiano de 1927; que sólo declaraba legales a aquellos gremios que el gobierno quería), conformarían el catálogo antidemocrático más vergonzante de la historia contemporánea del país.

Salvo excepciones, sus conducciones son vitalicias (con o sin elecciones); lo son. Y condicionan al poder político y económico a su antojo. Alfonsín, en su campaña electoral de 1983, denunció un pacto de impunidad entre las cúpulas sindicales de entonces y la Junta Militar. Ningún gremialista buscó llevarlo ante un estrado judicial para que demuestre el aserto de sus dichos. No hubiera hecho falta, además.

Se preguntará el lector si esta nota pretende convertirse en un anatema a la actividad gremial. Nadie más que yo cree en la agremiación y defensa colectiva de los derechos de los trabajadores. Pero de eso a la militancia partidaria obligatoria, los negociados y los enriquecimientos ilegales (no sé cuántos dirigentes gremiales -los hay, por supuesto- podrían demostrar que su capital se corresponde con su ingreso salarial) hay una distancia enorme.

Vale la pena reflexionar sobre las conductas que como sociedad toleramos en silencio como situaciones dadas y que cualquier visitante advierte. El lujo que nos damos de desoír siempre las advertencias nos cuesta cada vez más caro.

Que el gobierno nacional haya borrado de un plumazo a la paritaria docente nacional es una mala señal. ¿Lo que se invierte en educación (siempre insuficiente) no piensa hacerlo más? Es en estos casos donde los gremios deben alzar sus voces y aclarar la situación, decirle a la sociedad que esa medida es incumplir la ley.

En rigor de verdad, los gremios docentes y la propia ministra de Educación de Santa Fe, Claudia Balagué, lo dijeron al cabo de su primera reunión paritaria. Haya o no servido como elemento catalizador para evitar la confrontación en el primer encuentro. El gobierno de Lifschitz quiere darles menos de 33 por ciento de aumento -y habrá que ver cómo- y los gremios le han dicho que por menos del 40 no habrá clases. La Casa Gris no va a otorgar aumentos salariales que estén fuera del promedio de lo que se acuerde en otras provincias, eso es una decisión que ya tiene tomada el gobierno.

Fue notorio que de la última reunión de la mesa chica del PS santafesino surgió la decisión de endurecer su postura crítica y confrontativa con el gobierno de Cambiemos. Esto no es una novedad. Para los socialistas, el PRO es la derecha y ellos sueñan con construir una alternativa progresista. Frenarle a Macri una reelección en 2019 requiere que Cambiemos pierda o saque menos votos en octubre en los principales distritos. Entre ellos, Santa Fe.

El socialismo santafesino se enfrenta al siguiente dilema: si José Corral, el intendente de Santa Fe, encabeza la lista de Cambiemos a diputado nacional y obtuviera una buena performance, la capitalizaría más el radicalismo que el PRO. Pero, paralelamente, debilitaría el Frente Progresista.

El PS ha decidido preservar su principal figura electoral: Antonio Bonfatti. Y parece haber depositado en el gobernador emprender sus primeras estocadas. Bonfatti no puede darse el lujo de ir a una elección y sacar una cifra muy inferior como diputado nacional a la friolera que sacó como diputado provincial. Debe meditar cada paso evitándose el desgaste.

En una semana, Lifschitz afirmó que espera que las obras nacionales comiencen en la provincia (léase no se están haciendo); que las paritarias santafesinas no tendrían "piso ni techo" y logró enfurecer a la Rosada, y que no lo "cuenta a Corral dentro del Frente Progresista" porque va a ser candidato. Esto es interesante porque le redobló la apuesta al propio Macri quien después de hartarse de criticar a CFK por su maltrato a la prensa dejó a todos los medios rosarinos -horas antes había ignorado a los santafesinos cuando fue a inaugurar seis casitas construidas en un año- esperándolos y sólo habló con un canal de TV para decir que le "encantaría" que Corral sea su candidato a diputado nacional. Cuando le preguntaron a Corral al respecto, dijo: "Sigo pensando que el mejor día para resolverlo es el anterior al cierre de listas". Esos chuzazos del radical desquician a los socialistas. De inmediato, Lifschitz lo puso fuera del Frente Progresista.

Propietario: © Editorial Diario La Capital S.A. Dirección Nacional del Derecho de Autor (Expediente N° 5226063). Prohibida toda reproducción total o parcial del contenido de este diario. Las ventas de La Capital son auditadas por el IVC. Dirección, Redacción, Comercial, Circulación y Administración: Sarmiento 763. CP 2000 Rosario, provincia de Santa Fe. Teléfono: 5226000 Fax: 5226014. Fax recepción de avisos: 5226035/012. Avisos telefónicos: 5226060. Imprenta propia en Santiago 159 bis CP 2000 Rosario, provincia de Santa Fe. Teléfono: 4117784. La Capital utiliza los servicios periodísticos de las siguientes agencias: Internacionales: Reuters, DPA y AP. Nacionales: Télam y Noticias Argentinas.

Comentarios