Escenario
Domingo 31 de Julio de 2016

Un universo borgeano de dimensiones paralelas

Dirigida por Walter operto, una nueva versión de "cita a ciegas" sube a escena en el teatro la nave

En el mismo momento en el que alguien se aviene a este texto, en dimensiones paralelas, como si se superpusieran temporalmente, suceden otras realidades en las cuales, por ejemplo, en una, el lector se interesa por la reseña, en otras no necesariamente, y en las restantes ni por asomo. Asentada sobre esa fantasía borgeana, la de la multiplicidad de una vida desarrollándose al unísono en otros planos existenciales; versada en las angustias de lo que debió ser, nunca fue y a lo mejor algún día sea; y estremecedora hasta las lágrimas por sus actuaciones y compromiso, "Cita a ciegas" sube al escenario del teatro La Nave (San Lorenzo 1383) transformando simples, pero tan profundos como reveladores interrogantes, en un pasaje de la vacilación a la acción de los personajes en procura de una respuesta a la pregunta-madre: ¿Se puede torcer al destino como una débil varilla de estaño?

Un anciano ciego se sienta diariamente en el banco de una plaza, sitio de encuentros fortuitos (o no) con diversos transeúntes. Hasta allí llegan un hombre, una joven y una mujer que, a primera vista, nada tienen que ver entre ellos. Ninguno sabe que el contacto con ese escritor, como sus compañeros de charla lo reconocen, cambiará para siempre sus vidas.

Ninguna igual. Desde que se publicó en 2003, la romántica, acaso violenta, cuántica (sí, como la física) y sorprendente obra del dramaturgo porteño, residente en Estados Unidos, Mario Diament, ha sido vastamente representada en diferentes escenarios del mundo, aunque, como debe ser, ninguna puesta es igual a la otra.

Y si bien anteriores versiones se presentaron unas como un thriller y otras como una comedia psicológica, la estrenada el 4 de junio en Rosario bajo la dirección de Walter Operto puede quizás caracterizarse como una historia coral intensamente dramática y explícitamente preocupada por ahondar en el efecto y poder de antiguas decisiones sobre el futuro inmediato y mediato.

Y aunque nunca se lo nombre (es más, ninguno de los personajes lo tiene) y hasta el propio dramaturgo se empeñe en aclarar que se trata de un recurso teatral para abordar su universo, un entonces supuesto Jorge Luis Borges es la fuente sobre la que los cántaros van para conformar la trama en red que se propone.

De allí también la elección, según indica Operto, de la obra que se erige como un homenaje al Nobel de Literatura de todos los tiempos sin premio, a 30 años de su muerte que se recordó el 14 de junio pasado.

Compromiso. Se trata de un texto extenso que insume 130 minutos de expectación, y con ello, interminables horas de estudio y ensayo por parte del elenco. Ese compromiso le otorga un especial y hasta onírico brillo a la obra.

Guillermo Almada aporta temperamento, candidez y ductilidad a un banquero perplejo ante la libertad de caminar y descansar al aire libre, y ante un no tan inesperado enamoramiento; y Adriana Felicia es garantía de dramaticidad y solvencia, y además otorga la cuota esperanzadora, todo en un mismo rol.

Por su parte, Jorgelina Farioli se debate entre la adolescencia y la adultez de su escultora en hierro vestida de running; y Gloria Piñero le regala su estampa, experiencia y solidez escénica a su psicóloga.

Mirando siempre hacia la nada, apoyado en su bastón, humilde, sabio, viejo y profundamente humano, el escritor ciego de Héctor Bellomo conmueve hasta las lágrimas. Sus preguntas (quizás un dejo propio del autor y el director dedicados en algún momento además de al teatro al periodismo) son el disparador de esa constelación de si hubieras sobre la que se teje el argumento.

De este modo, "Cita a ciegas" llama la atención sobre el valor contemporáneo del tiempo; restablece al diálogo como el modo inapelable de interrelación entre las personas; se encuentra a sí misma aplaudida de pie; y se constituye, finalmente, como una filosófica, urbana, inteligentemente encadenada, extensa y emotiva reflexión sobre la casualidad como hábil manipuladora de la suerte o verdad de todos. Borges incluido.

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