Opinión
Miércoles 10 de Agosto de 2016

Un túnel cada vez más largo

Siete meses. El cambio de humor social comienza a registrar la pérdida de las expectativas positivas en la gestión del gobierno.

Ya pasaron siete meses desde que el Frente Cambiemos se encuentra a cargo del gobierno nacional, aunque por momentos parecen muchos más. Lo que comienza a vislumbrarse en el humor social es cierto resquemor frente a un horizonte de cambio positivo que se aleja cada vez más. Las promesas de campaña que incluían, entre otras cosas, pobreza cero, llegada de inversiones, disminución de la inflación, generación de empleo y transparencia política, han quedado relegadas como consecuencia del mentado "sinceramiento" de la economía que no para de avanzar.

Al principio se había anunciado que en el segundo semestre se iba a poder disfrutar de la reactivación que provocarían las medidas tomadas en el primer tramo de gobierno. Pero eso no sucedió, por el contrario el mega aumento de las tarifas de los servicios, sobre todo de gas, ha tenido un gran impacto sobre los golpeados bolsillos de los argentinos que ha hecho que muchos salgan a protestar en distintas ciudades.

Eso sin contar que la inflación no para de crecer a pesar de los pronósticos oficiales, continúa la ola de despidos y que el poder adquisitivo de la gente se licúa día a día. Ahora el pedido de paciencia y confianza se extendió al tercer semestre.

Más allá de la fe y del tiempo que reclama la gestión macrista para resolver los problemas dejados por "la pesada herencia", es posible y necesario evaluar algunas de las políticas que se están llevando adelante, muchas veces a contramano de lo que se había prometido, y que claramente no se orientan a abordar las cuestiones que hoy más preocupan a la mayoría de la población.

En su urgencia por poner "las cuentas en orden", que implica sobre todo reducir al mínimo el gasto fiscal, el gobierno ha ido achicando la presencia del Estado nacional en áreas fundamentales como género, educación, cultura y derechos humanos, por mencionar sólo algunas. So pretexto de revisar lo hecho por la anterior administración o de darle un nuevo rumbo, se han frenado iniciativas y desmantelado programas, a través de despidos masivos, reducción de presupuestos y falta de recursos, que han sido reivindicados por casi todo el arco político y por el conjunto de la sociedad.

Desde la eliminación de los derechos a la exportación a la megaminería, pasando por la disminución de las retenciones a la soja, que han beneficiado a los sectores más concentrados del capital con la excusa de promover la llegada de inversiones y las economías regionales, hasta la devaluación del peso del orden del 60 por ciento y la apertura indiscriminada de las importaciones, lo que se advierte es una clara política orientada a favorecer al sector financiero y especulativo en detrimento de la industria y la producción nacional. Ni hablar si a eso se le suma el blanqueo de capitales que fue atado a la deuda justa e histórica con los jubilados a la que nadie puede negar y la erogación de miles de millones de dólares para el pago a los fondos buitres.

Para colmo de males, la gestión macrista sigue demostrando que no acepta las disidencias, ni a aquellos que piensan distinto como tantas veces ponderó.

Sus críticas al gobierno provincial por no alinearse a esta política de corte neoliberal, receta que fracasó cada vez que se aplicó, no sólo representan un ataque al federalismo que se decía respetar, sino también una forma burda de torcer el brazo al mandatario provincial.

Es por todo esto que no se entiende cómo piensa el presidente "que lo peor ya pasó" y que pronto estaremos viviendo mejor, ya que todo hace vislumbrar exactamente lo contrario: el tarifazo, la inflación galopante, la falta de trabajo, el aumento de la pobreza, el ahogamiento fiscal, la falta de apoyo a las pymes, la apertura económica y el cierre de comercios no se condicen con ese pronóstico. Salvo que desde el gobierno nacional se considere que "cuando peor, mejor".

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