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Miércoles 22 de Julio de 2015

Un triunfo con susto en Capital y el viraje discursivo

La inesperada corrida de votantes kirchneristas y de la izquierda zamorista y trotskista a favor de Martín Lousteau terminó por complicarle la semana al partido amarillo.

Los globos amarillos tapizando el escenario, la música a todo volumen, la celebración con baile y sustrayendo cuidadosamente cualquier definición política, fueron, y continúan siendo, el modo con que el PRO sorprendió en el universo político. El partido de Mauricio Macri creó su marca, y así llegó hasta el último domingo. Cuando el triunfalismo festivo del PRO se encontró con un viento frío en el bunker de Costa Salguero, el día que Horacio Rodríguez Larreta fue electo jefe de Gobierno de Buenos Aires.
 
La inesperada corrida de votantes kirchneristas y de la izquierda zamorista y trotskista a favor de Martín Lousteau terminó por complicarle la semana al partido amarillo. No porque en el ballottage Larreta no haya conseguido los votos que fue a buscar (obtuvo 860 mil, una buena cantidad para gobernar el distrito), sino porque el joven emergente del frente ECO se encargó de juntar todos los restos y fragmentos donde Larreta no llegó. El capricho de las matemáticas quiso que los números de la final se ajustaran y la clara hegemonía del PRO en Capital se terminó opacando.
 
Lo que fue apenas una apuesta circunstancial de una franja de votantes, a favor de Lousteau, destiñó a una mayoría que no es circunstancial y que se expresó triunfante en las últimas tres elecciones. Como sea, es tan cierto que el PRO gobierna con amplias mayorías legislativas, que renovó su tercer mandato superando el siempre complejo tránsito de sustituir al líder fundador en el cargo principal —Larreta por Macri—; como que en la tercera, y última jornada electoral para elegir jefe de Gobierno, un impensado Lousteau "le ganó" al PRO en 9 de las 15 comunas de la ciudad.
 
Leer el ballottage por comunas es parte de un juego que entretiene y proyecta distintas tesis políticas en un sector de interesados, sin embargo no tiene ninguna consecuencia jurídica, ni en la vida concreta de los porteños: la elección es por distrito único, y todo lo que estuvo en juego tanto en la Legislatura porteña, como en la comunas, ya se había elegido el 5 de julio. Y ese día el PRO ganó en todos lados.
 
Sin embargo, los momentos políticos no siempre se constituyen de verdades materialmente mensurables. Un sector importante de porteños que se había quedado sin candidato propio para el ballottage decidió jugar para provocar "daño" al PRO, y lo consiguió. Larreta tuvo que bancarse el susto.
 
El daño contingente del último domingo, pasará y será una anécdota en pocas semanas. La dificultad seria, permanente y de fondo que sufre el partido amarillo pasa por su confusión programática en su apuesta presidencial. Sin apartarse del libreto, Macri se paró sobre un trampolín —el triunfo de Larreta— algo desvencijado el último domingo, y lanzó su compilado de definiciones políticas que le valieron una ola de críticas y sornas de parte del kircherismo.
 
Se comprometió a mantener en pie los pilares estratégicos de la década K, aunque gestionadas con "transparencia". Un viraje demasiado desconcertante. El kirchnerismo lo celebra con toda razón. El viraje del PRO y de toda la oposición en general revela el triunfo cultural del kirchnerismo luego de 12 años de gobierno.
 
Menos honroso, para el kirchnerismo, fue celebrar el voto rebelde de sus militantes a Lousteau en el ballottage. Desoyendo la recomendación política del propio candidato Mariano Recalde de "no votar a ninguno de los dos". El kirchnerismo no consiguió ingresar a ballottage y su contingente de votantes quedó boyando. Todo lo que pudo hacer fue jugar "de afuera" a provocar daño.
 
El susto de Larreta en la noche del domingo y el discurso de lanzamiento "kirchnerizado" de Macri tuvieron lugar en la misma escena. Sin embargo corresponden a dos circunstancias políticas diferentes: el PRO en Buenos Aires sigue gobernado cómodo a pesar del susto de Larreta, y Macri sigue incómodo en su aspiración presidencial, sin encontrar el modo de entrarle al scioli-kirchnerismo, que ya sueña despierto con el cuarto período consecutivo en la Casa Rosada.
 

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