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Domingo 01 de Diciembre de 2013

Un trabajo silencioso que le da una dura batalla a la delincuencia

La réplica fue instantánea en algunos comercios de la zona sur. Pero igual que el año pasado, los vecinos de los comerciantes no se plegaron a los delincuentes que ingresaron a los negocios.

Casi como en una especie de Déjà Vu de lo que sucedió en 2012, los rosarinos vieron esta semana cómo un grupo de personas irrumpió con violencia en un supermercado de origen chino de Villa Gobernador Gálvez. La réplica fue instantánea en algunos comercios de la zona sur. Pero igual que el año pasado, los vecinos de los comerciantes no se plegaron a los delincuentes que ingresaron a los negocios.

La reacción de la policía fue inmediata y la de la Justicia parece ir por el mismo camino. Es que la gravedad de los delitos que les endilgan a los revoltosos (robo agravado con uso de la fuerza, entre otros) prevén penas de hasta cuatro años de prisión. Es decir, todo indica que quedarán tras las rejas bajo la lógica que reza que quien viola la ley debe pagar. Resulta paradigmático, pero en los tiempos que corren esa premisa recobra un valor inusitado.

Diciembre siempre es un mes difícil y los funcionarios con mayor contacto con las áreas sociales lo saben. Por eso la revuelta del miércoles no los sorprendió. No obstante, todas las fuentes consultadas coincidieron en remarcar que los ataques vandálicos a supermercados no tuvieron como trasfondo un reclamo social. Se trató, lisa y llanamente, del accionar de bandas de delincuentes. Entre los detenidos hay varios con frondosos antecedentes.

Es más, la Federación de Organizaciones de Base (FOB) tenía previsto el jueves pasado realizar una marcha en reclamo de ayuda social y la suspendió para que su reclamo no se ligara a los tumultos que habían sucedido un día antes.

Las imágenes de gente corriendo con envases de cerveza y electrodomésticos en las manos fueron la clara evidencia de que detrás de los robos no había precisamente hambre.

Desde principios de año la Municipalidad viene trabajando en 16 barrios considerados los más vulnerables de la ciudad. Allí mantiene semanalmente un contacto con los vecinos para poder articular sus demandas. En Santa Lucía, por ejemplo, el barrio desde donde esta semana partió el alerta de Amsafé (gremio que nuclea a los docentes) porque en cuatro meses murieron tres ex alumnos de la escuela barrial en situaciones muy violentas, la GUM (tantas veces blanco de críticas) cumple un rol muy importante en el acompañamiento de chicos al colegio y ayuda extraescolar.

El próximo 18 de diciembre 250 jóvenes de hasta 25 años se graduarán en oficios. Todos viven en barrios atravesados por la lucha entre bandas delictivas, coquetean con el narcotráfico en las puertas de sus casas y se codean con realidades sociales difíciles y lacerantes en las que las ausencias están a la orden del día.

Sin embargo, un trabajo silencioso que no suele tener mucha prensa y que encabezan operadores sociales se propuso el claro objetivo de cambiar esos destinos. Libran a diario una pelea sin igual contra los narcos, que ofrecen dinero fácil y rápido. Ellos contraponen la posibilidad de aprender un oficio, algo que les permitirá a estos jóvenes poder tener un futuro. Es una lucha con muchos contratiempos, pero el próximo 18, cuando estos pibes se gradúen de maestros panaderos, cheffs o albañiles, sabrán que no ha sido en vano. Muchos integraban las bandas delictivas que asolan las barriadas. El incesante trabajo de estos operadores sociales logró cambiar sus realidades.

En épocas donde la miseria de algunos dirigentes políticos los lleva a comparar a Rosario con Medellín o Ciudad Juárez, vale la pena poner de relevancia estos trabajos silenciosos del Estado.

La síntesis perfecta la dio alguna vez la Madre Teresa de Calcuta, cuando dijo: "A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota".

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