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Domingo 10 de Febrero de 2013

Un tiempo que parece llegar a su fin

Durante mucho tiempo la Justicia, el menos visible de los poderes republicanos, pudo sustraer de la mirada pública el escrutinio sobre su accionar y sus resultados.

Durante mucho tiempo la Justicia, el menos visible de los poderes republicanos, pudo sustraer de la mirada pública el escrutinio sobre su accionar y sus resultados. Esta larga etapa de no rendir cuentas, con la contribución que trae la preocupación general por la violencia, parece estar agotada. En ese marco se inscribe la discusión que mantienen en la Justicia Federal los fiscales y los magistrados penales de primera instancia.

En la Justicia provincial pasa lo mismo y por los mismos temas. Algo es notorio hace mucho tiempo: los nombres vinculados a los hechos delictivos de mayor resonancia reaparecen en expedientes judiciales sin que asome una estrategia de persecución penal coherente que cruce y agrupe toda la información sobradamente disponible para luego, en base a análisis de cierta calidad, ir por resultados.

Los actores del triple crimen de villa Moreno se cruzan con la violencia en la barra brava de Newell's; estos se entremezclan con decenas de causas por tráfico de drogas con evidencias en escuchas telefónicas; y estos con eventos criminales notorios como los asesinatos de Martín El fantasma Paz, ocurrido en septiembre pasado, o de Maximiliano Quemadito Rodríguez, el martes último. Hechos que además de gritar sus interconexiones acorralan al poder administrador por su indiferente desfachatez y por desplegar sangre a raudales en espacios urbanos visibles y concurridos.

Jueces, fiscales y sus instancias superiores se encuentran también frente a la exigencia comunitaria de explicar por qué no hay resultados. En el hecho de estar caminando sobre ese filo parecen conscientes los fiscales Murray y Reynares cuando plantean en forma explícita los riesgos del descrédito.

La procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó, acaba de proponer la creación de un cuerpo especial de fiscales para que trabajen con dedicación exclusiva sobre las redes del narcotráfico. Lo hace por saber que allí hay un histórico cajón de impunidad, al igual que en el intocable rubro de la criminalidad económica que esta actividad produce en el lavado de dinero, y que la Justicia siguió a un ritmo indolente sin modificar hábitos la escalada de criminalidad. El desafío requiere lo que no se hizo nunca: análisis criminal profundo de la información judicial, trabajo asociado entre juzgados federales y provinciales además de los ministerios del gobierno, estrategias sobre los actores que aparecen de manera recurrente en las causas judiciales. El momento aprieta y a la vez da una ocasión de cambio.

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